La Mallorca vacía

16/01/2026
Dirección del semanario
2 min

PalmaCada semana, entre 2021 y 2024, en Mallorca se han construido cinco nuevos chalés en suelo rústico. No es una metáfora ni una percepción subjetiva, son datos. Datos aportados por Terraferida, un colectivo que vuelve a la esfera pública con un trabajo riguroso, paciente e incómodo, como lo son siempre los números cuando desmontan relatos oficiales. En tiempo de ruido a menudo confuso, hay que celebrar que alguien vuelva para poner cifras sobre la mesa y lo haga para reforzar reivindicaciones sensatas.

Cinco chalés por semana, poca broma. Esto es más de 200 construcciones anuales en un territorio que, en teoría, debía quedar fuera de la lógica urbanizadora y debería ser para el necesario impulso de la agricultura y la protección del medio ambiente.

En todo caso, ante estas cifras, lo primero que deberíamos pedirnos es cuántas de estas grandes casas están realmente habitadas. La respuesta, aunque no esté sistematizada, es conocida: la mayoría están vacías gran parte del año. Destruimos territorio por nada, porque este goteo constante de chalés no resuelve en ningún caso el problema de la vivienda. Estas casas no nacen para dar respuesta a una necesidad social. Se compran y se construyen como inversión, como refugio de capital o como espacio de recreo esporádico para personas que suelen tener casa para elegir: hoy en Mallorca o en Eivissa, mañana en los Hamptons. También sirven para alquilarlas en negro, para "acoger a amigos" –dicen– o, sencillamente, para guardarlas y multiplicar su precio al poco tiempo en operaciones especulativas que, hasta ahora, dan mucho más rendimiento que cualquier otra inversión convencional.

Hace tiempo que deberíamos haber asumido que la vivienda no puede seguir siendo un bien destinado a la especulación. El gobierno español acaba de pedir, para Canarias, la posibilidad de limitar la compra de viviendas a extranjeros. No lo ha hecho para Baleares. Aquí, además, el Gobierno del PP no quiere y los partidos de izquierdas sólo lo han reclamado cuando ya no gobernaban. Con Baleares, todo el mundo pone el contador de la caja en marcha.

Y eso que las Islas tienen una singularidad tan evidente que, si aquí no merecemos poder establecer limitaciones, no hay otro lugar que las merezca. Somos un territorio finito, tensionado hasta el punto de que la gente no puede acceder a una vivienda pese a tener un sueldo medio, pero también somos un territorio en el que la demanda global es infinita. Por eso es una trampa que digan una y otra vez que si no construimos más no habrá vivienda. Es un discurso interesado. El mundo es muy grande y siempre habrá cientos o miles de personas con más dinero dispuesto a comprar. Construir más, en ese contexto, sólo acelera la pérdida de territorio y agrava el problema. El problema de la vivienda, el del paisaje, el de la economía, el de la alimentación, el de la educación y el de la sanidad, entre tantos otros. En definitiva, agrava la mayoría de los problemas de la gente que vive –y quiere seguir viviendo– en las Islas.

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