Los filósofos de Borges
Según los eleatas, el tiempo está hecho de instantes infinitos separables que se traducen en un espacio igualmente infinito
PalmaJorge Luis Borges piensa en sus poemas el tiempo y sus efectos a través de Heráclito, el Oscuro. Talmente dijo el filósofo efesio, somos el agua que fluye continuamente en un río, un agua que nunca es la misma, porque el paso del tiempo nos cambia y nos conduce hacia nuestro destino vital que es la muerte. También cita a otros filósofos presocráticos: Tales de Mileto, los eleatas Parménides y Zenón, Anaxágoras, Pitágoras y los pitagóricos, y Demócrito. Borges profundiza en la relación entre tiempo y espacio a través de Parménides y sobre todo Zenón y la paradoja de Aquiles y la tortuga. Según los eleatas, el tiempo está hecho de instantes infinitos separables que se traducen en un espacio igualmente infinito. Le interesa Anaxágoras, porque le permite hablar racionalmente de los fenómenos naturales, como el día y la noche, de una noche que sucede temporalmente al día. Se refiere a la cosmogonía de Tales, al origen secreto de la Tierra que nutre y al fuego que todo lo devora, y al agua como origen de todas las cosas. Se refiere puntualmente a Pitágoras, con anotaciones metafísicas pero también cosmogónicas y legendarias. Por un lado, destaca la visión de la realidad del filósofo de Samos y la sintonía con el universo lleno de átomos que se unen y dividen en el vacío en una sucesión que se repite cíclicamente. También se hace eco de la costumbre atribuida a Pitágoras de escribir con su sangre, como muestra de su compromiso personal con las enseñanzas que impartía. Piensa como un eleata cuando escribe que "no tiene miedo, ni siquiera miedo a tener miedo, ni a tener miedo a tener miedo a tener miedo a la infinitud". Recuerda la leyenda que achaca a Demócrito la acción de arrancarse los ojos para pensar mejor, meditar y no dejarse llevar por el engaño de los sentidos ni el mundo exterior y que simboliza el compromiso del filósofo de Abdera con el conocimiento verdadero.
Está obsesionado con Sócrates y su trágica muerte bebiendo la cicuta, porque le remite a la muerte ya la manera serena de enfrentarla, hasta el punto de soñar el gusto de la cicuta en la lengua del filósofo. Le llama la atención la aceptación de la muerte y estaría dispuesto a darlo todo por haber podido escucharle examinando el problema de la inmortalidad a la manera platónica, con mitos y razones.
Suma de abstracción e imágenes
Autointerpreta su poesía como la suma de abstracción e imágenes, como poesía intelectual que se acerca mucho a los diálogos de Platón ya la filosofía de Emerson y Unamuno. Recuerda las ideas platónicas como modelos perfectos. A Aristóteles le cita muy de paso y sin profundizar en nada de su filosofía.
De las escuelas Socráticas, prefiere los estoicos, y entre ellos Séneca, el autor cordobés de las Cartas morales a Lucili, a quien le atribuye la confirmación del dicho de que "todo es del gusano". Alaba la capacidad de Séneca de contar los hechos y despertar emociones estéticas a través del lenguaje. Parece que comparte la concepción circular del tiempo de los estoicos.
Cita al filósofo neoplatónico Plotino y su obra las Eneadas, donde combina la filosofía platónica con elementos religiosos y metafísicos, desarrollando la doctrina de los arquetipos, entendidos como ideas o modelos eternos que existen en la mente divina y que son uno de los escalones en la escala de lo existente. También menciona un filósofo posterior, Boecio, considerado el último de los clásicos y el primero de los filósofos medievales, y su obra la Consolación de la filosofía, como una obra ejemplar de síntesis formal de prosa y verso.
La filosofía medieval tiene presencia en sus poemas a través de las figuras de Francisco de Asís y san Agustín, pero prefiere a los filósofos de origen protestante porque están más atentos a las cuestiones éticas y morales, aunque de San Agustín acepta la idea de que la memoria da miedo porque contiene muchas cosas. Conoce la concepción del tiempo de Guillermo de Ockham, uno de los filósofos que marca el fin de la filosofía medieval con su nominalismo y el rechazo a las ideas universales de los escolásticos, como la idea subjetiva del tiempo, totalmente dependiente de los sujetos que la perciben. Naturalmente, cita la navaja de Occam, un principio metodológico que el filósofo formuló así: "No deben multiplicarse los entes sin necesidad", y que significa que ante las diferentes explicaciones sobre un fenómeno, siempre debe escogerse la más sencilla e investigarla primero.
Cita a los filósofos modernos Emerson y Montaigne, Bacon, De Quincy, Descartes, Spinoza, Pascal, Voltaire, Diderot, Heine, Hume, Hölderlin, Locke, Lafinur, Carlyle y Berkeley. Disfruta de la lectura de Montaigne y de Emerson. De Montaigne, aprende la necesidad de defenderse de uno mismo, de los propios errores y prejuicios; mientras que tiene una pesadilla relacionada con Emerson, sobre uno de sus libros que desaparece de la biblioteca y se pierde en un sueño, pero sobre todo disfruta de su sabiduría expresada a través de los paseos, y le otorga el mérito de haber inventado la escritura íntima. En cuanto a Bacon, recuerda la distinción de los ídolos de la tribu, el mercado, la caverna y el teatro. Recuerda el Cándido de Voltaire y su decisión final de abandonar la vida pública y buscar la felicidad en la vida privada y la jardinería, una actividad práctica equivalente a la filosofía. Cita al Dios panteísta de Spinoza y la concepción infinita de la substancia y sus atributos. De Diderot cita una frase: "Ya estabas antes de entrar y cuando salgas no sabrás que te has quedado", una parábola que expresa una reflexión sobre la presencia y el tiempo, sugiere que hay existencia anterior a la entrada ya una salida desde la que no se reconoce haber dejado nada atrás. Menciona a David Hume para reforzar su concepción de la circularidad del tiempo, pero en realidad el filósofo de Edimburgo no establece ningún vínculo de necesidad entre el pasado y el futuro, ya que el futuro es totalmente incierto e imprevisible, puede parecerse al pasado o no. Se refiere a Heine como "el tonto, el encendido y el triste" que piensa la condición humana y judía y también la naturaleza y la melodía del tiempo implacable. Habla brevemente de Carlyle y de su creencia que pone por encima de las obras humanas el compromiso personal en su ejecución, ya que son transitorias, efímeras y con frecuencia defectuosas, pero, en cambio, la actitud activa que las hace posibles tiene un gran valor moral.
Confusión entre víspera y sueño
El poeta siente la confusión cartesiana entre la víspera y el sueño y la lectura de dos de las obras: El discurso del método y las Meditaciones metafísicas. Esta confusión de una víspera, que es otro sueño, tiene efectos poéticos y vitales, no le deja indemne, sino que le provoca una inquietud existencial, ya que ve en el sueño la proximidad de la muerte, una muerte que acontece cada noche y que "se llama sueño".
Borges defiende que la esencia de la poesía no se encuentra en los versos, sino en la modificación que provocan los lectores con las múltiples lecturas, una idea que le aproxima a Berkeley y su metafísica, según la cual la realidad material existe porque es percibida y que tiene como garantía a Dios mismo que la mira.
Los filósofos contemporáneos también tienen su espacio en los poemas. Así menciona a Schopenhauer, Whitehead y Russell. A Schopenhauer le da las gracias por haber contribuido a clarificar el universo. Otro filósofo que cita es Witehead, conocido por afirmar que "La filosofía después de Platón son notas a pie de página". Se acuerda finalmente de la teoría de conjuntos de Russell vinculada a la paradoja del barbero que pone en cuestión la concepción clásica de los conjuntos y demuestra que no puede existir un conjunto de todos los conjuntos.