17/03/2026
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'Trump provoca un caos mundial' podría haber sido el titular. El presidente, uno talk-show radical, reza en el despacho Oval, pero actúa como sumo sacerdote de Huitzilopochtli (diez de los sacrificios humanos). Es el artesano de un infierno donde arde la razón y todo principio moral y ético. Reza y manda pulsar el botón de los misiles. El ataque a Irán no es solo una acción militar, sino la obra de un narcisista supremo que vomita sobre las cenizas de la diplomacia y el derecho internacional. Tiene seguidores.

Si observamos al personaje, a primera vista, llama poderosamente la atención la falta de discurso con estructura semántica comprensible. No necesita, abusando de la posición de preeminencia ha suplantado la interlocución por la coacción y, en consecuencia, ha instaurado la violencia como última razón. Faltado de todo escrúpulo y cero empatía con los aliados (excepto Israel), bombardea Irán sin saber cuál es el siguiente paso a dar. El uso sistemático del fake para descabalgar al adversario político, desde que compareció en la escena política, ha sido el caldo de cultivo para llegar a la convulsa actualidad. La mentira y las ocurrencias estrafalarias son parte intrínseca de su discurso que, al no surgir de un diálogo compartido entre distintos, nunca puede adquirir la categoría de relato; en resumen, no hay continuidad, ni sentido humanista en nada de lo que dice y ejecuta. Dos primeras características: (1) no hay relato y (2) se cultiva la mentira para sacar rentabilidad.

La imprevisibilidad del personaje no es una cuestión de carácter, es necesario mirar su contexto: hundimiento del discurso neoliberal y ausencia de un cuerpo argumental de la globalización. Ni la revolución tecnológica, ni la IA, han sido capaces de componer una satisfactoria doctrina general. Incluso un estudioso de la materia, como es el catedrático y escritor Yanis Varoufakis, no ha dudado en tomar prestado terminología medieval para definir el momento de tecnofeudalismo. Pues, en ese agujero negro, poseído por la megalomanía, Trump se cree con un poder absoluto; ignorando que éste no existe, lo sublima con la violencia absoluta: el asesinato del adversario, ahora reconvertido en enemigo. Podría decirse, sin miedo a equivocarse, que Trump es un seguidor firme de la doctrina del 'enemigo existencial' de los nacionalsocialismos. Otras dos características: (3) enemigo existencial y (4) violencia absoluta.

De acuerdo a estos cuatro puntos cardinales se definen posiciones. Si Trump la lleva de España es por haberle cuestionado públicamente su 'poder absoluto'. David, una vez más, puede tambalear a Goliat. El escepticismo español tiene traza de extenderse a otros países. La prensa internacional ha hablado de Pedro Sánchez como "la némesis de Trump". Y la alemana criticó al canciller Merz por el silencio ante Trump cuando amenazaba a España. Era evidente que el 'No en la guerra' de Pedro Sánchez fluía como aceite y, en pocas horas, se convertía en referente internacional. El "lado correcto de la historia", se dijo. Efectivamente, hoy en día, inesperadamente, la línea de deslinde de las dos orillas de la historia está situada entre las fechorías de Trump y el 'no' del gobierno español. Sin embargo, la debilidad alemana y la repentina crisis existencial de Úrsula Von der Leyen auguran traición, como en el Cantar de los Nibelungos.

En una dimensión interna, el mensaje de Sánchez concitó la memoria del 'No a la guerra de Irak', y la mentira de las armas de destrucción masiva, que le costaron las elecciones a José María Aznar. Sin embargo, me curiosa especialmente la reacción de la presidenta Marga Prohens el primer día del ataque a Irán: "Somos un destino seguro y éste es un factor clave en momentos de inestabilidad internacional". Como si las barrabasadas, que tenían lugar en ese mismo instante, no fueran con ella. Por encima de todo le preocupaba el mercado. Algunos lo calificaron de actitud prudente; yo diría, más bien, que la respuesta denotaba cierta argucia y picardía: se distanciaba de forma explícita del hecho y aprovechaba para poner intangibles baleares (seguridad) en el mercado de futuros. En síntesis: monetizaba la guerra. Actuaba más como presidenta del destino turístico que del país.

Un principio básico del capitalismo: el mercado por encima de todo; y, en consecuencia, el Estado y el suyo ius publicum se sitúan en un segundo plano. Una tesis muy alejada de la consideración constitucional de estado social y democrático de derecho. Es posible que muchos piensen lo que tiene que ver nuestra presidenta con el nuevo 'bombero' Trump. Simplemente, no hablamos única y exclusivamente de personas, sino de comportamientos y principios. Y ambos, desde su esfera de influencia, comparten el desprecio al ordenamiento vigente y al sentido de justicia. Uno quiere dinamitar el derecho internacional y el otro, legalizar a los ilegales. En la práctica, hacen una distinción entre lo de primera y de segunda y la ley no se aplica igual para todos. ¡Dinamita para el estado de derecho! No están tan lejos el uno del otro: comparten la misma caverna de primitivismo político.

La presidenta hizo las manifestaciones en cuestión en la feria lTB Berlín. Dejó un silencio proteico detrás de él. Sin embargo, una frase de la patronal llenaba e iluminaba todo el hemisferio de la industria turística: "Estamos en contacto permanente con los operadores turísticos para monitorear..." las consecuencias de la guerra. La conexión entre hoteleros y operadores forma parte de una liturgia que ha dominado la actividad económica del turismo durante años. Sin embargo, los operadores representan a menos de la mitad del mercado, la otra mitad circula por la red. Sólo por esa circunstancia podría decirse que la frase es propia de otra época y de otra guerra. Sin embargo, ningún silencio es neutral.

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