El centro de arte de Hauser & Wirth, inaugurado en 2021, recibe 70.000 visitantes cada año y ya suma más de 330.000 en sus cinco primeras temporadas. En todo este tiempo, también se han organizado más de 500 eventos y visitas de grupos y han pasado por él 22.000 alumnos procedentes de 439 instituciones educativas diferentes.“Los profesores son los primeros en venir cada temporada”, nos dice la directora de Hauser & Wirth en Menorca, Mar Rescalvo, para quien “es importante que la mayoría de actividades que hacemos estén pensadas para el público local. Es cierto que a lo largo de la temporada recibimos visitantes de todas las nacionalidades y edades, expertos en arte, en cultura y en gastronomía, pero también viene mucha gente a leer un libro, visitar el antiguo hospital y la exposición o comer en el restaurante, que tiene mucho éxito”.Ayudan las entradas especiales de temporada que Hauser ha preparado para atraer “a la comunidad más cercana al proyecto”. Por solo 25 euros se puede ir y volver de la isla del Rey todas las veces que se quiera entre los meses de abril y octubre, y todas las actividades que se hacen allí son gratuitas. Las cuatro visitas escolares diarias, los talleres familiares semanales, los de movimiento y escritura, los conciertos de música y los cuentacuentos, dice, “son un claro indicador de que el menorquín quiere consumir y mantener su vínculo con el centro, porque lo tenemos lleno”. Pero, además, Rescalvo destaca que “todos los proveedores son locales, como lo son también los trabajadores y colaboradores de Hauser. Creamos sinergias con la economía de Menorca y hacemos comunidad”.De hecho, la decisión que se tomó en la pandemia de ubicar en Menorca una de las sedes internacionales de Hauser & Wirth ha generado un fuerte impacto económico y cultural en la isla. A su sombra, se han establecido una docena de galerías de arte nuevas que han convertido Menorca en un polo de atracción de compradores foráneos, que también se ha extendido al mercado turístico y inmobiliario.
Menorca y el arte global: así se consolida la rumbo cultural de la isla
Hauser & Wirth, desde la isla del Rey, abre la sexta temporada en Menorca con una exposición ideada por el norteamericano Rashid Johnson y participada por 28 artistas en la búsqueda de encontrar el camino en medio de la desorientación colectiva
CiudadelaEl centro de arte Hauser & Wirth, estrenado hace cinco años en Menorca con una exposición de Mark Bradford, abre ahora la sexta temporada en la isla del Rey del puerto de Maó. Lo hace de la mano de Rashid Johnson, un artista multidisciplinar nacido en Chicago que aterriza en Menorca con Directionless, una gran muestra colectiva que ha querido compartir con Charles Gaines, Firelei Báez y Cristina Iglesias para que traigan la obra de artistas externos a la galería. Hasta 28 creadores de diez países diferentes están representados. Todos juntos dan forma a la mayor exposición que hasta ahora se ha montado en este emblemático lugar, ya que ocupa tanto las galerías como el espacio exterior del islote.
La muestra nos desvela las diferentes visiones que los creadores de todo el mundo tienen sobre el contexto de profunda desorientación que vivimos en la actualidad y nos propone aprovechar esta incertidumbre de manera productiva. “No es un mapa, sino un conjunto de estrategias para seguir avanzando cuando el terreno donde nos movemos nos es desconocido”, resume Johnson.
Llegamos con el barco que sale del muelle de Levante del puerto de Mahón, con unos sesenta periodistas italianos, franceses, americanos, japoneses y británicos a bordo. Todos ellos invitados por la galería para difundir las novedades de la temporada y el atractivo de este espacio de arte y calma en medio del Mediterráneo.
El mismo Rashid Jahnson, presente en la inauguración, nos da la bienvenida y propone juntarnos e intercambiar sensibilidades en la admiración del arte para que las obras vayan creando redes dentro de nosotros. “El arte no se lee, solo se leen los libros. El arte entra en conflicto contigo”, dice. Después, la coordinadora de la exposición, Alexis Lowry, se encarga de explicar al detalle las conexiones de todas las obras que se exhiben.
Todas, con un mismo vínculo: la arqueología, el paso del tiempo, la identidad, el colonialismo, el legado y, en este sentido, el interés por las rocas y los sustratos, por el material expuesto en una isla con tanta historia. Es un gran cuestionamiento sobre el arte, con el color y la luz como elementos estructurales de la obra y siempre con la mirada puesta en cómo nos orientamos con el espacio y el tiempo.
De esto va, precisamente, Directionless. De ver cómo, en un momento en que la credibilidad política se ha debilitado y la angustia ecológica se intensifica, ya no disponemos de puntos de referencia estables. Y es esta pérdida temporal del rumbo el verdadero motor de esta magna exposición, donde se dan respuestas contemporáneas y artísticas, desde la abstracción, la figuración y el collage, a este desencanto.
Charles Gaines aporta de diferente manera. Desde las fotos de criminales de los años 90 que salen fotografiados en la escena del crimen y con el cielo nocturno que había entonces hasta las 7.500 pequeñas baldosas hechas a mano que llenan la pared del fondo de la primera sala, todo representando la salida del sol. Es su manera de plasmar cómo las personas contribuimos individualmente a la identidad colectiva.
En las salas posteriores encontramos la huella de la historia transformada en arte, con referencias al muro de Berlín, una mujer zarandeada en las manifestaciones por la independencia en Barcelona y 50 pequeñas fotos reales de gente negra oprimida en el sur de los Estados Unidos en los años 40, entre otras. Por no mencionar el mapa mental sobre la raza, la identidad sexual, la homofobia y el racismo que Lyle Ashton Harris ha convertido en un cromático collage de letras, ideas y obsesiones personales. Y los dibujos conceptuales de Baselitz y la propuesta de gran formato Concatenations, de Michael Joo, que exhibe grandes pilares suspendidos en el techo con las palanganas que utilizaban en los hospitales los enfermos de sida durante la época más dura de la epidemia en los años 80.
Itinerario de esculturas para guiar al visitante
Afuera, el jardín y alrededores de la galería están también llenos de esculturas. Casi desde la misma llegada, donde nos reciben las inscripciones en árabe que han inspirado Rayyane Tabet para hacer una elegía a Menorca en recuerdo de Abu Umar, que fue el último rais del Taifa de la isla antes de la reconquista cristiana de 1287.
Las esculturas las ha seleccionado la artista española Cristina Iglesias y se extienden también por las fachadas y caminos, formando parte del recorrido que sigue el visitante y que conectan con la arquitectura y el entorno, un paraje protegido en medio del segundo puerto natural más grande de Europa.
Iglesias liga el conjunto formado por las esculturas de Ali Cherri, Mona Hatoum y Rayyane Tabet al mar que rodea la isla del Rey, que “es también un espacio de suspensión y de incertidumbre”. Como Menorca misma que, “con su localización al oeste del Mediterráneo, ofrece un escenario privilegiado para repensar cómo el mar debería servir para unir personas y culturas y no como frontera”. La isla del Rey se llena así de obras y artistas que hablan entre ellas y dejan entrever su diferente sensibilidad.
Un laboratorio educativo entre universidades
La propuesta artística se complementa con un proyecto educativo que, en colaboración con las universidades de las Baleares y Barcelona, ofrece un espacio interactivo donde generar ideas nuevas y métodos de trabajo. En los próximos meses, hasta el 25 de octubre, también se llevarán a cabo actuaciones en directo, festivales, talleres, conferencias y sesiones de dibujo para todas las edades.
La menorquina Tònia Coll, doctora en Bellas Artes por la Universidad de Barcelona, destaca la experiencia positiva que ha supuesto la colaboración con Hauser & Wirth. Los alumnos de su máster se han interrelacionado con la Universitat de les Illes Balears para «convertirse en mediadores y poder explicar así el arte a todo el público».
El laboratorio educativo que han montado y que se puede ver al final de la visita a la exposición, «enlaza el carácter internacional de los artistas con la peculiaridad misma de Menorca para hacer llegar el arte desde abajo».
Coll dice que ha seguido las directrices del propio Rashid Johnson, «que invita no a leer la obra ni a acercarnos a ella desde la razón, sino a interaccionar con ella. Es una exposición internacional que perfectamente podríamos ver en los grandes museos del mundo y debemos enorgullecernos de poder mostrarla en Menorca».