Punto y principio: Adiós al Mobofest
El festival del Pla se despide después de diez años de música
MobofestOtro cronista de la Mobo comentaba el viernes a ciertas horas de la madrugada el temor de caer en tópicos para explicar esta despedida. Francamente, nunca escribiría (y el otro cronista tampoco, diría) aquello de "no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes". Es de desagradecidos e inconscientes. Y no somos eso: supimos lo que perdíamos en 2013 cuando Antònia Font anunciaba una retirada; sabemos que, después de la Mobo, quedará un vacío para la música alternativa, que faltará un espacio de proximidad y de reconocimiento (¿identificación?); sabemos qué perderemos si continuamos viviendo del monocultivo turístico, salvaje y descarnado con la vida corriente, y como lo sabemos, este domingo atardecer estaremos en Palma en la manifestación contra la masificación turística, a favor de la vida digna.
Pero estamos en la Mobo. Sábado. Pasamos por la alegría, tristeza y nostalgia de la jornada inaugural de la última Mobo (jueves), vivimos un viernes húmedo y de reencuentros y, sin quererlo, nos plantamos en un atardecer lleno de finales, de emociones contradictorias, de cierto cansancio (de los que no habían fallado ningún día, de la organización) y también de cierta sensación de gloria. Ya habíamos entendido que la Mobo se acababa (y así nos lo han recordado prácticamente con todo el merchandising, desde los vasos hasta las pulseras). Solo quedaba disfrutarla para recordarla.
Los boleros y las jotas de Nastallat dieron el pistoletazo de salida a la última jornada musical. Mar Grimalt (una de las artistazas que hemos visto crecer estos últimos años y a quien seguiremos la pista) y Carles Medina, siempre sorprendentes, acompasados y cómplices, pusieron los pelos de punta al público de las primeras horas del atardecer.
Amulet inauguró el escenario grande deslumbrando el sol con su piel pálida y el pelo de color paja. Le acompañó una banda formada por el guitarrista Pere Joan Company, el bajista Miquel Bennàssar y el batería y percusionista Francesc Aparicio (todos exintegrantes de Xarxa, grupo que se despidió de los escenarios en la Mobo de 2024). Contento de estar en el escenario, Toni Amulet presentaba Es desastre (Cucavela Records), un álbum que llegó hace unos meses tres años después del anterior, Pequeño vikingo (2023). El artista Xisk subió a cantar uno de los temas más celebrados del último disco de Amulet: 'In paradise'. Y sí: también nos esperan hoy en la manifestación contra la masificación (a las 19 h en la plaza de España de Palma).
Cambio de escenario. ¡Suena Roig!, banda de Manacor que no hace grandes giras, pero que de vez en cuando regala algún directo esporádico a sus seguidores. Tocan juntos desde 2010, “por eso suenan tan bien”, comentaban entre el público. Y quien los conoce sabe que Roig! es una debilidad de parte de los organizadores del Mobofest.
Ànimos Parrec es uno de esos otros grupos que hemos visto nacer en la Mobo en el concierto de debut de 2023. Quizás sería más acertado decir que los hemos visto nacer 'gracias' a la Mobo; lo contaba Julià Picornell en este reportaje de ARA Balears: “Sin la Mobo no existiríamos, y no es ninguna exageración”. Tres años después del debut y con tres discos a la espalda, la banda del Pla de Mallorca tiene un público fiel y consolidado que disfruta del imaginario comprometido e irónico que proponen desde un rock and roll desacomplejado.
El reloj marcaba las 23:45 h cuando empezó a sonar Reggeatonpare, otra banda que, pocas semanas antes, había anunciado que dejaba los escenarios; si no hay ninguna novedad, ayer dio su último concierto, no sin antes hacer gritar, saltar y cantar al público que fue a despedirlos, con alguna sorpresa: los compañeros de Ritual Nepal, que sonaron en Consolació el jueves, subieron a cantar con Reggeatonpare la noche de su despedida.
La gente empezó a aglutinarse en el escenario grande para no perderse el concierto convertido en homenaje de Antònia Font después de la dolorosa pérdida de Joan Roca, bajista del grupo. Con el cariño del público arropándolos, los cuatro músicos tocaron seis canciones para honrar al amigo fallecido. 'Alegria', 'Dins aquest iglú', 'Alpinistes-Samurais', 'Tots es motors', 'Batiscafo Katiuscas' -con la colaboración especial de la coral de Palma Sa Corrala- y 'Wa yeah' vehicularon este concierto-homenaje-despedida lleno de contrastes, claroscuros y emociones contradictorias.
Solo quedaba por subir al escenario el grupo catalán Dan Peralbo i el Comboi, que ofrecía el último concierto de la historia del Mobofest. Así que entre sus canciones, hizo subir a todos los organizadores de la Mobo al escenario. Mariona Jaume, la última directora del festival, pronunció unas palabras de agradecimiento a los compañeros, al público, a los grupos. Con todos en el escenario, el grupo catalán versionó 'Aixopluc', de Da Souza, una especie de himno para los organizadores que hace diez años que se pasan los domingos de invierno enviando correos a mánagers, justificando subvenciones, haciendo diseños de carteles, tazas… y que merecen una ovación por haber aguantado hasta ahora. Y hasta aquí, ya hemos llegado. Cerramos etapa, cerramos década, renovamos energías, cerramos una puerta y tocará abrir todas las ventanas.
Estos diez años hemos visto subir considerablemente y terroríficamente la temperatura, hemos aprobado oposiciones, hemos tenido hijos, nos hemos enamorado, nos hemos separado y nos hemos casado. Nos hemos querido y vuelto desconocidos, hemos vivido una pandemia y hemos visto cómo el grupo Manel bajaba de los escenarios y después, Da Souza, y también Xarxa; por suerte, hemos visto crecer a Maria Jaume, Mar Grimalt, Maria Hein, Júlia Colom. Nos hemos hecho ciclistas, runners y vamos a entrenamiento funcional; hemos dejado de fumar (algunos), hemos vuelto a casa acabada la carrera y nos hemos mudado, como la Mobo, que ha pasado por Sant Joan, Lloret y Porreres. Hemos pasado de acoger 13 millones de turistas a soportar 19 millones (¡y espera!). El PP ha ganado las elecciones y Vox ha tomado el Gobierno. Nos hemos adelgazado los complejos, hemos camperizado furgonetas y hemos visto muchos conciertos de Ànimos Parrec y, por suerte, también algunos de Antònia Font. Hemos cambiado de trabajo, nos hemos hecho autónomas. Hemos existido por contraposición, porque existe el desánimo de lucro. Como pasa en las mejores familias, de la Mobo nos hemos enamorado, nos hemos aburrido, nos hemos vuelto a ilusionar. Hemos sido fijas discontinuas (¡debe ser algo cultural!) y hemos vuelto a pesar de haber dicho “este año, no” en algún momento. En la Mobo nos hemos embarrado hasta las rodillas. Y de la Mobo guardaremos un recuerdo que durará años. Gracias. Adiós. Hasta siempre. Suerte.