Sí, me gustan más los animales que las personas

¿Por qué quieres más a los gatos y a los perros que a nosotros?”. Mi hija me hizo esa pregunta cuando era muy pequeña, porque siempre ha sido muy viva. Huelga decir que monté un poco el espectáculo, indignada por sus acusaciones. Era, es y será del todo imposible que quiera más a los animales que a mis hijos.

Pero mi hija no iba tan desencaminada porque, en general, los animales me gustan (mucho) más que las personas. Estoy cómoda con ellos, no tengo que disimular, soy yo y no me tengo que esforzar por gustarles. Los animales y yo nos gustamos de una manera natural, que nos sale sin esfuerzo.

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Uno de los mejores momentos del día es cuando los veo saltar en mi cama mientras me lavo los dientes, porque saben que vamos a dormir. Uno, dos, tres gatos. Uno, dos perros. Sí, duermo con mis animales y no necesito que nadie me diga si le parece bien o mal. Se trata de opiniones que me producen pereza y aburrimiento. La gente que se escandaliza hasta me llega a caer un poco mal, por pesada.

Mis animales me hacen reír cuando voy al váter y se colocan delante como si fueran espectadores de una obra de teatro. Me miran fijamente. No sé muy bien qué esperan. Cuando termino, nos levantamos los seis y partimos. En casa no estoy nunca sola, siempre tengo cinco seres peludos que me acompañan por todas partes, en silencio, sin ser invasivos. Solo están ahí.

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Cuando llego a casa, son quienes me vienen a recibir. Nora Ephron lo explicó a la perfección: adoptó un perro cuando su hija llegó a la adolescencia porque alguien se alegrase de verla.

Si veo una película en el sofá, todos ocupan sus posiciones: uno tumbado en el mueble de la televisión, justo por debajo de los subtítulos (al límite); otro, en el respaldo del sofá; uno a cada lado; y el último, que alterna nuestra compañía con sus ganas de comer. Y sí, somos de las personas que se quedan igual cuando muere una persona en el cine y que llora cuando muere un perro. No lo he decidido, me sale así. Pero que nadie se preocupe por mi empatía, porque las reacciones que tenemos ante la ficción no tienen por qué trasladarse a la realidad.

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Quiero mil veces más pasar el día en compañía de mis animales que de la mayoría de las personas. Me entiendo mejor con ellos. Están atentos a las cosas más importantes de la vida y no se preocupan por tonterías como hace la gente. Los quiero. Y me quieren.