El peligro de la elitización: Baleares entra en la era de la universidad privada
Mientras la UIB amplía la oferta al ritmo que puede, las empresas de estudios superiores llegan con más recursos, edificios y matrículas prohibitivas
PalmaEn 1980, sólo dos años después de la creación de la Universidad de las Islas Baleares (UIB), España disponía de 23 universidades públicas y sólo 4 privadas. 18 años más tarde, con la puesta en marcha de la Politécnica de Cartagena (1998), la correlación de fuerzas había cambiado radicalmente: 50 universidades públicas y 18 privadas. Hoy, casi medio siglo después, el panorama se ha dado la vuelta aún más. En el Estado hay 50 universidades públicas y 42 privadas, y las iniciativas empresariales amenazan con igualar –o incluso superar– la oferta pública.
Hasta hace poco, Baleares vivía prácticamente ajena a esta vorágine privatizadora de la educación superior. El mapa universitario privado se limitaba al CESAG y al Centro de Educación Superior Felipe Moreno. Esta excepcionalidad, sin embargo, ha terminado. El Govern balear ha abierto la puerta a nuevos proyectos privados y, en estos momentos, varias iniciativas avanzan en paralelo.
La más madura es la del CEU San Pablo, que prevé implantarse en Baleares a través del centro adscrito Centro Universitario Beato Luis Belda. Al mismo tiempo, ADEMA –por ahora centro adscrito a la UIB– quiere la independencia para convertirse en la Universidad de Mallorca, y Felipe Moreno quiere impartir Enfermería como centro adscrito a la Universidad Antonio de Nebrija. Y todavía hay más movimientos en marcha, como el de la escuela de negocios Eserp, que quiere aterrizar en Baleares a través de su adscripción a la Universidad de Vic, de naturaleza pública y de gestión mixta.
"La universidad privada es un negocio, y la prueba es que entran fondos de inversión", alerta Jaume Sureda, catedrático emérito de que fue vicerrector de la UIB durante ocho años. "Al final se impondrá un modelo con una universidad privada para gente blanca y rica y una pública con alumnado diverso. Habrá libertad de elección –como defiende el Govern–, pero solo para quien la pueda pagar". Sureda advierte que el camino ya iniciado conduce a las Islas hacia un sistema universitario "terriblemente desigual". "Las nuevas generaciones se frustrarán: si quieren estudiar, tendrán que endeudarse", afirma, señalando el aumento de los préstamos bancarios para pagar estudios en paralelo al crecimiento de la universidad privada.
Pocos estudiantes universitarios
El interés de las privadas por establecerse en Baleares puede sorprender, sobre todo si se tiene en cuenta que es la autonomía con menos estudiantes que acceden a la universidad y muy por debajo de la media estatal. ¿Hay mercado? En determinadas titulaciones, sí. El Beato Luis Belda prevé abrir el curso 2026-2027 en el antiguo edificio del Riskal, en Palma, con una inversión de 40 millones de euros entre la adquisición –formalizada el pasado junio– y la adecuación del espacio. Las obras empezarán a principios de 2026.
El centro tendrá capacidad para unos 2.000 estudiantes y ofrecerá inicialmente cuatro grados: Medicina, Enfermería, Fisioterapia y Psicología. El siguiente curso se añadirán Farmacia y Odontología. El primer año se espera incorporar a entre 200 y 300 alumnos y contratar a unos 30 profesores. No descarta, a medio-largo plazo, sumar nuevos grados.
"En Baleares hay una oferta pública muy insuficiente de plazas de Enfermería y Medicina", explica Rosa Visiedo, rectora del CEU San Pablo. "Es la segunda comunidad con menos plazas de Enfermería por habitante y la que tiene menos para estudiar Medicina. Éste fue uno de los motivos que nos impulsó a sacar adelante el proyecto". Otro factor clave fue la alianza con el grupo hospitalario Juaneda, con quien el CEU ha firmado un convenio para que actúe como centro de referencia para prácticas y aportación de profesorado.
Precisamente este último aspecto genera inquietud a quienes forman parte de la Universidad pública. A pesar de las importantes mejoras de las condiciones de los profesores asociados, éstas siguen siendo poco competitivas. La universidad privada podría aprovechar ese contexto. "Cuando hay más operadores en el mercado, ya se sabe que hay más opciones profesionales", admite Visiedo, aunque descarta "un escape masivo" de profesorado de la UIB hacia el CEU.
Otro elemento central es su precio. "Las matrículas de las universidades privadas son inasumibles para la mayoría de las familias", señala David Abril, profesor de la UIB y sociólogo. El Beato Luis Belda cobrará 22.355 euros anuales por Medicina y 12.895 por Enfermería. En la UIB, ambas titulaciones cuestan 1.245 euros. "El 50% de los asalariados de Baleares cobra menos de 18.000 euros al año", recuerda Abril. "Entre los residentes, no hay mercado. Es mucho más probable que las privadas se dirijan a estudiantes de fuera, porque aquí la mayoría somos pobres", sentencia.
Abril también apunta al atractivo de las carreras sanitarias: "En Baleares existe un lobi sanitario muy potente, con posiciones patronales de poder, muchos potenciales usuarios y, especialmente, de clientes". El Beato Luis Belda, por su parte, asegura que quiere priorizar al alumnado residente y confía en llenar con estudiantes locales, aunque ya trabaja en alternativas de alojamiento para los que vengan de fuera.
En cuanto a la lengua, el centro no prevé, como norma general, impartir clases en catalán. Se realizarán en castellano y en inglés. "En Barcelona y Valencia tenemos docencia en catalán y en castellano. La lengua es una riqueza que debe protegerse. Si el alumnado quiere clases en catalán y hay profesorado capacitado, no habrá ningún inconveniente", asegura Visiedo. Otro tema a tener en cuenta: el CEU se define como una institución de raíz católica y no abordará con sus alumnos cuestiones como el aborto o la eutanasia, a pesar de ser prácticas legales. "No todo debe ser negativo –dice Visiedo–, promovemos la libertad de expresión, la protección de la familia y tenemos un potente sistema de becas".
Raíz investigadora
Las diferencias en investigación entre públicas y privadas es otro de los grandes puntos de fricción. "La universidad pública tiene tres misiones: docencia, investigación y transferencia del conocimiento. En las privadas, la investigación es residual", indican fuentes cercanas a la gestión de la UIB. En la universidad pública, el 51% de la carga laboral del profesorado se destina a investigar. "Es una obligación", añaden. Visiedo replica que el CEU "cumple todos los requisitos" y se define como una universidad con perfil investigador, aunque admitió que la pública destina más recursos. Según dice, el CEU San Pablo no tiene beneficios y todo lo que ingresa –por matrículas y donaciones particulares de los patronos– se reinvierte.
En paralelo a las incursiones de la privada, la UIB ha anunciado una ampliación de su oferta académica con cuatro y dos dobles grados. El próximo curso se estrenarán Ciencias de la Mar y el doble grado en Matemáticas y Física. Posteriormente llegarán el doble grado en Filología Catalana e Inglesa, además de Arquitectura, Ingeniería Mecánica y un nuevo grado STEM (titulaciones relacionadas con la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas). La UIB ya ha dejado de ser la universidad con menor oferta del G9, el grupo de las instituciones públicas que son las únicas en sus territorios.
Aun así, Sureda atribuye las carencias estructurales de la UIB al "poco interés histórico de los gobiernos" a la hora de dotarla de recursos. "El aterrizaje de las privadas se produce sobre el fracaso de la pública a la hora de dar respuesta a las necesidades de la Comunitat. Y eso no es sólo culpa de la UIB: la financiación nunca ha bastado". Pone el ejemplo de 2006, cuando el presupuesto de IB3 y Televisió de Mallorca, sumado, superaba la transferencia del Govern a la UIB (54 millones). Por ahora, advierte, "se patrocina la privada y se dota a la pública". "Veremos qué pasa cuando llegue una crisis. Cerrarán el grifo", dice. "Y si llegamos al día que el Gobierno diga 'no pondremos ese grado a la pública porque ya lo hace la privada', ¿entonces qué?", se pide.
Si finalmente el proyecto de ADEMA se consolida como universidad independiente, incorporará hasta 11 grados que la pública no ofrece y recientemente ha firmado un convenio con el Colegio de Arquitectos para impulsar la formación y la investigación. En caso contrario, se reserva la opción de adscribirse a la Universidad Isabel I. Su presidente, Diego González, reivindica la labor investigadora del centro y su vínculo con Mallorca: "Ya tenemos más de 180 publicaciones científicas, cuatro patentes internacionales y proyectos de inteligencia artificial y simulación 3D aplicada a la salud, la biomedicina. "Nos dirigimos de lleno a la gente de aquí. No somos un centro de élite", añade.
La declaración en tiempo récord del proyecto del CEU como estratégico por parte del Govern y la proposición de ley del PP en el Parlament para crear la Universidad de Mallorca (ADEMA) evidencian la orientación de la Administración. En este contexto, la UIB tiene ante sí un cruce que debe enfrentar. "La competencia puede ser positiva si hay igualdad de condiciones, pero no existen: ni en precios, ni en contratación, ni en plazos", lamentan fuentes de la universidad pública. "Llevamos años esperando para reformar el edificio Mateu Orfila, mientras que el CEU tendrá su punto en menos de un año".
Sureda lo resume con un consejo final: "La UIB tiene mucho más prestigio y calidad y debe hacerle valer. Hay que venderse mejor, responder a las necesidades formativas del país. Si no, quien acabará pagando esta apuesta será la ciudadanía", sentencia.