Aina Salom: “Soy partidaria de volver a los exámenes orales”

Decana de la Facultad de Derecho de la UIB

La decana de la Facultad de Derecho de la UIB, Aina Salom.
24/06/2026
6 min

PalmaAina Salom (Alaró, 1980) accedió al decanato de la Facultad de Derecho de la UIB con el objetivo de marcar una nueva etapa en el centro. Desde su llegada, ha apostado por abrir la Facultad a la sociedad, reforzar el uso del catalán y promover una formación jurídica moderna, innovadora y centrada en el alumnado. Su proyecto busca convertir la Facultad en un espacio más cercano, dinámico y conectado con la realidad profesional y social.

¿Cómo habéis vivido estos dos primeros años de mandato al frente de la Facultad de Derecho?

— Desde el primer día, mi equipo decanal ha trabajado para poner al alumnado en el centro y reforzar la presencia en la Facultad. Queríamos una institución donde se formen como juristas, pero también con una vida estudiantil activa y enriquecedora. Hemos impulsado actividades y espacios para mejorar su vinculación con la Facultad, el profesorado y el equipo decanal, y fomentar un entorno cercano y participativo. En esta línea, promovimos la creación de la Asociación de Estudiantes de Derecho y diversas iniciativas que han fortalecido este sentimiento de comunidad.

¿Qué era lo primero que queríais cambiar cuando asumisteis el cargo y qué ha sido más difícil de lo que esperabais?

— El objetivo no era cambiar, sino continuar mejorando. Una de las primeras líneas de actuación fue impulsar la normalización del uso del catalán, fomentar la convivencia de las dos lenguas oficiales y reforzar el papel del catalán como lengua propia. En paralelo, hemos consolidado las simulaciones de juicios como herramienta para acercar la formación a la práctica profesional, con el apoyo del Gobierno, y este año hemos dado un paso más con la primera simulación en catalán.

¿Al finalizar su mandato, cómo le gustaría que se recordara su etapa como decana?

— Me gustaría que se nos recordara como un equipo comprometido con la institución, los valores democráticos y la formación de juristas conectados con la realidad. Hemos impulsado actividades vinculadas a los grandes debates jurídicos del momento y proyectos como las simulaciones de juicios, el podcast de la Facultad y los seminarios especializados, todo manteniendo una relación cercana con el alumnado y una estrecha colaboración con las principales instituciones jurídicas de las Islas.

¿Cómo habéis trabajado para revertir la percepción tradicionalmente más rígida asociada al edificio de Jovellanos y a los estudios que allí se impartían?

— No compartíamos esta percepción, porque somos una facultad orientada al futuro y a la innovación docente. De hecho, estamos actualizando el plan de estudios con una nueva asignatura de Habilidades para juristas, que abordará la ética profesional, las normas deontológicas y el uso responsable de la inteligencia artificial. No es nada conservador. Queremos formar juristas con capacidad crítica, aptitud para el debate y compromiso con los valores democráticos, los derechos humanos y el servicio público. La IA es una herramienta útil, pero nunca sustituirá la reflexión, el debate ni el trato humano.

Hoy la Facultad transmite una imagen más amable y abierta. ¿Qué elementos crees que han sido clave en este cambio?

— Los alumnos saben que tienen las puertas abiertas y queremos que se sientan cómodos y parte de una verdadera comunidad universitaria. Más allá de las mejoras materiales, mantenemos un contacto directo con ellos para conocer sus necesidades e impulsar actividades que les interesen. La participación de profesionales en activo en las simulaciones de juicios refuerza el vínculo con el mundo laboral, y trabajamos para que nuestra sala de vistas pueda acoger juicios de pequeña cuantía. También damos apoyo al profesorado en la organización de congresos y otras iniciativas. En definitiva, somos un equipo cercano que rema conjuntamente con los estudiantes.

¿Si tuvierais que definir en una sola idea qué queréis que represente hoy la Facultad de Derecho dentro de la universidad, cuál sería?

— Una facultad abierta, comprometida con los estudiantes, con la innovación docente y con la formación de juristas preparados para los retos actuales.

Uno de los retos de la universidad actual es la desconexión entre los estudiantes y las metodologías docentes. ¿Qué cambios concretos habéis impulsado para revertir esta tendencia?

— Como Facultad estamos alineados con la innovación docente y, por ello, hemos adaptado los horarios y las metodologías. Hay horas presenciales y también horas de interacción a través de metodologías innovadoras, con actividades que complementan la docencia presencial. Lo hacemos porque así lo marca la normativa estatal y también las directrices de la Red Española de Agencias de Calidad Universitaria (REACU), que impulsan la innovación docente en los centros universitarios. También debemos plantearnos que la irrupción de la inteligencia artificial hace necesario repensar el sistema de evaluación. Volver atrás no siempre es malo. Yo creo mucho en ello, y soy partidaria de volver a los exámenes orales, especialmente en una carrera en la que el medio de comunicación principal es la voz. Es volver atrás para poder avanzar.

¿Cuáles son hoy las principales dolencias o demandas del alumnado?

— Los estudiantes nos piden sobre todo espacios de debate sobre cuestiones de actualidad, más formación en oratoria y contacto con profesionales que les expliquen la realidad del ejercicio jurídico. También queremos reforzar la atención a la salud mental, con actividades sobre gestión emocional, bienestar y manejo del estrés, porque el ejercicio de la abogacía requiere una preparación integral. Además, nos han trasladado la necesidad de disponer de más espacios de estancia y zonas de sombra en el campus.

¿Qué papel creéis que deben tener las simulaciones de juicios en catalán en la formación jurídica?

— Es muy importante. Hemos impulsado esta iniciativa con el apoyo del Institut d'Estudis Baleàrics y fue un orgullo poder hacer este primer juicio simulado en catalán. Participaron actores como testigos y se trabajó un caso de acoso. El nivel fue altísimo y se demostró que es perfectamente posible fomentar el uso del catalán entre los futuros juristas.

¿Hay resistencias internas a las metodologías más innovadoras?

— La mayoría del profesorado se ha adaptado muy bien. Hay algunas reticencias constructivas, siempre expresadas con voluntad de mejora. No es una oposición, sino una manera diferente de entender cómo se deben hacer las cosas. Ahora bien, todo el mundo comparte la idea del nuevo plan de estudios y la ve positivamente. También hay libertad de cátedra y cada uno innova hasta donde considera conveniente. Pero si es para innovar, encontrarán siempre el decanato a su lado.

¿Han iniciado un proceso para reforzar la presencia de la lengua catalana en la Facultad. En qué punto se encuentra este proceso?

— Amamos el catalán. Se trata de fomentar, poco a poco, el cumplimiento del decreto. Creemos que hemos avanzado, aunque no tengo datos oficiales. El decanato, cuando un profesor asociado se incorpora y pide orientación sobre la lengua, promueve el uso del catalán.

Sin embargo, la mayoría de las guías docentes todavía están en castellano. ¿Es una situación que se puede revertir a corto o medio plazo?

— Se puede revertir mediante actividades de fomento impulsadas por la decanatura y por los departamentos. También tenemos el apoyo de los servicios de política lingüística, que nos piden continuar sensibilizando y convenciendo al profesorado. El mundo de la justicia ha estado tradicionalmente muy castellanizado. Nuestra responsabilidad es cumplir el Estatuto y la política lingüística de la Universidad. Queremos fomentar el catalán como lengua propia.

¿Qué papel juegan el IDIB y la Clínica Jurídica dentro de la estrategia de proyección y modernización de la Facultad de Derecho?

— Es un papel muy relevante. Recientemente, en la Conferencia de decanos y decanas de Derecho, también se abordó esta cuestión. La Clínica Jurídica es un servicio que ofrece la Facultad y en el cual participan tanto profesorado como alumnado. Ayuda a mostrar una vertiente muy importante de la Facultad: la función social. Personas que se encuentran en situaciones complicadas pueden acudir a las instituciones que colaboran con nosotros y recibir orientación a través de la Clínica Jurídica. Los estudiantes les ofrecen una guía y les ayudan a ponerse en contacto con los recursos que necesitan. Es una iniciativa muy vinculada a la visión social que queremos que impregne la Facultad.

¿Qué tipo de jurista queréis que salga hoy de la Facultad de Derecho?

— Un jurista crítico, valiente, empático y, sobre todo, buena persona. Alguien que ejerza su profesión con estima, respeto por los compañeros y compromiso con los derechos de las personas. Y también una persona que lleve la defensa de los derechos como bandera y que mantenga un respeto absoluto por las instituciones y por la justicia.

stats