Destruir el Trenc (y todo lo demás)

Aquel viejo refrán que dice ‘hecha la ley, hecha la trampa’ ha adquirido una nueva dimensión con la Ley ómnibus del Gobierno de Marga Prohens, que ha sido una trampa desde el principio. Al principio se llamó Ley de aceleración de proyectos estratégicos y se anunciaba como una reducción de trabas administrativas para inversores extranjeros, una idea que puede resultar razonable si por “inversores extranjeros” entendemos empresas mínimamente presentables, y no fondos buitre y mafias centreeuropeas y sudamericanas. El espectáculo llegó con la presentación de enmiendas, con las cuales el PP y Vox aprovecharon para rellenar esta ley con los compromisos que el PP había adquirido con Vox, ninguno de los cuales tenía nada que ver con el objetivo inicial de la ley y sí con las obsesiones ideológicas de la extrema derecha. Así, la nueva ley acabó dando cabida a cosas tan estratégicas como la legalización del tiro a la tórtola en las fiestas populares, la reserva de plazas para militares en la Policía Local y la utilización de pistolas táser por parte de los agentes municipales, entre otras. Hasta aquí, hablamos de la clase de cosas que ilusionan a los fans de las películas de Chuck Norris. Hay otras más directamente nocivas contra el bien común y la convivencia ciudadana, como el endurecimiento de las condiciones para que los menores extutelados puedan recibir una renta de emancipación, el relajamiento de los controles de conservación de los espacios de relevancia ambiental y la eliminación del requisito de catalán en diversos ámbitos y supuestos de la enseñanza pública, entre otras.La sucesión de despropósitos ha tenido su culminación en un enorme desatino: la desprotección de los espacios naturales, en general, y del Parque Natural del Trenc – Salobrar de Campos, en particular. Las enmiendas introducidas a la Ley ómnibus sobre este tema suponen una desregulación descarada del régimen jurídico que hasta ahora ha protegido el Parque Natural, y concede al Consell de Mallorca modificarlo mediante la simple aprobación de un decreto. A pesar de que el PP quiso desmentirlo, y salió en las redes acusando a las entidades ecologistas –Terraferida y GOB– de lanzar bulos y fakes, la realidad es que este nuevo marco jurídico concede manga más que ancha para llenar el Trenc de casetas, construcciones, aparcamientos, servicios de playa (tumbonas, sombrillas, escuelas de vela y deportivas, motos náuticas, etc.) y usos turísticos de toda índole. Más allá del Parque del Trenc, la Ley ómnibus desprotege también otros espacios considerados de relevancia ambiental como el Parque Nacional de Cabrera, el Parque Natural de la Dragonera y el Paraje Natural de la Serra de Tramuntana.En definitiva, una ofensiva final para llenarlo todo de cemento y hormigón, y también para llenar de billetes algunos bolsillos (pocos, y la mayoría extranjeros: el PP y Vox y sus empresarios afines hacen de comisionistas en este negocio). Hay también, como hemos dicho alguna vez, un componente de venganza: por parte de Campos y Santanyí, dentro de familias muy concretas, la declaración del Trenc como parque natural y la orden de demolición de los apartamentos ilegales de las Covetes, todavía escuecen. Esta es una historia de la avaricia y la indignidad de unos que se han creído la élite de estas islas, contra el bienestar de toda la sociedad. Puede que haya muchos que les den la razón por ignorancia, por interés o por simple inercia servil. Pero también somos muchos los que no quedaremos de brazos cruzados contemplando cómo lo destruyen todo por la hambre enfermiza de unos dineros que no se han ganado. Estos que no estamos de acuerdo nos veremos este verano un puñado de veces: la primera, el próximo domingo, día 5, en la cadena humana del Trenc.