La oscura tentación de la sierra de Tramuntana
El Consell de Mallorca (PP y Vox), presidido por el imperturbable Llorenç Galmés, ha presentado su anteproyecto de ley de la sierra de Tramuntana, basado todo él en el concepto de 'simplificación administrativa'. La 'simplificación administrativa' es la idea en la que más vienen los dos socios, el PP y Vox, y han sacado adelante una intensa labor legislativa a su alrededor: primero, fue el Decreto de simplificación; después, la ley del mismo nombre con la amnistía urbanística (y la luz verde por construir en zonas inundables); a continuación, la ley de vivienda libre de sanchismo. Son las leyes estrella de la legislatura, guiadas siempre, por supuesto, por el espíritu de la simplificación administrativa.
'Simplificación administrativa' es uno de esos tecnicismos pensados para que nadie sepa muy bien qué quieren decir y que, en este caso, se puede traducir con una expresión muy nuestra: fuera estorbos. En general, se trata de poder seguir haciendo una política de crecimiento urbanístico desordenada y descontrolada, que favorezca la especulación y, por tanto, el enriquecimiento fácil de unos determinados sectores empresariales y financieros que, ¡oh!, sorpresa, suelen ser afines a los partidos de derecha y de extrema derecha, y que suelen contribuir en buena parte a su financiación.
Hasta aquí todo normal en hace falta feliz matrimonio PP-Vox. La sierra de Tramuntana, sin embargo, es otra cosa. Es un espacio natural altamente protegido, Patrimonio de la Humanidad declarado por la Unesco, y uno de los lugares más admirados, estudiados y queridos del Mediterráneo, que ha cautivado el interés de cientos de científicos y artistas a lo largo de la historia, así como de un sinfín de generaciones que han subido a la búsqueda de aire, de e, de cielo, de para vivir. Ha sido y es lugar de campesinos, pastores, cultivadores, márgenes. Es un mito, un tesoro, un lugar verdaderamente especial del que los mallorquines tenemos derecho a sentirnos orgullosos a pesar de que no hayamos hecho nada por disfrutarlo, salvo nacer y vivir en esta isla. La derecha asfaltadora y cementadora siempre ha mirado a la Serra como un oscuro objeto de deseo, un hábitat ideal para jugosas promociones inmobiliarias y turísticas. Pero no se ha acabado de atrever nunca a entrar a matar, aunque de cabo a rabo de la Serra podamos contar irregularidades urbanísticas en balquena y que ya hace muchos años que soporta la tortura de quads, bugues, motos, bicicrós y todas las mierdas con ruedas que podamos imaginar.
Por eso, cuando un Consejo gobernado por el PP y Vox comienza el itinerario para hacer una ley de la sierra de Tramuntana, los motivos para la desconfianza son máximos. Sin embargo, hay que esperar a ver cómo se desarrolla el proyecto: si es cierto que se ampliará el ámbito de protección, que se limitarán los quads y las actividades recreativas y se priorizará el bienestar de los residentes, que habrá un régimen sancionador (con multas de hasta un millón de euros) contra quien inflija daños graves en el territorio, y que la de edificios tradicionales, y no de los especuladores. Si todo esto es así, entonces tal vez esta ley no sea desacertada. Si, por el contrario, todas estas propuestas tienen letra pequeña (es decir, trampa) y son sólo palabras para encubrir las viejas inclinaciones de siempre, y si –a consecuencia de todo esto– los mallorquines nos acabamos cargando también la sierra de Tramuntana por la codicia y la avaricia de unos pocos, entonces ser vergo, se convertirá en mallorquín.