Tres siglos y medio de comedia, fuego y reinas en el Teatro Principal de Palma

Ante el Día mundial del teatro, recorremos la historia del espacio decano de la escena en Palma, un edificio construido en el mismo lugar en el que ya se representaban espectáculos en el siglo XVII

PalmaAntes se llamó Casa de las Comedias y el edificio actual se construyó en el siglo XIX. Pero el teatro Principal de Palma está en el mismo emplazamiento donde ya se representaban espectáculos en el s. XVII. Ya son 359 años de hacer comedia en un mismo sitio, junto a donde antes pasaba la Riera, que da nombre a la calle donde se ubica. Cuando estamos a punto de celebrar el Día mundial del teatro, como cada 27 de marzo, recorremos la historia de ese escenario.

Los antecedentes de lo que ahora es el Principal deberíamos buscarlos en el antiguo teatro del Gremio de Sabaters, una organización de artesanos, a mediados del siglo XVII. Al parecer, los de este oficio eran particularmente aficionados a las artes escénicas. Según Gaspar Sabater, la Sala de los Zapateros estaba muy cerca del Principal actual, en la que es hoy la plaza de Can Tagamanent de Ciutat.

El vínculo entre aquella sala y la actual consistía en que, ya entonces, gracias a las funciones de teatro se financiaba lo que ahora llamaríamos un gasto social: el Hospital General de Palma, función asistencial que se mantuvo a lo largo de los siglos. Justamente fue el propósito de dar una mano al Hospital lo que llevó en 1662 a Ferran Moix a ceder unos terrenos, propiedad de su madre, para la construcción de la Casa de las Comedias, que financió el Gran y General Consell. Se inauguró en agosto de 1667. Era un edificio bastante más pequeño y más sencillo que el teatro que le tomaría el relieve.

A raíz de la toma de Mallorca por las tropas de Felipe V, en 1715, la Casa de las Comedias pasó a ejercer una de las funciones menos imaginables para un teatro: se convirtió en cuartel de las tropas de ocupación. Esta situación se mantuvo hasta 1742. Después de 27 años sin teatro, los ciudadanos de Palma recibieron la reapertura con "verdadero entusiasmo", narra Sabater. Entonces no existían plataformas digitales con las que pasar el rato mientras tanto.

Hacia 1852, la Casa de las Comedias presentaba unas condiciones tan deficientes que hubo que cerrar. Se decidió construir un teatro nuevo de trinca y se planteó ubicarlo entre la calle Paraires y el Hort del Rei, pero finalmente tuvo que aprovecharse el mismo solar. Mientras se edificaba el nuevo teatro, se utilizó el 'Coliseu', un espacio improvisado, con este objetivo, en el Cercle Mallorquí.

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La mala suerte que llevó 'Macbeth'

El arquitecto del nuevo espacio escénico, Antoni Sureda, dio una vuelta por varios teatros europeos para inspirarse. Entonces estaba de moda el gusto francés –eran los tiempos del imperio de Napoleón III–, así que el nuevo teatro se edificó en esa línea. Incluso se contrató a un pintor francés, Félix Cagé, que trabajaba en el Liceu de Barcelona, ​​para decorar su sala. Fueron tres años de obras y costó la más que respetable cifra de 60.000 duros.

Este espacio sucesor de la Casa de las Comedias recibió el nombre de Teatro de la Princesa de Asturias, en honor de la hija mayor de la entonces reina Isabel II: Isabel Luisa, conocida como 'la Xata'. De hecho, se adelantó la fecha de la inauguración para hacerla coincidir con la onomástica de ambas, que asistieron: fue el 19 de noviembre de 1857.

Hacía sólo medio año que el Teatro de la Princesa había abierto sus puertas cuando estalló un incendio, el 12 de junio siguiente. Las campanas del Ayuntamiento y de las iglesias de Palma movilizaron a los ciudadanos, que acudieron en masa a apagar sus llamas. Pero todo fue inútil. El fuego devoró todo su interior y dejó de pie sólo los muros exteriores.

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Se especuló que los fuegos artificiales que se utilizaban en una representación podían haber sido la causa de ese desastre. Ahora bien, lo que se ponía en escena la tarde antes era Macbeth, la ópera de Verdi a partir de la pieza de Shakespeare. Y toda la profesión teatral sabe que "la tragedia escocesa" –no debe llamarse ni siquiera su nombre– lleva sistemáticamente la mala suerte. ¿Casualidad?

Reconstruir el teatro

El caso es que debía reconstruirse el teatro. Y se solicitó ayuda al gobierno estatal, a ver si podían echarle una mano. Sorprendentemente, el Estado respondió afirmativamente. Con aquella subvención, el cobro del seguro y alguna aportación más pudo realizarse la obra, con los mismos arquitecto y decorador. Incluso se amplió su superficie; se hizo adquiriendo cuatro casas vecinas.

El nuevo teatro se inauguró el 14 de septiembre de 1860, ahora con el nombre de Príncipe de Asturias. ¿Por qué, ahora, 'del Príncipe' y no 'de la Princesa'? Porque, mientras tanto, la reina había tenido un hijo macho: el futuro Alfonso XII. Así que su hermana se había quedado compuesta y sin herencia. Increíblemente, esta preferencia del hombre sobre la mujer para acceder a la Corona se mantuvo en la Constitución de 1978, la actual.

Por segunda vez se tuvo que trabajar a toda prisa, para que coincidiera la apertura oficial de la sala con la visita que, esas mismas fechas, hicieron en Palma Isabel II con su marido y sus hijos. En esa función de gala se ofreció –en castellano, por supuesto; no debían ofenderse los oídos reales con lenguajes periféricos– La campana de la Almudaina, un éxito abrumador del mallorquín Joan Palou i Coll, que a lo largo del tiempo se seguiría representando a menudo en el mismo escenario. Lo curioso es que, en este tipo de historia-ficción, aquel hijo de Jaime III que nunca recuperó la Corona sí conseguía ser rey de Mallorca, con lo que la isla no habría sido reincorporada a la Corona de Aragón ni, por tanto, a España.

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Peste, sombreros y luz eléctrica

Al llegar, en 1868, la revolución 'Gloriosa' que derrocó a Isabel II, el teatro cambió de nombre y se pasó a llamar Principal. No sólo eso: el pueblo sublevado hizo pedazos la estatua que se le había dedicado a la cabeza del Borne de Ciutat, y los restos de mármol del monumento se 'reciclaron', que llamaríamos hoy, para hacer la escalera de acceso del vestíbulo a la platea del teatro. La escalera se perdió con la reforma que se llevó a cabo en 2007, desvaneciendo así el último rastro de la reina que la había inaugurado.

Los Borbones volverían sólo seis años más tarde –los Borbones siempre vuelven–, pero el Principal ya quedó con ese nombre. Que, por cierto, llevan otros teatros en el resto del Estado, como en Barcelona, ​​Zaragoza y Burgos. También en la Part Forana de Mallorca, es el caso de Inca y Santanyí. Y, por supuesto, el de Maó, el teatro de ópera más antiguo del Estado.

Los sucesivos vaivenes políticos se veían reflejados en la programación del teatro. En 1873, al llegar la I República, se hacía una 'Gran Función Patriótica' con la representación de Mariana Pineda, una heroína revolucionaria. Al restaurarse la monarquía, Alfonso XII fue objeto de un homenaje, y también se hizo uno en la II República al proclamarse. Por supuesto que el franquismo también se hizo notar: funciones benéficas organizadas por la Falange, una zarzuela a beneficio del Movimiento Nacional y la actuación del Teatro Azul, el color de las camisas falangistas, entre otras.

Una epidemia de peste

El Principal no lo llevaba la Diputación Provincial directamente, sino que se concedía su gestión a un empresario. La externalizaba, que llamaríamos ahora. Esto no siempre era un negocio: en 1865, hubo que cerrar la sala por una epidemia de peste. En 1870, el adjudicatario Joan Goula, al mismo tiempo director de orquesta, tuvo que dejar la isla por las pérdidas económicas. En 1883, La Ignorancia acusaba a la Diputación de no preocuparse por que en el Principal se presentaran productos de calidad. No fue hasta 1977 cuando la institución provincial logró su gestión directa, para traspasarla después al Consell de Mallorca.

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Hacia aquella época, en 1881, se instaló en el Principal la iluminación eléctrica, toda una novedad, que debió dejar al público deslumbrado, nunca mejor dicho. Ese mismo año actuó el mítico tenor Julián Gayarre. Y también en 1881 el gobernador civil estableció la prohibición, bajo multa, de fumar en la sala; lo cual, con ese antecedente del incendio de unos años atrás, resultaba bastante razonable, si bien no se le hizo demasiado caso. La práctica de las mujeres de llevar gorro representaba un obstáculo significativo para la visibilidad. Y a veces el público aplaudía con tanto entusiasmo que El Isleño les reprochaba que así no había forma de oír a los intérpretes.

Culto y popular

El Principal se entendía que era el espacio culto, mientras que otro escenario de Ciudad, el Teatre-Circ Balear, se destinaba a géneros más populares. En la sala de la Diputació se tenía que ir bien mudado: algún testimonio de la época afirmaba que las señoras de buena posición no iban, justamente, por lo de no tener nada que ponerse.

Hacia 1895, el Principal fue objeto de una de las múltiples reformas que se han llevado a cabo, hasta nuestros días, en la que se sumó el frontón que corona la fachada, hecho sobre un dibujo de Ricard Anckerman. Debió de ser en ese momento cuando desapareció –como hace poco los hermosas sombras de la plaza de Llorenç Villalonga– el olmo majestuoso que custodiaba el teatro, al pie de las escaleras laterales. Màrius Verdaguer lamentó la tala de ese árbol, que "amaba como a un ser vivo y como a un distinguido ciudadano".

El Principal era, en buena parte, un lugar de encuentro social, al que, como recoge Luis Fábregas, los chicos iban sobre todo para fijarse en las chicas, mientras eran escrutados detenidamente con los prismáticos por la posible suegra. Es donde alguno de ellos conoció a su futura mujer. Ahora es una de las infraestructuras culturales esenciales de Mallorca, y quizás ha perdido –o no?– esta función social. Pero sigue en el mismo sitio que ha servido el arte de hace tres siglos y medio.

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Teatro en catalán y un escándalo

Hacer teatro en catalán en el Principal de Palma no es un invento de ahora. Aunque aquellos eran unos tiempos mucho más centralistas que los actuales –en 1801 se había prohibido toda actuación que no fuera en castellano–, tan pronto como en 1874 vino de Catalunya la compañía Tutau-Mena, representando a autores como Frederic Soler Pitarra . En cuanto a la producción autóctona, ya en 1866 se estrenó El cordó de la villa , de Pere de Alcàntara Penya.

En el Principal, a lo largo de su larga historia, se han puesto en escena todo tipo de espectáculos: tragedia, comedia, ópera, zarzuela, danza, conciertos... y algún invento extravagante, como el baile 'fantástico-eléctrico-aéreo' de la Bella Enriqueta, que en 1901 se causó un verte.

Información elaborada a partir de textos de Gaspar Sabater, Juan Mas Vives, Antonio Nadal, Juan Bonet, Miguel de Sants Oliver, Marius Verdaguer y Luis Fábregas y Cuxart y el volumen colectivo Historia del Teatro Principal.