Indignación de los docentes con las oposiciones en mayo: “Pediré una baja para estudiar”

Los afectados denuncian que la decisión de la Conselleria de Educación les recorta tiempo de preparación y les obliga a conciliar trabajo y estudio bajo presión

Imagen de archivo de las oposiciones docentes de 2021.
13/02/2026
4 min

Palma"Todos los desgraciados que damos clase en segundo de Bachillerato llevaremos los exámenes a corregir a Vera". Frases como ésta corren en las últimas horas por grupos de WhatsApp de docentes. En este caso, la autora es una profesora de Ciencias Sociales que este año se presenta a las oposiciones y que no esconde la rabia por la decisión de la Conselleria de Educación de avanzar las pruebas en mayo, un mes antes de lo habitual. La otra opción era realizarlas en octubre, con el inconveniente de que los aprobados ya se incorporaban en el curso 2027-2028.

El cambio de calendario ha caído como una ducha de agua fría entre cientos de docentes que hace meses —y, en muchos casos, años— que preparan el proceso selectivo. Para la mayoría, junio era el último tramo de una carrera de fondo; mayo, en cambio, es todavía de pleno rendimiento en los centros: evaluaciones finales, recuperaciones, salidas, memorias y cierre de programaciones. "Nos han cambiado las reglas del juego a medio partido", lamenta un profesor de Secundaria con más de una década de experiencia como interino. "Cada día cuenta, y nos han quitado treinta de golpe". También hay críticas para los sindicatos de la Mesa, que se levantaron y que permitieron que la Conselleria eligiera la fecha más inmediata. "Los sindicatos se han levantado y se han ido en lugar de elegir la opción de hacer las pruebas en octubre, que es el resultado que ha salido a las encuestas que ellos mismos han hecho. No sé por qué las hacen, si después no respetan el voto mayoritario. Gracias, sindicatos. Os saluda una opositora que esperará un año entero."

El malestar no es sólo por el mes perdido, sino por las condiciones en las que deberá afrontarse. Muchos opositores trabajan como interinos o en centros concertados. Estudian las tardes, fines de semana y festivos, a menudo conciliando con cargas familiares. "Preparar unas oposiciones es un trabajo titánico", dice un pedagogo terapéutico mallorquín que también se presenta. "Duermes menos, vives con la cabeza dentro de la programación y los temas. Y ahora, encima, nos piden que comprimamos el tramo final. Luego dirán que ha suspendido demasiada gente".

En las aulas, el temor es que el calendario acabe impactando en el día a día de los centros. "Mayo es el mes más delicado del curso. Tienes a los alumnos nerviosos, los exámenes finales, la presión de las notas… Si añades docentes con una oposición a la vuelta de la esquina, el cóctel es explosivo", advierte una profesora de Lengua Catalana que prefiere mantener el anonimato. Algunos claustros hablan ya de un escenario complicado, con peticiones de días de asuntos propios, reducciones de carga puntuales o, incluso, bajas médicas para poder afrontar la recta final de estudio. "No es una amenaza, es una realidad previsible", dice un maestro que ha formado parte de tribunales en cuatro ocasiones. "La presión es enorme y el sistema no está pensado para compatibilizar todo", añade. De hecho, hay gente que lo tiene claro. Estudiar es lo primero: "Me iré al médico y pediré una baja para tener tiempo para estudiar", afirma una interina novela que afirma que, si no le dan la baja, renunciará a la plaza. "Me penalizarán, pero si todo va bien, el próximo año seré funcionaria de carrera. Me da igual si me sacan de la lista de interinos", dice.

Entre los opositores más veteranos, la decisión se lee como una arriesgada apuesta. "Esto es una trituradora", suelta una profesora de Matemáticas mallorquina. "Si querían hacer una elección silenciosa, lo lograron. Habrá gente que no llegará en condiciones óptimas", añade. Otros ven un movimiento estrictamente organizativo, algo que la Conselleria ha defendido en todo momento. "El objetivo es tener todas las plazas cubiertas en septiembre y, de acuerdo, es legítimo", admite una profesora de FP. "Pero el coste lo pagamos nosotros e, indirectamente, los centros. No se puede hablar de calidad educativa mientras se estrecha el calendario al límite", opina.

De espaldas al profesorado

La indignación también tiene que ver con la percepción de que la decisión se ha tomado sin tener en cuenta al profesorado. "Nos piden vocación, innovación, estabilidad emocional… pero cuando toca decidir, nadie piensa en las condiciones reales en las que nos jugamos la plaza", critica una maestra de Infantil. "No es sólo un mes menos. Es la sensación de que somos una pieza más que se mueve en el tablero".

Mientras tanto, el debate se intensifica en los pasillos de los institutos. Algunos directores reconocen que mayo puede convertirse en un mes especialmente tenso si coinciden los exámenes oficiales con la preparación de las oposiciones. "El sistema educativo ya funciona al límite a final de curso. Añadir esta presión es jugar con fuego", apunta un miembro de un equipo directivo de la sierra de Tramuntana. La palabra que más se repite entre los opositores es "angustia". No tanto por la dificultad intrínseca de los exámenes -que nadie discute- como por la sensación de haber perdido el control del tiempo. "Nos han regalado un mes de estrés", resume con ironía amarga una docente. "Y después nos pedirán serenidad en el aula", continúa.

La Conselleria defiende que el anticipo permitirá agilizar el proceso y garantizar estabilidad al inicio del próximo curso. Pero entre los aspirantes la lectura es otra: que el calendario, lejos de pacificar el sistema, puede tensarlo aún más en el momento más sensible del año académico. Y que si este año aumenta el número de suspendidos (que ya era alto en junio), el debate no girará sólo en torno al nivel de los opositores, sino también del tiempo que se les concedió para demostrarlo. Mientras, un año más, los opositores volverán a presentarse a las pruebas con temarios de los 90 y principios de 2000, temarios en los que no se habla de internet, pero sí del disquete.

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