Mobo, cuando el talento hace crecer la cultura
La primera conclusión del anuncio de la organización de no continuar con Mobo es que nada es para siempre. Y, sobre todo, si es bueno y de ahí. El festival que un grupo de jóvenes decidió poner en marcha en 2017, había alcanzado un nivel de implantación extraordinario y era un referente de la música de calidad. Porque no era sólo una cita de esas que se hacen para autoafirmarnos y decir que lo local, en este caso musical, va bien. Es que iba bien. Y iba bien porque el Mobofest fue capaz de creer en la producción musical hecha en las Islas, que resulta que hoy en día es de una calidad excepcional. Pero alguien tenía que hacerlo y programarlo. En una tierra donde a menudo la mezcla de un poco de provincianismo y un poquito de autoodio nos hace infravalorar las iniciativas, las músicas, las producciones y todo lo local, el Mobofest ha demostrado estos años que el panorama isleño está lleno de talento.
Una asociación sin ánimo de lucro, un grupo de jóvenes con mucho talento y un proyecto equilibrado que vivía de los ingresos y barras, principalmente, con algunas aportaciones moderadas de las instituciones públicas. En pocas palabras, un modelo ejemplar que, además, reivindicaba el valor de la tierra, del arte, y huía de la masificación. Todavía queda una edición y quizás podemos aspirar a que la organización se lo piense. Pero debemos hacer autocrítica. En festivales que reciben 10 o 20 veces más dinero público que la Mobo, los grupos locales tocan a las 18 ha 35 grados para cumplir con la subvención. Porque seguimos pensando y aceptando que sólo de fuera viene lo bueno. Tiene que haber Mobos y Mallorca Live, porque son dos buenos productos. Pero si tengo que elegir dónde van mis impuestos, lo tengo claro.