La alargada sombra de los bellos hombres
El Gobierno del Ayuntamiento de Palma, comandado por el alcalde Jaume Martínez, confiaba en que, con el tiempo, se diluyera el impacto causado en la opinión pública por la tala de madrugada, el pasado mes de diciembre, de los 18 bellaombres de la plaza de Llorenç Villalonga, en Dalt Murada, en el barrio de la Calatrava. Fue una decisión arbitraria, fundamentada en un supuesto informe técnico que no ha visto nunca nadie, ejecutada con nocturnidad y alevosía (se envió la brigada de madrugada, que aún estaba oscuro, a derribar los árboles) y que contaba con una fuerte oposición ciudadana: los vecinos del barrio querían que los árboles quedaran allí donde estaban. Sucedía, sin embargo, que aquellos árboles “estorbaban” a determinados establecimientos hosteleros y hoteleros de la zona, y también a algún propietario de esta clase de pisos que se venden por millones de euros (no les valen). La sombra de los bellaombres impedía que el sol entrara por las ventanas de los pisos de lujo con la abundancia que sus dueños querían, o tapaban la vista para que los clientes de hoteleros y restauradores se hicieran las fotos que les apetecía colgar en Instagram. En consecuencia, los árboles fueron sacrificados sin ningún miramiento por su valor histórico, medioambiental y paisajístico. De cualquier manera y sin reparar en gastos, como ha hecho tradicionalmente las cosas la derecha nuestra, y más en estos tiempos oscuros, en que el PP va directamente de la mano con los fascistas de Vox.El tiempo, sin embargo, no ha borrado el recuerdo de aquella iniciativa: los vecinos de la Calatrava continúan organizados y activos después del menosprecio del que fueron objeto por parte de quienes se supone que deben ser sus representantes. En el pasado desfile de Carnaval de Palma, la comparsa Ciutat Verda (que reivindicaba una Palma con árboles y que realizó un desfile tan vistoso como aplaudido y fotografiado) recibió un trato de desfavor por parte de la organización municipal, que llegó hasta el punto de no incluir ninguna imagen de la comparsa en el álbum de fotos oficiales. Por otra parte, el Ayuntamiento se sabe en falta y lo demuestra anunciando todo tipo de actuaciones compensatorias del arboricidio, que después tampoco van a ninguna parte o reciben el rechazo ciudadano. En particular, la propuesta de replantación de la plaza de Llorenç Villalonga ha merecido el rechazo unánime tanto de las entidades vecinales como de las ecologistas, dado el caso omiso que el Ayuntamiento ha hecho de muchas de sus propuestas y sugerencias.La nada edificante historia de los bellaombres ejemplifica bien el autoritarismo y la idea patrimonial de las instituciones públicas que tienen el PP y Vox, que esta semana se ha vuelto a hacer patente en el enésimo episodio sobre la Feixina: han dado la máxima protección municipal al monumento fascista (que conmemora la participación del buque ‘Baleares’ en la sanguinária Desbandá, una masacre de civiles perpetrada en Málaga por los sublevados contra la República) en contra del criterio del gobierno español, que lo ha incluido en el catálogo estatal de símbolos contrarios a la memoria democrática, cosa que supone su eliminación. A nuestros gobernantes, sin embargo, les disgustan los árboles centenarios y les gustan, en cambio, los monumentos fachas que celebran crímenes de guerra. Es de suponer que se divierten, ejerciendo de esta manera sus responsabilidades, porque, además de las guerras de verdad, también les encanta eso que absurdamente llaman “guerras culturales”, y que solo consiste en promover el negacionismo y el odio social. Que se diviertan, pero que sean también conscientes de que gobernar de esta manera está necesariamente abocado al fracaso.