San Antonio, rebordecer para revivir

12/01/2026
4 min

Ahora que hemos vuelto de las confitadas y adesiara emfitrosas fiestas de Navidad, entramos en la semana grande de Sant Antoni. Aproveché para pedir a mis alumnos del IES Portocristo a ver qué canciones saben... Y supieron un puñado. "Sí, profe, 'Sant Antoni para lloves, por dentro matas y clapers, para ganar cuatro dineros para hacerse zapatos nuevos'". "Muy bien, Yerai", asintí. La fiesta santantoniera ha cogido tal vuelo, que incluso a un lugar de diversidad cultural tan imponente como Portocristo, los hijos de los recién llegados. ¿saben qué es, una lova?". Nadie del aula tiene ni la más remota idea, a pesar de haber oído y cantado decenas de veces la canción. "¿Y un claper?". Tampoco.

Es como si la fiesta hubiera rebordonado, dentro de todo este reavivamiento. Como si fuera el precio que pagamos por ese éxito sin precedentes. Sin embargo, no son los únicos ejemplos. En el propio Manacor, capital ufana de la catalanidad mallorquina, estos días en redes se repiten los mensajes para calentar motores: "Ya sienten olor a quemado", "Manacor comienza a oler a humo"... escriben en redes unos y otros. No se acordarán de aquel gigante que repetía exasperado "siente olor 'de' carne humana, ya comeremos esta semana", ni de las palabras que cantan ellos mismos cada año en Artà... "Y sentía ese olor de la chuleta que ardía". Precisamente en la plaza del Convento de Manacor, la juventud, siempre dispuesta a fomentar la rivalidad entre pueblos canta, con la ancestral camisa blanca de Artà bajo la moderna sudadera negra manacorina, "boti, boti, boti, artanense quien no bote", en una muestra preclara que quien ha sabido imponer su ley son los artaneros, que es como los habíamos llamado siempre en Manacor. Y cuando cantan la de "San Antonio hacía sopas", los jóvenes de hoy dicen, sin pudor alguno, que el demonio "se las comió todas", cuando de siempre en Mallorca, el pronombre de complemento directo había ido delante y decíamos, y decimos todavía a los más granates, "las se comió todas".

Sin embargo, todo ello son nimiedades ante el absurdo más grotesco que acontece dentro de la iglesia grande, estibada a tope, más que en cualquier funeral de los más masivos que podamos echarnos en cara, que es cuando hay algo más de tráfico por dentro de las iglesias. Miles de jóvenes están listos para cantar los Gozos. Llevan un papel, para recordar bien su letra. La mayoría ya la saben o, al menos, ya saben por dónde partirá la cuarteta nada más leer la primera palabra. "Contrarios de Lucifer", cantan, "este soberbio demonio". 1.000 voces púberes cantando a corazón, auténticamente, sentidamente, manacorinísimamente, se ponen de acuerdo para decir, sin ninguna casta de enrojecimiento en la cara, que el demonio es "soberbio". El demonio, en los Gozos originales que llevan fotocopiados los jóvenes cantadores manacorenses, es soberbio, otra forma de decir "superb". De hecho, estos Gozos datan, más o menos, de mediados del siglo XIX. A veces viene de nuevo tanta inocencia de las edades más grañales. Si su padre y su madre no saben qué significa "six-seven" o "bro", como podrían haber dicho nunca sus repadrinos"soberbio"¿Lo hemos predicado tanto como hemos podido, pero es una guerra perdida: el máximo representante del mal, en Manacor, hoy es soberbio.

En todo caso, todo lo que os cuento, lectores amables, no son más que preocupaciones de un filólogo apetecible que va camino de los sesenta. Hace cerca de treinta años, ya, a finales de los noventa, la fiesta de San Antonio en Manacor, como tantas otras en todo el país, reavivó de una manera que poca gente de aquella que había malogrado recuperar la tradición podía imaginar. Para un servidor, Artà siempre irá por delante, al hablar de Sant Antoni. Los poblers también hacen buena fiesta, pero ya no me empacho, porque no es territorio quíber. Y sin embargo, sí es admirable, remarcable e importante el hecho de que Manacor, con esos aires de capital que se quiere dar, con esa población diversa y multicolor que tiene, con el colchón que circula y con todos los idiomas que se hablan, mantenga viva la llama de una fiesta campesina que hace medio siglo agonizaba.

La juventud sabe las canciones (basta saber media docena para sentir que eres de la fiesta). Los manacorenses están orgullosos de serlo, al menos ese día. Los externos quieren venir porque encuentran asombroso y excepcional que siendo el pueblo que somos podamos hacer la fiesta que hacemos. Los jóvenes cantadores lo hacen con una fonética coral indiscutiblemente manacorina, con unas quies que enamoran, y sin sospecha de ninguna acelga. Como si pudiera ser posible ser muchos, y nuevos, y modernos, y jóvenes, y varios, y de aquí y de allá decano sin dejar de ser nosotros.

Es verdad que tenemos muchos hoyos, todavía hoy, pero por las calles de la villa no hay clapers. Por suerte, la caza de pájaros con lova está naturalmente prohibida. Las lovas las llevamos pegadas todo el día en la mano, y podemos mirar qué hacen los demás, qué dicen los opinadores, o pedir al chatgepeté de qué color son las plumas de un ropito o qué significa la palabra claper. La vida pasa, amigos, y el tiempo necesariamente debe mudar al mundo ya las personas. Y si tenemos que hacer canciones nuevas que hablen de las cosas y de la gente de hoy, hagamos que por eso, al igual que las fiestas, ha revivido también el mundo de la glosa. Cantamos, pues, con gozo estos días, porque pueblo que canta no puede morir.

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