Países Catalanes, capital Cuidado

En enero de 1976, hace 50 años, organismos unitarios de Cataluña, la Comunidad Valenciana y Baleares reclamaron al santuario mallorquín el 'rotura democrática', la amnistía y la autodeterminación

El santuario de Cura.
24/01/2026
6 min

PalmaPaíses Catalanes, capital... ¿Barcelona? Ésta sería quizá la respuesta más evidente. En cambio, hace 50 años, en enero de 1976, el epicentro de la política de las tierras de habla catalana fue un rincón de Mallorca de resonancias lulianas: el santuario de Cura, en el monte de Randa, donde se encontraron partidos e instancias unitarias de Cataluña, el País Valenciano y las Islas Baleares, por consenso decía el 'rotura democrática' con la dictadura, la amnistía para los prisioneros políticos y el derecho de autodeterminación.

Un antecedente clarísimo de este encuentro fue otra reunión clandestina de catalanes, valencianos e isleños, en 1968. Ésta también en Mallorca, en el Arracón: se ve que lo de la periferia tiene sus ventajas, cuando hay que buscar un lugar discreto. En el 'Contuberni de l'Arracó', como fue conocido, se encontraron una veintena de personajes bien destacados de la intelectualidad en lengua catalana, de marcado signo opositor al franquismo. Entre ellos, Joan Fuster, acuñador del término 'Països Catalans' para referirse al conjunto de los tres territorios. Si bien el escritor valenciano encontró que aquello era demasiado charlar y charlar y prefirió salir un buen rato, a dar un trago de whisky.

La nómina del 'Contuberni' era impresionante: los escritores mallorquines Antonina Canyelles, Josep Maria Llompart y Antoni-Lluc Ferrer; el estudioso del mallorquinismo y más tarde senador Gori Mir; Climent Garau, poco después presidente de la Obra Cultural Balear; el editor Francesc Moll Marquès y el historiador menorquín Andreu Murillo. De Cataluña, el autor teatral Josep Maria Benet i Jornet y el histórico dirigente de Unió Democràtica de Catalunya Miquel Coll i Alentorn. Se plantearon posibles políticas culturales, educativas y sociales de colaboración. Una de las ponencias se titulaba La unidad entre las tierras y los hombres de los Països Catalans, cuando "la unidad entre los hombres y las tierras de España" era una expresión emblemática de la dictadura: quizás sería cosa de Fuster, uno de cuyos rasgos característicos era la ironía.

El escenario del encuentro fue el antiguo convento de monjas, facilitado por el cura Gaspar Aguiló, y otra de las ponencias preveía un futuro segundo encuentro, también en Mallorca. La Guardia Civil había sabido de aquella reunión clandestina, pero sin mucho acierto: buscaba a los participantes por la zona de Randa.

Arroz sucio para un centenar

Parece como si Benemérita les hubiera dado la idea, porque, cuando se planteó otro encuentro de representantes de los tres territorios, fue Randa el lugar elegido, aquel sábado, 31 de enero de 1976. Habían pasado siete años y las circunstancias habían cambiado lo suficiente. Acababa de morir Franco: el régimen daba señales de una tímida apertura, mientras que el conjunto de la oposición exigía romper con la dictadura y establecer una democracia: en el ámbito de lengua catalana, también recuperar el autogobierno –con matices entre los diferentes partidos: las discrepancias sobre este punto afectaron gravemente a los comunistas, entonces la fuerza. Por esas mismas fechas se llevaba a cabo el Congreso de Cultura Catalana, un conjunto de actividades con las que la lengua común recuperaba la presencia pública.

Retrato de Josep Benet.

Que ambas reuniones se realizaran en espacios eclesiásticos no era ninguna casualidad. A la luz del reciente Concilio Vaticano II, la Iglesia católica, el antiguo aliado incondicional del régimen, se había situado en posiciones mucho más críticas. No en vano, entre los participantes del 'Contuberni' estaba el canónigo Pere Joan Llabrés. Por otra parte, sus recintos inspiraban todavía un cierto respeto a las autoridades: lo de acogerse a sagrado, de toda la vida.

Por aquellos últimos años del franquismo –y, evidentemente, de forma clandestina– se habían constituido organismos unitarios en los diferentes territorios, para coordinar esfuerzos contra la dictadura: Asamblea de Cataluña y Consejo de Fuerzas Políticas de Cataluña; Consejo Democrático del País Valencià y Junta Democrática del País Valencià; Junta Democrática de las Islas, y la comisión organizadora de la Asamblea Democrática de Menorca. Todas estas entidades estuvieron en el encuentro en Cura.

En cuanto a fuerzas políticas mallorquinas, asistieron el PSOE, el Partido Socialdemócrata –al año siguiente se integraría Unión de Centro Democrático (UCD) para las primeras elecciones–, Convergencia Socialista, el Grupo de Formación Marxista-Leninista y el colectivo que en ese momento crea en aquel momento. Además de personalidades independientes.

Aquella reunión fue mucho más numerosa que la del Arracón. Casi un centenar de personas se recogieron en la hospedería de Cura y "entre plato de arroz sucio y bistec con patatas", como relata Antoni Serra, abordaron la cooperación política entre los tres territorios. La nómina de participantes fue también espectacular: de Cataluña, Josep Benet –sería el senador más votado de todo el Estado en 1977–, el filólogo Jordi Carbonell, los comunistas Rafel Ribó y Antoni Gutiérrez El Guti y Miquel Sellarès, de Convergencia Democrática; del País Valenciano, el escritor Vicent Andrés Estellés, el matemático y filólogo Josep Guia y el jurista Manuel Broseta –moriría asesinado por ETA en 1992; de Mallorca, prácticamente quien es quien de la oposición clandestina: Félix Pons, Francesca Bosch, José María Llompart, Manuel Mora, Antonio Tarabini, Antonio Serra, Francisco Obrador, Clemente Garau, Celestino Alomar, Sebastià Serra e Ignasi Ribas; y de Menorca, Miquel Vanrell, Juli Mascaró y Adrià Carreras. Sí, mayoría abrumadora de hombres; entonces era así, también entre los demócratas.

Las discrepancias insuperables

Quizás por la nutrida concurrencia, esta vez no fue posible despistar a las autoridades. El gobernador civil, Ramiro Pérez-Maura, que acababa de sustituir al ultraderechista Carlos de Meer, estaba enterado de la reunión de Cura. Según Antoni Serra, pidió consejo sobre cuál iba a ser su actuación –prohibir o no prohibir: ese era el dilema–, a Antonio Alemany, entonces director de Diario de Mallorca, de marcada tendencia aperturista. "Echa la vista gorda", le recomendó Alemán. "No son peligrosos". Y él lo sabía de primera mano, porque con la práctica totalidad compartía el grupo Tramuntana, otro foro de la oposición. Sólo se estableció una vigilancia policial en el exterior –por si acaso.

A diferencia del encuentro en el Arracón de ocho años atrás, esta vez parecía que el término 'Països Catalans' no suscitaba consenso, sino más bien todo lo contrario: un desacuerdo encendido e insuperable. Una parte de los asistentes los entendían como la nación común, pero el resto sólo los admitía como comunidad de lengua y cultura –el eterno debate de siempre. Total, que la propuesta de un organismo unitario para los tres territorios no salió adelante.

Otra divergencia era entre aquellos que ligaban las libertades con la autodeterminación como condición indispensable –o, incluso, previa–, y aquellos que establecían la democracia como prioridad. Con todas las diferencias del mundo, aquello era como en la II República en guerra: si primero debía ganarse la guerra o si debía hacerse la revolución al mismo tiempo.

A pesar de todas estas discrepancias, se llegó a redactar un comunicado conjunto. En este documento, los participantes expresaban su satisfacción por haber llevado a cabo el encuentro –sin ser detenidos por la Policía, les faltaba añadir– y se reiteraban en el 'break democrático', el cual debía implicar "la amnistía general, las libertades políticas y sindicales" y "el derecho a la autodeterminación de todos los pueblos". Que el PSOE y algunos que después estarían en la UCD apoyaran este derecho sólo se explica por las circunstancias extraordinarias del momento.

Los abajo firmantes expresaban también su apoyo al Congreso de Cultura Catalana ya la oficialidad de la "lengua propia" –que no se le llamara 'catalán' probablemente era un síntoma de lo difícil que era consensuar esta denominación: otro punto de discrepancia. Además, anunciaban la continuidad de estos encuentros a tres bandas. Pero no fue así; una y aceite. En lo sucesivo, cada uno haría su camino. Pronto cambiarían las circunstancias: una parte de la oposición se mantendría en sus trece con el 'rotura', mientras que los más pragmáticos darían por buena la reforma desde el propio régimen articulada por Adolfo Suárez. Pero ésta ya es otra historia.

El santuario que dio nombre a un proyecto de Estatut

Cuidado sirvió de escenario a otro episodio destacado de la Transición en las Islas. El 13 de marzo de 1977 se presentó en la explanada del santuario un anteproyecto de Estatuto de Autonomía –uno de los diversos que se redactaron en aquellos momentos–, firmado por la Asamblea Popular de Mallorca, que agrupaba a la izquierda nacionalista y la de ámbito estatal, situada a la izquierda del Partido Comunista. La revista Lluc se hacía eco de la asistencia multitudinaria –cerca de mil personas– y del apoyo de personalidades como Francesc de Borja Moll, Josep Maria Llompart, Llorenç Capellà y el futuro senador Lluís Xirinacs.

El anteproyecto de Cura partía del "derecho a la autodeterminación de los pueblos", reconocido allí mismo un año antes. Planteaba la posibilidad de una federación de Baleares con Catalunya y la Comunidad Valenciana –vetada por la Constitución del año siguiente–, así como que cada una de las Islas pudiera separarse del resto. En ambos casos, con la realización de un plebiscito.

Curiosamente, el 'Estatut de Cura' utilizaba para la futura institución autonómica balear el nombre de Generalitat –al igual que en Catalunya y la Comunidad Valenciana–, aunque, históricamente, sólo existió en el antiguo Reino de Mallorca una generalidad de forma efímera, al no tener Corts. Además, el presidente de las Islas sería elegido por sufragio universal. Baleares tendría competencias de policía y orden interior y la recaudación de impuestos, cediendo una parte al Estado, según el modelo vasco. La lengua oficial sería el catalán –con enseñanza obligatoria del castellano–; y la bandera, la cuatribarrada.

Información elaborada a partir de textos de Miguel Payeras, David Ginard, Juan López Casasnovas, José Pons Fraga, Bartolomé Caimari Calafat, Antonio Janer Torrens, Pedro Antonio Pons, Gabriel Ensenyat Pujol, Lina Moner Mora, Pau Cateura y José Guía y Marín, y las memorias de Miguel Rosselló Lucas y el volumen colectivo Memoria viva.

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