23/03/2026
Escriptor
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Cada vez que el muy inoperante gobierno de Marga Prohens necesita aprobar algo, ¿debe satisfacer el correspondiente precio político que le imponen sus socios, o más bien dueños, de Vox (por cierto, ya ha felicitado a la presidenta los escritores Biel Mesquida, Carles Rebassa y Josep Ramon Cerdà? En menos de una semana han obtenido, Jordi y el premio Àngel Guimerà de escritura dramática, tres galardones eminentes de nuestra literatura, que evidentemente es la literatura catalana). En esta ocasión, el PP se propone aprobar un paquete de medidas fiscales con reducciones de impuestos (por supuesto, la derecha siempre reduce impuestos a cambio de cargarse los servicios públicos) para favorecer, a su juicio, la compra de vivienda. A cambio, Vox les impone "recuperar" (es una recuperación que procede directamente del franquismo) los topónimos de Baleares en castellano. El PP agacha la cabeza, como siempre, y se aviene a lo que Vox disponga. Escribir los topónimos de Baleares en castellano no es tan sólo una aberración desde el punto de vista filológico: es una humillación, una seña del derecho de conquista con que la gente de Vox consideran que deben tratar a los mallorquines, menorquines, ibicencos y formenterenses. Al igual que los catalanes, por cierto, e igual que los valencianos. Si alguien tiene clara la existencia de los Països Catalans, son los ultranacionalistas españoles. Por destruirlos, naturalmente.

La sensación (la evidencia) es que el PP de Baleares ha entregado por completo su voluntad a Vox (no escribimos 'en la extrema derecha de Vox' porque en esta extrema derecha, a base de sumisión a los dictados del partido de Abascal, se encuentra también el PP). Causa cierto rubor de que un partido como el PP, que tiene una historia tan larga como fuerza de gobierno y como referente de la derecha mallorquina se encuentre tan irremisiblemente desvalido ante un grupo de ignorantes y primarios como los personajes que representan a Vox en el Parlament de Baleares, pero esa es la situación. Cuando desde Vox piden al PP que pegue un bote, lo único que responden Prohens, Sagreras, Costa y compañía es: ¿de qué altura desea que botemos?

Ahora son los topónimos, como la semana pasada fue la ley de memoria democrática y en otras votaciones han sido el catalán en la sanidad pública, el modelo de escuela pública, la cantidad de libros en catalán que hay o deja de haber en las bibliotecas públicas de Palma o las leyes de protección del territorio. Las exigencias de Vox en el PP de Mallorca son siempre ideológicas, identitarias y se basan en tres odios: odio a todo lo público, odio a los mallorquines y odio a la lengua catalana. Son tres odios antiguos, arraigados, furibundos, rabiosos. El programa político de Vox para los mallorquines, menorquines, ibicencos y formenterenses es hacerlos españoles, es decir, indistinguibles de los ciudadanos de cualquier otra comunidad autónoma española. Para ello, es imprescindible acabar con la lengua catalana, una obsesión del nacionalismo español que tiene siglos de historia. En cuanto a la destrucción de los servicios públicos, va de serie en el paquete ideológico de las mal llamadas nuevas derechas.

Vox simplemente quiere borrarnos del mapa, y Prohens y el PP se llevan allí sin poner un ápice de resistencia. Su trabajo es ejecutar lo que mandan desde Madrid, y tratar de proveer dinero fácil para los suyos. Dada la correlación de fuerzas parlamentarias, para conseguirlo, no tienen ningún inconveniente en vender a los ciudadanos de estas islas a una gente que nos odia con todas sus fuerzas.

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