Abrirse con el Taipi de Herman Melville
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Quid Pro Quo ya había recuperado Las Encantadas, de Herman Melville, en magnífica traducción de Pep Julià, un volumen sublime que el admirado escritor J. L. Badal me había recomendado con énfasis y con razón. Ahora la estimada editorial pollensina insiste en esta feliz operación de recuperación con un Melville que conviene leer más allá de Moby Dick, una maravilla más que merecidamente célebre que ha alcanzado fortuna universal. Sin embargo, Melville es mucho más que Moby Dick: se trata de uno de los grandes bastiones de la literatura norteamericana moderna, un autor capaz de transmutar la aventura, el viaje, el mar, la naturaleza, la violencia y el choque entre culturas en materia literaria suprema. Taipi, su primer libro publicado, escrito a partir de experiencias vividas durante los años de navegación por los mares del Sur, invita a reencontrar la potencia de un genio que ya desde los inicios poseía una capacidad literaria sobradamente ambiciosa.Taipi es una formidable narración de aventuras, pero sería injusto reducirla solo a eso. Herman Melville construye un relato en el que la experiencia de un mundo exótico se reajusta como profunda exploración del choque entre sistemas culturales. El escritor observa las costumbres, los rituales, las jerarquías, la sensualidad y la violencia de este nuevo mundo con una combinación fascinante de curiosidad, ironía y capacidad descriptiva, y convierte el extrañamiento en un laboratorio de desplazamiento radical de la mirada. Hay aquí un Melville todavía joven, pero ya poseedor de una facultad pasmosa para hacer que la peripecia externa se transforme en un aprendizaje moral e intelectual. La traducción de Teresa Bauçà Bosch tiene el mérito de mantener viva tal energía, de hacer fluir un texto que pide agilidad pero también precisión, y de conservar la tensión entre la exuberancia descriptiva, el sentido aventurero y las inquietudes que marcan la obra. Bauçà Bosch –que ya ha traducido a autores como Wells, Tagore, Turguénev, Hawthorne, Emerson, Mary Shelley y Dickens– vuelve a demostrar aquí marcada solvencia.Hay que defender con entusiasmo esta literatura, la que lleva lejos, la que acerca a territorios desconocidos y, sobre todo, la que cambia nuestra manera de mirar. Taipi pertenece a la estirpe de libros que ayudan a re-cor-dar por qué leemos clásicos: no porque sean excelsas piezas museísticas sino porque interpelan, emocionan, enseñan. Quid Pro Quo, que ha construido buena parte de su catálogo a partir de una apuesta decidida por recuperar tótems que mantienen un fértil diálogo contemporáneo, ofrece una nueva y genial ocasión para volver al inmenso Melville. Disfrutar Taipi es penetrar en otras vidas, diferentes y sobrecogedoras, una posibilidad creativa y empática que confirma un mundo enorme, complejo, contradictorio y bello, justo lo que necesitamos en estos caóticos tiempos llenos de miedo y de odio absurdos.