Observatorio

Traza, gracia y perspicacia

El teatro Principal de Palma ofrece la obra 'Un baúl amarillo para Nofre Taylor' de Alexandre Ballester

Torrens y Bonadei en 'Un baúl amarillo para Nofre Taylor'.
30/05/2026
2 min

PalmaAunque ya son quince años desde que partió Alexandre Ballester, siempre estará presente en la memoria de los que gozamos de su traza, gracia y perspicacia. Que el teatro Principal Palma decida ponerlo al alcance de todos los que no tuvieron nuestra ventura es, sin duda, no solo un acierto, sino también un merecido homenaje. La producción, por otra parte, es de las de renombre, una escenografía grandiosa, con el inconveniente de la movilidad para que pueda ir a otros escenarios de la isla, y un reparto de lujo, encabezado por Miquel Àngel Torrens, junto con Luca Bonadei, Mariona Hauf, Sofía Muñiz, Maria Rosselló, Josep Orfila y Patxi Arostegui. La obra, Un baúl amarillo para Nofre Taylor, que en su día Joan Lluís Bozzo puso sobre los escenarios alternativos catalanes, un poco antes de la creación de Dagoll Dagom, había quedado en el fondo del baúl de las piezas olvidadas. Marga López ha sido la encargada de este rescate, de este hiperrealista retrato de la condición humana, porque eso es, y no otra cosa, la pieza de Ballester. Todos los rasgos del rico y poderoso no han cambiado ni poco ni nada, porque ya eran así desde que el tiempo es tiempo. Esta sería una lectura cuidadosa, pero sencilla, porque los súbditos de los emperadores/empresarios también juegan el mismo rol de siempre, el de la sumisión. Aún más, a todos y cada uno de los personajes que van apareciendo podríamos ponerles nombre y apellidos de algún conocido, tan conocido que, a lo mejor, son los nuestros. El pincel de Ballester no dejaba nunca ningún rincón sin pintar.

Solo estos atributos y particularidades hacen imprescindible Un baúl amarillo para Nofre Taylor, por la sencilla razón de que dentro de cien años, seguro que tendrá idéntica vigencia. Por otra parte, el teatro de Ballester tiene una característica que hermana su currículum: la combinación del humor, la burla e incluso el escarnio con el discurso y la trascendencia. Todo dentro de un envoltorio multicolor, con una pátina de absurda extravagancia. Juntarlo todo tiene muchos riesgos. Pasar de la pantomima al melodrama, con tragedia incluida, necesita mucha sutileza para que la auténtica razón de ser de todo ello no pierda el equilibrio. Quizás aquí es donde el montaje necesita pulir, que el cambio de registro no sea tan rompedor, para así dotar de coherencia al final, que la imprescindible metamorfosis tenga la fluidez necesaria y no pierda eficacia por el camino.

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