Noelia eutanasia
08/04/2026
Escritor
2 min

La fijación por la muerte que se tiene desde ciertas interpretaciones de los credos religiosos y ahora desde la llamada agenda ultra –el conservadurismo más o menos rancio– no deja de ser preocupante y reveladora. Según la religión cristiana se nos vendría a decir que nuestra vida no nos pertenece, y que por tanto no está bien querer morir o ponerle fin cuando sensatamente queramos. La vida es una especie de regalo divino, del cual solo somos depositarios, como un libro maravilloso que no es nuestro y que debemos devolver más o menos intacto al Bibliotecario de Arriba. Esto quizá sea así, o podría serlo, pero la verdad es que no tenemos ninguna certeza de que las cosas respondan a estos parámetros. Al final, Dios no se manifiesta, sino que lo hacen los sacerdotes. 

Hemos separado la ley de la fe, la iglesia del estado, y lo hemos hecho porque hemos decidido que la autonomía individual debe llegar hasta el extremo de poder decidir libremente sobre el propio cuerpo, desde el aborto hasta la muerte que una persona quiera tener en el momento en que lo decida, porque está cansada de vivir o porque considera que la vida que puede tener en un determinado estado mental o físico no la satisface. Sorprende mucho que los conservadores económicos que tanta libertad desean para poder decidir libremente qué hacen con su dinero y negocios –y empleados– después quieran meterse en este tipo de decisiones, o incluso estos ultras que niegan la violencia doméstica ahora se escandalicen ante la muerte libremente decidida. O quizás es que en ningún caso se ha tratado de debatir sobre la libertad, sino sobre el poder. Si defienden la libertad es porque les permite ejercer el poder sin pedir explicaciones, pero cuando ven que su poder puede acabar si el individuo puede huir de este valle de lágrimas, entonces sienten que su falsa libertad ya no tiene sentido, y braman. 

Ha habido más escándalo porque una mujer ha decidido morir libremente que no delante de decenas de mujeres asesinadas por sus parejas (hombres), en este país. Todo ello es una fantasmagoría. Formas de irracionalismo que, cuando vienen de la ortodoxia católica quizás se podrían entender, pero no cuando dicen derivarse de un conjunto de ideas 'liberales', o como si el fascismo no fuera también una gestión de la muerte, sobre todo la de los otros. Y, sin embargo, aún no hay un derecho a morir dignamente, sino un derecho regulado y limitado a pedir ayuda para morir, solo cuando se cumplen las condiciones legales, y dice que sí una Comisión de Garantía y Evaluación. Sería bueno empezar a entender todos juntos que la vida es solo la vida, un tránsito, un estadio, o un conjunto de ejercicios fiscales, incluso, y que la muerte es tan inevitable como los impuestos. La historia de la libertad es la historia de los individuos para hacer y deshacer sus vidas por encima de las necesidades, atados como estamos, aún demasiado a menudo, por los deberes indetenibles. Deberíamos aprender a morir porque es aprender también a vivir, a administrar el tiempo que tenemos, la atención, la libertad y el dolor. La democracia también debería ser eso.   

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