El mar de idiotas

03/01/2026
Dirección del semanario
2 min

PalmaPasear por el Frente marítimo de Palma ya no significa ver el mar –sí, el que algún día fue su protagonista. De Porto Pi al muelle Vell, ahora lo que se ve son barcas amarradas y amarradísimas. '¡Un puerto con más de 2.000 amarres!', bravea una web. Y sí, lo que ves son miles de barcas, pequeñas, medianas y muchísimas de escandalosamente grandes, con nombres como 'Libertà', 'Eterna Primavera', 'Sweet Dreams' o 'Goldene Meerjungfrau', que ahogan la línea del horizonte.

Esto no ocurre sólo en Palma. Seguido vienen el Molinar, Can Pastilla, el Arenal… Podemos dar la vuelta a Mallorca oa las Islas Baleares y, seguido seguido, hay puertos y portitos y calas que hacen de porte. Y miles de barcas que se pasan buena parte del año esperando a que lleguen sus propietarios a pasar una semanita o un par o tres de días. No hay datos del total de embarcaciones dormidas, pero los puertos están desbordados y al mar le falta el aire. En unas Islas donde no hay viviendas disponibles, ¿cuántas 'casas flotantes' hay exactamente? Las estadísticas oficiales son confundidas –como siempre, carencia de datos– pero invariablemente hablan del liderazgo de Baleares en registros de barcas recreativas respecto al resto del Estado, con cientos de nuevas inscripciones cada año. Esto por no recordar las listas de espera, de años y decenas de años, para tener un puesto de amarre. El paraíso, si muere, lo hace siempre de éxito.

Además, este 2025 se levantó la voz por un fenómeno aún más llamativo que el del número de nuevos registros: el de las embarcaciones abandonadas. Si se calcula que en Baleares existen entre unos 10.000 muertos o fondeos permanentes ilegales, hay cientos que tienen amarrada una barca, abandonada, medio hundida que contribuye aún más a la contaminación del mar, con combustible y plástico. En Pollença este 2025 han empezado a desmantelarlas.

Y ahora, por si fuera poco, el gobierno español ha decidido facilitar aún más el alquiler de barcas privadas. "Genial", pensarán algunos propietarios, al fin podrán amortizar algo lo que les cuesta la barca cada invierno en el muelle. Como siempre, sacar rendimiento. Pero, en la práctica, son más barcas, más agitación del fondo marino y menos mar para sentir su olor original.

Mientras tanto, los puertos grandes de las Islas siguen recibiendo cruceros y ahora, por si fuera poco, en el de Palma se trama poner un bus náutico que irá desde la terminal de cruceros hasta cinco puntos de la bahía. Así, los cruceristas que saturan el centro de la ciudad llegarán más bien a saturarla. Al fin y al cabo, más barcas transitando y ocupando un espacio que debería estar infinitamente más libre y ser más natural.

En cualquier caso, no parece que haya nadie que quiera fijar un tope a esta desmesura: un número máximo de barcas, una regulación que evite esta saturación absurda. La pregunta es qué hacemos con nuestro mar. O mejor dicho, qué estamos dejando de hacer para protegerla de nuestra propia desmesura. Somos el mar, seguramente el mar de idiotas.

stats