Tomás Chivato: "No venimos a competir con la UIB, sino a dar respuesta a la falta de profesionales"

Decano de la Facultad de Medicina del CEU San Pablo

ARA Balears
26/04/2026

PalmaEl doctor Tomás Chivato, decano de la Facultad de Medicina del CEU San Pablo, es uno de los impulsores de la implantación del centro en Mallorca a través del CEU Beato Luis Belda, que comenzará a funcionar el curso próximo con los grados de Enfermería, Fisioterapia, Psicología y Medicina. Defiende que el proyecto nace con la voluntad de contribuir a la sociedad balear y reivindica la convivencia entre universidad pública y privada como modelos complementarios.

¿Por qué el CEU decide implantarse ahora en Baleares y por qué con un proyecto centrado en Ciencias de la Salud?

— El CEU es una institución con una larga trayectoria, que, desde 1973, forma profesionales del ámbito sanitario. Ha ido ampliando progresivamente su oferta con Medicina, Enfermería, Fisioterapia, Farmacia, Biotecnología y otras titulaciones relacionadas. Con los años, el grupo CEU ha crecido en diferentes comunidades autónomas y ha constatado una necesidad común: la falta de profesionales de la salud bien formados, con competencias técnicas, pero también con valores humanistas, capacidad de comunicación y principios éticos sólidos.

— Se detectó que las Baleares no disponían de una facultad privada de Medicina. Después de analizarlo, y con el apoyo del Gobierno, se decidió impulsar el proyecto. Llegamos con la ilusión de más de 50 años formando buenos profesionales, competentes tanto a escala teórica como práctica, para dar respuesta a una necesidad real: la falta de profesionales sanitarios, que es un problema global y que requiere colaboración a escala estatal.

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¿Qué habéis detectado en el sistema universitario y sanitario balear que hiciera pensar que había espacio para una nueva facultad?

— La falta de profesionales es evidente. En Baleares, en el caso de los alergólogos, por ejemplo, hace años que se reclamaba su incorporación a la sanidad pública y hasta hace poco no había suficiente respuesta. Durante décadas, Baleares han sido la única comunidad que no tenía, hasta hace pocos años, con el actual Gobierno. El problema no es solo local, sino global: hay falta de relevo generacional, desgaste profesional, falta de carrera profesional atractiva y un sistema sanitario con margen de mejora.

El proyecto llega en un contexto de debate sobre la universidad privada. ¿El CEU entra a cubrir un vacío o a competir con la UIB?

— No venimos a competir con la UIB. Venimos a dar respuesta a un problema de falta de profesionales. La UIB tiene una trayectoria consolidada y una estructura fuerte, igual que nosotros. No hay una competencia real, sino modelos diferentes que pueden convivir. Lo que hace la Universidad CEU San Pablo es establecer convenios para la formación de los alumnos en entornos hospitalarios de la mano de Juaneda y la UIB tiene sus hospitales. El objetivo es el mismo: formar buenos profesionales. El problema es global, y todos compartimos la necesidad de darle respuesta.

El proyecto ha sido objeto de críticas por la rapidez de la tramitación y la declaración de interés estratégico. ¿Es una 'vía exprés'?

— No ha sido ninguna vía exprés. Han sido muchos meses de trabajo. Lo que se ha hecho es responder a una necesidad real. No venimos a sustituir nada, sino a complementar la oferta existente. No hablaría de universidades públicas o privadas como opuestas, sino que lo que hay que mirar es qué centros ofrecen calidad, independientemente de la titularidad. Hay muchos jóvenes que tienen que salir de las Baleares para estudiar Medicina. Ahora se les puede dar una alternativa para que puedan quedarse aquí.

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¿Cómo ha sido la relación con el Gobierno y otras instituciones?

— La relación ha sido fluida y con buena predisposición, no solo con el Gobierno, sino también con la UIB, colegios profesionales y hospitales. También se han facilitado aspectos como la compra y recalificación de la sede del Beato Luis Belda, además de otros espacios necesarios para el proyecto. Venimos a sumar y a colaborar con todo el sistema.

¿Qué os diferenciará de la propuesta de la UIB para conseguir que los alumnos paguen una oferta educativa con un coste más elevado?

— No se trata de ser mejor o peor, sino diferente. Una de nuestras apuestas es la humanización de la formación sanitaria. Tenemos asignaturas específicas, una cátedra y un observatorio dedicado a la humanización sanitaria, además de congresos biomédicos. También damos mucha importancia a la simulación clínica, que permite a los estudiantes entrenar competencias en entornos seguros antes de tratar pacientes reales. Esto refuerza su preparación cuando llegan a la práctica profesional.

¿Qué diríais a quien considera que este modelo privado fragmenta o debilita la universidad pública?

— En absoluto. Vivimos en un país libre y cada persona puede decidir dónde estudiar. La convivencia entre universidad pública y privada es normal en muchos países. No se trata de sustituir sino de complementar. Además, somos una institución que ofrece un importante sistema de becas a escala estatal para facilitar que si un alumno cumple el perfil, pueda entrar a estudiar con nosotros.

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¿Por qué crees que a principios de los 2000 en España había pocas universidades privadas y ahora estén a punto de superar a las públicas?

— Principalmente por la necesidad de formar más profesionales. Si el sistema público no puede dar suficiente respuesta, se deben buscar soluciones complementarias. La clave no es si es público o privado, sino la calidad de la formación y que los títulos sean válidos en España y en Europa.

Hay quien critica que dentro de la formación médica no se incorporen prácticas como el aborto y la eutanasia.

— Tenemos asignaturas de cuidados paliativos, que es un ámbito que necesita más desarrollo y que lamentablemente no tiene marco legal que lo sustente. Es cierto que la eutanasia y el aborto son prácticas legales en determinados supuestos, pero desde el punto de vista médico y deontológico hay un debate profundo. La medicina es una profesión milenaria, vinculada al juramento hipocrático, que pone en el centro la defensa de la vida. Desde esta perspectiva, se defiende que la eutanasia no es un acto médico. El médico no puede provocar ni colaborar intencionadamente en la muerte de un paciente.

Pero la muerte digna es un derecho.

— Nadie lo sabe, pero Adolf Hitler fue el primero en despenalizar las prácticas de eutanasia, con el objetivo de eliminar personas consideradas una carga, como heridos o discapacitados después de la Primera Guerra Mundial. Hay que diferenciar claramente entre lo que es legal, lo que es técnicamente posible (como crear un cóctel de medicamentos que conduzcan a la muerte), y lo que es éticamente y deontológicamente aceptable. Lo que se debe hacer es reivindicar los cuidados paliativos: todavía hay decenas de miles de personas en España que no tienen acceso a ellos. Cuando no se puede curar, el objetivo debe ser cuidar y acompañar al paciente.

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¿Cómo se integrará el centro en la realidad sociolingüística de las Baleares?

— Aquí prevaldrá el sentido común.La docencia se hará en castellano, que es la lengua autorizada del proyecto, pero si hay grupos donde predomina el catalán, se adaptará. Todavía no saben cuál será el idioma de nuestro alumnado ni en cuál se sentirá más cómodo el profesorado. También se prevé incorporar grupos en inglés en el futuro. El objetivo es garantizar una comunicación efectiva y una buena formación.

¿Qué impacto esperáis tener en la retención de talento joven en las Baleares?

— Se podrá valorar dentro de unos años, cuando las primeras promociones terminen. El reto real es también la capacidad del sistema para retener a estos profesionales, porque la competencia internacional es muy alta.

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Si de aquí a diez años miráis atrás, ¿qué querríais que se haya dicho del CEU en Mallorca?

— Nos gustaría que se dijera lo mismo que ya se dice de otros campus del CEU: que formamos buenos profesionales. Que los hospitales estén satisfechos con nuestros graduados y que estos encuentren trabajo y desarrollen una buena carrera. Eso sería el mejor reconocimiento posible.