La burguesía progresista de Sóller, arrasada por la represión franquista

El golpe de estado de julio de 1936 supuso la desaparición de la clase acomodada de izquierdas en uno de los pueblos con más dinamismo económico de Mallorca gracias a su tejido industrial

PalmaEn Mallorca, durante la Guerra Civil, uno de los principales objetivos de los insurrectos fue la clase acomodada que apoyó la Segunda República. El símbolo de aquella represión sería el alcalde de Palma, Emili Darder, médico de formación, que en 1934 había ayudado a fundar Esquerra Republicana Balear (ERB) para hacer de contrapoder al caciquismo. El 24 de febrero de 1937, después de un consejo de guerra fantasmagórico, Darder fue fusilado. En aquel fatal destino le acompañaron dos compañeros de partido, el empresario alcudiense Antoni Maria Ques y el ex alcalde de Inca Antoni Mateu, y el socialista palmesano Alexandre Jaume. De ERB hubo ocho alcaldes más asesinados: Joan Mas Verd Cosecho (Montuïri), Clemente Garau Juan (Porreres), Pere Llull Fullana (Algaida), Pere Josep Cànaves Sales (Pollença), Pau Crespí Villalonga (Mancor del Valle), Pedro Vallespir Amengual (Costitx), Joan Alemán Villalonga (Búger) y Joan Guasch.

Uno de los dirigentes de ERB que tuvo más suerte fue el solleric Josep Serra Pastor, tío del periodista Pere Serra Bauzá, fundador del Grup Serra. Desde el siglo XIX, fruto de los contactos comerciales con Cataluña y Francia, Sóller gozaba de una gran actividad industrial –llegaría a tener una veintena de fábricas, sobre todo textiles. En julio de 1936 fue de los pocos pueblos de Mallorca que ofreció resistencia a los golpistas. Serra, de 38 años, llevaba solo dos meses al frente de la alcaldía. De repente se vio acorralado por los conocidos 'Jinetes de Alcalá'. Era el nombre que recibían los 29 oficiales de Madrid que, desde junio, cumplían condena en la cárcel de San Carlos de Palma por haberse rebelado contra el gobierno republicano. El 18 de julio, el Día del Alzamiento, fueron liberados de repente por la Falange.

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"No he hecho nada mal hecho"

El 20 de julio dos 'Jinetes de Alcalá' se presentaron en la casa de Palma del alcalde Darder para detenerle. Ese mismo día otros siete se dirigieron en dos coches a Sóller con un objetivo concreto: controlar la estación radiotelegráfica del faro de Muleta, situada en el puerto. Defendiéndola había un grupo de carabineros. No dudaron en abrir fuego contra aquellos oficiales golpistas. Uno de ellos, el teniente Francisco Javier Lizasoaín, cayó muerto. Al día siguiente todo Sóller estuvo bajo el control de las fuerzas insurrectas. Según el historiador Antoni Quetglas, autor del libro Sóller. La derrota de la burguesía progresista (Ediciones Documenta Balear, 2012), en el municipio hubo 170 detenidos, 4 asesinatos y 5 ejecutados por consejo de guerra (entre ellos, los carabineros José Muñoz Enrile, Manuel Braulio, Antoni Vallespir Terrasa y José Gil).

El 21 de julio, después de tres días de resistencia, el alcalde Serra se vio forzado a ceder el cargo al falangista Jaume Casasnovas Pastor. Fue el inicio de un calvario que todavía tiene muy presente su renet, Jaume Oliver Morell, de 47 años. "Mi madrina materna, Bárbara Serra Noguera –dice– era su hija pequeña. Al abandonar el Ayuntamiento, los militares ordenaron confinar a su padre en una finca familiar de Escorca. Entonces, un amigo suyo, el empresario Llorenç Roses Bermejo, le ofreció huir a Menorca en su hoja, Pedro Oliver. Él, sin embargo, se negó. El soller era una persona sospechosa para los rebeldes. Aparte de su militancia, en junio de 1936 había sido uno de los 153 intelectuales mallorquines firmantes de la Respuesta a los catalanes, que pretendía reforzar los vínculos culturales entre Baleares y Cataluña. También lo hicieron su padre, el médico Pere Serra Canyelles, y sus otros dos hermanos, Miquel y Pere.

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En septiembre, Serra fue detenido. "Uno de los detonantes –dice Oliver– fue la acusación de haber hecho un mitin a unos obreros que entonces trabajaban por el Gorg Blau. Lo trasladaron a un local de Palma, donde, para darle miedo, le encerraron en una habitación con un ataúd y cuatro velas y le exigieron que dijera dónde guardaba las armas. Can Mir. Y de ahí pasaría al campo de concentración del Águila (Llucmajor)". Al cabo de unos meses un enfisema pulmonar obligó al ex alcalde a ingresar en el hospital. En 1938 un consejo de guerra le sentenció a muerte por 'adhesión a la rebelión'. Pero en noviembre del mismo año Franco le conmutó la condena por la de cadena perpetua. Fue a resultas de unas gestiones que hizo su hermano Miquel ante el gobierno de Burgos y el obispo de Vic ante el cardenal Gomà. La cadena perpetua acabaría conmutándose por 30 años de cárcel. El dirigente de ERB no agazaría nunca la cabeza. "Para poder tener más ventajas penitenciarias –apunta el renet–, su padre le escribió cartas para recomendarle que firmara un manifiesto de adhesión al régimen. Le recordaba que debía hacerlo por el bien de su mujer y de sus dos hijas adolescentes. Él, sin embargo, insistía en que no había hecho nada mal hecho".

El perdón de Roses y Marqués

Estando encarcelado, Serra se enteraría de la muerte de Llorenç Roses y de otro amigo empresario, Bernat Marquès Rul·lan. Hijo de un mallorquín y de una puertorriqueña, Roses había nacido en 1895 en Puerto Rico, pero de pequeño se instaló en Sóller. Se casaría con la hermana del alcalde Darder. En 1931, con la proclamación de la Segunda República, ocupó de forma interina, durante un mes, la alcaldía sollerica. En 1935 promovió la ciudad jardín de Palmanova (Calvià). Con el levantamiento militar de julio de 1936, Roses fue detenido, al igual que su cuñado. Sería fusilado en el cementerio de Palma el 19 de noviembre de 1936. Tenía 41 años y dejaba mujer y ocho hijos.

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Siete meses después sería el turno de Marquès, unos 30 años mayor. Era un 'indiano' que había hecho fortuna en Puerto Rico y había sido presidente de ERB en Sóller. Junto a su esposa y sus cinco hijos, fue condenado a muerte. La revisión de la sentencia certificó la pena de muerte para él, mientras que sus familiares tuvieron que asumir entre dos y cinco años de cárcel. Marqués, de 68 años, fue ejecutado en el fortín de Illetes (Calvià) el 5 de junio de 1937. Una de sus hijas fue Jéanne Marquès Mayol. Muerta en 2006 a 92 años, sería uno de los últimos testigos de la figura de Aurora Picornell, con quien estuvo encerrada en Can Mir.

Antes de ser fusilados, tanto Roses como Marquès tuvieron la oportunidad de despedirse de sus respectivas familias por carta. En 2013 el historiador Manuel Aguilera localizó aquellos escritos. "Di al padre –consignó Roses a su mujer– que me perdone, ya mis hijos, que perdonen a mis enemigos. Adiós, querida mujer. Recibe este último beso de tu marido y perdóname por todo lo que te he hecho sufrir y por lo que sufrirás en este mundo". En la misma línea se manifestó Marqués: "Mantengo la protesta que somos inocente y que todas las acusaciones responden a venganzas personales y odios de familia [...]. También os ruego que no odieis a nadie".

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Pendiente de homenaje

Sierra lloraría mucho aquellas pérdidas. En diciembre de 1942 le llegó la noticia de la muerte de su hija mayor, de 19 años, enferma de tuberculosis. "El director de la cárcel –recuerda el renet– no autorizó que asistiera a las ceremonias fúnebres. Finalmente pudo ver a la hija antes de que fuera enterrada gracias a la complicidad de un guardia, que le permitió salir de noche. Su mujer y su otra hija, mi floreciente supieron que había acudido. Dos meses después, en febrero de 1943 el solleric vio reducida la pena de prisión de 30 a 10 años. Finalmente, dos meses después, se le concedió la libertad condicional. "Tiempo después pudo recuperar la farmacia de su pueblo, que le habían incautado. Sin embargo, unos años después, la traspasó. Se retiró de la vida pública y se fue a vivir a su finca a las afueras de Sóller, donde montó una granja".

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Serra murió en 1962, a 64 años, a causa del enfisema pulmonar que arrastraba. "Fue –resalta el renet- una persona muy firme y digna. Siempre decía que los que antiguamente daban miedo acabaron teniendo miedo al miedo que hacían, porque se avergonzaban de sus actos". Oliver lamenta el olvido institucional de su repadrino: "En 2009 se hizo un acto de homenaje conjunto a los alcaldes democráticos de Sóller. Nunca ha habido ningún centrado en su figura, teniendo en cuenta que fue el último alcalde republicano y que fue gravemente represaliado por razón de su cargo, al que ha sido represaliado". En 2015, en cumplimiento de la Ley de memoria histórica, se retiró la cruz de piedra que había en Muleta en recuerdo del militar golpista Francisco Javier Lizasoaín, fallecido en 1936 por los carabineros que defendieron la estación de radiotelegrafía. No ocurrió lo mismo con el monumento de los 'caídos', que en 1939 levantó el arquitecto Gabriel Alomar en la plaza de España del municipio. En el 2016 el Consistorio, en manos de MÁS y el PSOE, decidió que bastaba con que fuera despojado de sus elementos fascistas, como la Feixina de Palma.

Maria Mayol, la voz incómoda de las mujeres

Quien logró escapar de la represión fascista en Sóller fue Maria Mayol Colom, cuñada del empresario Bernat Marquès Rul·lan, asesinado en junio de 1937. Nacida en 1883 en el seno de una familia acomodada, Mayol se crió en Francia, donde se licenció en Bordes y Lenguas. Al estallar la Primera Guerra Mundial, volvió a Mallorca y empezó a ejercer de maestra en Sóller y Felanitx. En 1926 la sollerica fundó en su municipio Fomento de Cultura de la Mujer, una asociación pionera en todo el Estado que buscaba el desarrollo intelectual de las mujeres. "En 1934 –dice el historiador Antoni Queglas– tuvo que dimitir como presidenta de la entidad debido a la presión de un buen número de socias que pertenecían a la burguesía conservadora del pueblo. Estaban molestas con sus actividades políticas. Ella era republicana, catalanista y católica. fusilada en enero de 1937. Acaso ambas se conocieron".

En las elecciones generales de noviembre de 1933, Mayol, a 50 años, se había convertido en la primera mallorquina en concurrir a unos comicios. Fue por Esquerra Republicana Balear. "No consiguió el escaño –dice Quetglas– por muy poco. Sufrió el machismo que había dentro de su propia agrupación". Aquellos comicios fueron los primeros en que las mujeres pudieran votar en España después de que en 1931, por iniciativa de Clara Campoamor, se hubiera aprobado el derecho al sufragio femenino. Durante la campaña electoral, Mayol se dirigió a las mujeres para que ayudaran a detener el ambiente prebélico que se respiraba en todas partes. Lo hace con las siguientes palabras: "Yo quisiera que las mujeres que saben inspirar la paz dentro de la familia, la supieran inspirar en la calle, y que con su conducta señalaran la otra trayectoria de la fraternidad que saben imprimir entre sus hijos. De esta colaboración vuestra, mujeres, depende en gran parte que se vuelvan las manos a las manos las que están restableciendo esta quietud dentro de la iras, son manos que calman e imprimen suavidad".

Tras el machismo sufrido en las elecciones de 1933, Mayol pidió el traslado de la plaza de maestra a Cataluña, a Vilanova y la Geltrú. En junio de 1936 no dudó en firmar la Respuesta a los catalanes . El golpe de estado de julio le sorprendió en Madrid, haciendo un curso de formación. En 1939 se exilió a la Francia de su infancia. A mediados de los 40 ya pudo volver a Mallorca. Entonces, por miedo a represalias, la sollerica decidió pasar desapercibida. Primero se instaló en su pueblo y después en Cala Major (Palma) con su sobrina Catalina Marquès. Murió en 1959, a 76 años. En 1992 fue nombrada Hija Ilustre de Sóller. Uno de sus grandes legados al municipio es Fomento de Cultura de la Mujer.