Manifestaciones, acciones, movilizaciones

La gran cadena humana del día 5 de julio significa (o habrá significado, dependiendo de cuándo lean estas líneas) un par de cosas. Es la renovación —generacional, también, y esto es importante— del compromiso de la ciudadanía mallorquina con la defensa de uno de sus espacios naturales más emblemáticos, el Parque Natural de Trenc y el Salobrar de Campos. Esto significa también un posicionamiento ciudadano frente al caciquismo, una antigua lacra de la sociedad mallorquina que lamentablemente también se ha transmitido de generación en generación y que hoy día personifican gobernantes como el conseller Joan Simonet, la presidenta Marga Prohens, el conseller Antoni Costa y en Peixet (perdón: el portavoz parlamentario Sebastià Sagreras). Personas que realmente continúan pensando que ganar unas elecciones y gobernar equivale a tener una especie de carta blanca para utilizar las instituciones públicas en favor de intereses de grupos muy concretos o, incluso, de personas o de familias concretas. Comandar por los nuestros, como se ha dicho siempre.La gran cadena humana del domingo 5 también tiene una continuación tan o más señalada el próximo domingo 26, con la gran manifestación en Palma contra la masificación turística en las Baleares convocada por la plataforma Menos Turismo, Más Vida. El motivo de la protesta es evidente y conocido, y es más evidente y más conocido de cada verano, de cada temporada: el modelo turístico de las Baleares, basado en el turismo de masas, es insostenible y socava más que significativamente la calidad de vida de la ciudadanía y sus opciones de vivir en igualdad de condiciones en su casa. Desde todos los puntos de vista: económico y residencial, pero también convivencial, cultural y lingüístico. Y, por supuesto, paisajístico, ecológico y medioambiental. Resumido: si no nos lo tomamos en serio, pronto no habrá Islas Baleares para defender, porque ya habrán pasado de largo. Particularmente, Ibiza y Mallorca, que se han convertido en el nuevo gran objetivo. Es la última gran ronda, el momento definitivo para Mallorca, el momento en que se decide si ha de ser la Mallorca de los mallorquines o la de los especuladores. Los inmigrantes no son ninguna amenaza, como quieren suponer la derecha y la extrema derecha. La gran amenaza son los especuladores, algunos de los cuales están muy cerca del Gobierno, del Partido Popular y de Vox.Las enmiendas de la Ley ómnibus, en vigor desde el pasado 11 de junio, y las disposiciones desreguladoras de la ley agraria, convierten buena parte del territorio de Mallorca en suelo edificable. Esto incluye (vale la pena repetirlo) espacios emblemáticos como el Trenc, Cabrera, la Calobra o la sierra de Tramuntana, hasta ahora intocables, no tan solo técnicamente, sino también dentro del imaginario de la mayoría de los mallorquines. Ahora quedan a merced y a capricho del Consell de Govern de la presidenta Prohens, subyugado, a la vez, a las exigencias de Vox.Por lo tanto, debemos entender que no podemos contar con nuestros gobernantes: muy al contrario, los tenemos en contra. Por eso, las manifestaciones de este julio son tan importantes, y lo es aún más convertir la movilización ciudadana en permanente, en una presión real que estos gobernantes no puedan menospreciar ni infravalorar. Quien ama Mallorca no la destruye, y quien gobierna en contra del interés general de mallorquines, menorquines, ibicencos y formenterenses lo paga en las urnas y en las calles llenas de ciudadanos protestando democráticamente, cívicamente, pero también tan enérgicamente que sea imposible no tener que escucharles.