Nos estamos acostumbrando al parque temático

Una empresa ha sido expedientada por el Ayuntamiento de Artà por organizar una macrogincana con nada menos que 900 personas. Se trataba de recorrer el núcleo urbano haciendo barbaridades como pintar en el suelo o pegar adhesivos en las señales de tráfico o las paredes del pueblo.

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El hecho es lamentable, porque retrata una vez más el parque temático en el que se han convertido las Islas Baleares, y al cual peligrosamente nos estamos acostumbrando. Artà tiene tantos valores que no necesita de ninguna manera que unos energúmenos recorran el pueblo haciendo una actividad impropia, desmesurada y ofensiva para los residentes. Pero no hay que llegar a este extremo burdo para ver cuánta calidad de vida y autenticidad han perdido éste y el resto de municipios del litoral y, poco a poco, los del interior. Basta ir un día de mercado a Artà, a Sóller o a tantos pueblos e intentar atravesarlos en medio de una locura humana que lo desbarata todo.

Y los precios de la vivienda, después de que, por supuesto, muchos locales hayan vendido todo cuanto solar o casa tenían venal. Y el alquiler turístico. Y los carteles de bares y restaurantes o de las tiendas, muchas, orientadas a los visitantes. Pasear por cualquier rincón es pasear en medio de una sensación de artificialidad, de desmesura, de no poder subir a según qué transporte público, o tener que ir de pie para poder llegar al trabajo. O tener que esquivar centenares de bicicletas para recorrer un trocito de las Islas en coche.

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Ha comenzado la temporada y volvemos a repetir en las tertulias que todo ha perdido el encanto, como somos extranjeros dentro de nuestra casa. Pero para evitar repeticiones, habría que avanzar y preguntarnos qué más tiene que pasar para que los isleños despertemos de la pesadilla y recuperemos, al menos, cierta dignidad.