Historia

¡Qué venden los vándalos!

Hace 1.600 años, en 425, este pueblo germánico saqueó Baleares e inició el período más oscuro de la historia del Archipiélago, hasta que lo echó Belisari, biografiado por Robert Graves

ARA Balears

Palma'Vándalo', 'vandalizaron', 'vandalismo', son palabras que nos hablan de estropear, de estropear, de destrozar... Pero quizás los vándalos no son tan malos como estos términos nos hacen pensar. Ciertamente, su primer encontronazo con Baleares no fue muy amable: en el año 425, hace 1.600 años, saquearon estas islas entonces bajo dominio romano, y unos años más tarde las incorporaron a sus dominios. Así se inició la etapa más oscura y desconocida de toda la historia del Archipiélago, hasta la destrucción de su reino por el general Belisario, a quien el mallorquín de adopción Robert Graves dedicó una de sus novelas históricas.

Pero ¿quiénes eran los vándalos? Fue uno de los pueblos germánicos que, progresivamente, se fueron instalando en las tierras del imperio romano de occidente, hasta conseguirlas y crear sus propios reinos. Tenemos muy arraigada la imagen de aquellos 'bárbaros' –palabra que originariamente significa 'extranjero'–, arrasándolo todo a sangre y fuego, y la supuesta caída del imperio en sus manos. Sin embargo, fue un proceso mucho más complicado, con enfrentamientos, pero también con alianzas. De hecho, el imperio romano de oriente de Constantinopla –los bizantinos– no cayó. Por el contrario, con el paso del tiempo acabaría recuperando buena parte de los territorios perdidos. También Baleares.

Varios pueblos llamados bárbaros: alanos, sueves, visigodos, etc. se fueron instalando en Hispania, que entonces se refería estrictamente a la Península Ibérica. Los vándalos eligieron la Bética, que corresponde, más o menos, a lo que ahora es Andalucía –lo que ha sugerido que este topónimo podría venir, justamente, de la palabra 'vándalo', quitándole la 'v'. Desde aquí, emprendieron la razia de la que fueron víctimas las Islas el 425. Según Pere Xamena, "las devastaron completamente y se llevaron mucho botín". Si bien se fueron por dónde habían venido y las dejaron todavía bajo la autoridad de Roma.

Lo que llama la atención es que aquel pueblo, que venía del interior de Europa y que había hecho el trayecto hasta Hispania por el suelo, de repente aprendiera a navegar, con suficiente habilidad para asaltar unas islas. Parece que tuvieron la ayuda de comerciantes hispanos, que pusieron sus naves y su experiencia a su disposición. El caso es que todo se aprende en esta vida y llegaron a ser expertos marineros. Tanto, que rebautizaron el Mediterráneo como mar Vandálico –tal como Trump en nuestros días, con esta manía de llamarle 'golf de América' al golfo de México.

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¿Eran tan vándalos, los vándalos?

Los vándalos tuvieron, además, al frente, el que fue el más destacado de sus soberanos: Genseric, quien los gobernó de 428 a 477: un reinado de casi medio siglo y una longevidad excepcional para aquella época. Genseric llevó a todo su pueblo –unas 50.000 personas– a una nueva tierra prometida: el norte de África, donde establecieron un reino que se mantuvo cerca de un siglo. No por eso dejaron de lado las expediciones hacia el exterior: en el año 455 saquearon nada menos que la ciudad de Roma.

Hacia ese mismo año, los vándalos incorporaron Baleares a sus dominios. Aquel era un reino estrictamente mediterráneo y en buena parte isleño, ya que también se estableció sobre Córcega, Cerdeña y Sicilia. Ésta fue la primera –y la única– etapa en la que las Islas no fueron gobernadas desde la Península, sino desde África. ¿O desde Cerdeña? Porque parece que pertenecían a la provincia sarda, entre las que integraban sus territorios.

La verdad es que, de ese periodo en el que el Archipiélago estuvo bajo dominio 'bárbaro', no sabemos prácticamente nada. Se trata de una verdadera 'edad oscura' de nuestra historia. El número de vándalos que se asentaron en las Islas debió ser muy reducido: quizás unos pocos funcionarios. La guarnición no sería vándala sino africana.

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Los restos que nos han quedado de su dominio son, también, muy escasos. En el Museo de Mallorca se conserva una moneda de vándala, de hacia el año 495, acuñada en Cartago y encontrada en Santueri. Algunas más aparecieron en Cabrera. Un puñado, en Menorca. Piezas de cerámica. Unos bronces, en Alcudia. Un colgante, en el Islote. Y poco más.

¿Eran tan vándalos, los vándalos, cómo nos hace pensar el nombre? En el sentido que le damos ahora a esta palabra –que, por cierto, se sacó de la manga al cura Henri Grégoire para referirse a las fechorías de los revolucionarios franceses. Probablemente, no más que el resto de invasores de su época. Y seguramente menos. El historiador romano Procopio dijo de ellos que eran "el más delicado de los pueblos", y de su rey Genseric, que era un hombre tan valiente como juicioso. El Mediterráneo occidental gozó de una verdadera pax vandala en ese período. No suena mucho 'bárbaro', todo.

De hecho, con la dominación vándala, prácticamente nada cambió para los habitantes de las Islas. Las ciudades continuaron su actividad, si bien hubo cierta tendencia –como en todas partes– a aumentar el porcentaje de población instalada en el campo. El comercio siguió en manos de los isleños romanizados. Los vándalos rebajaron los impuestos, una medida con la que los ciudadanos del Archipiélago debían estar encantados. Las Islas, eso sí, sirvieron de lugar de destino para los desterrados, pero ésta es una utilidad que han mantenido a lo largo de siglos, hasta los tiempos de Jovellanos y hasta que se inventó el destierro temporal, voluntario y además pagando, es decir, el turismo. También fueron un nido para espiar a los movimientos de los enemigos.

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Los tres obispos rebeldes

Ahora bien, en un aspecto –muy importante para la época– sí que es cierto que los nuevos dueños no fueron tan amables. Los vándalos eran arrianos, otra variante del cristianismo, que afirmaba que Jesús era hijo de Dios, pero no exactamente Dios, no eterno, mientras que sus súbditos eran católicos. Por supuesto que hubo períodos de persecución y otros de cierta tolerancia. El hijo de Genseric, Hunneric, ordenó a los obispos de todos sus territorios que se presentaran en Cartago, con el objetivo de que todos expresaran su sometimiento a la fe arriana.

Uno de los pocos testimonios escritos que nos ha llegado de esta época cita los nombres de los tres obispos de las tres diócesis: Macario de Menorca, Helias de Mallorca y Opilio de Ibiza, por este orden. Los tres son citados en lista de los prelados de Cerdeña, que encabeza 'Lucífer de Cagliari' –¿cómo puede llamarse 'Lucífer', un obispo?–, dado que ésta era su provincia.

Los tres obispos de las Islas se negaron en redondo a abjurar de su fe, y por esta razón fueron desterrados. No en Baleares, obviamente. Son los primeros nombres que conocemos de un obispo de Mallorca –Helias– y de uno de Ibiza –Opili. De Menorca sí que ya consta uno anterior: Severo, el autor de la célebre carta a la que narraba la supuesta conversión 'milagrosa' –en realidad, forzada– de los judíos menorquines al cristianismo.

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A todo esto: ¿realmente Baleares estuvo bajo dominio de los vándalos, en aquellos tiempos oscuros? La pregunta parece pertinente, ante la escasez de testigos. Pero, sobre todo, porque los historiadores del pasado de Baleares tenían otra teoría sobre quien había pedido sobre las Islas en esa época: los visigodos, por supuesto. 'España' se identificaba con 'el reino de los vasos' y 'la pérdida de España' era la del rey Rodrigo. Nunca podía ser que una parte del Estado no se hubiera encontrado bajo su dominio –Canarias son un caso aparte, y de hecho allí dicen 'vasos' en los peninsulares.

Los cronistas Joan Binimelis y Joan Dameto afirmaban que los vasos habían conquistado Baleares. Tuvo que llegar otra 'autoridad', Josep Maria Quadrado, para dejar bien claro que eran los vándalos quienes lo habían hecho. Tanto era: los niños de las Islas tuvieron que aprenderse igual la lista de unos reyes –los vasos– que nunca habían sido los suyos.

El reino de los vándalos cayó en el 533 bajo la espada bizantina, dirigida por el general Belisario, a quien, justamente, el británico instalado en Deià Robert Graves dedicó una de sus novelas. Uno de sus oficiales, Apollinar, reconquistó las Islas para el imperio romano de oriente. De los vándalos, quedó muy poca cosa. Sólo esa expresión despectiva que quizá no les hace justicia.u

El mosaico destruido por el propietario del terreno porque le molestaban a los visitantes

Los restos más valiosos, con diferencia, que han quedado en Baleares de la etapa de dominio de los vándalos, no los construyeron ellos. Son las basílicas paleocristianas de Mallorca y Menorca, el ejemplo más destacado de este tipo de construcción de todo el Estado. Lo que ha quedado, claro, después de las acciones de los vándalos de nuestros tiempos –estos sí, en el sentido de destructores.

Las basílicas paleocristianas son –o eran– las de Cas Frares –Santa Maria–, la Carrotja –Portocristo–, Son Peretó –Sant Llorenç– y Son Fadrinet –Campos–, en Mallorca. Y las de la isla del Rey, Son Bou, el Fornás de Torelló y el jefe del puerto de Fornells, en Menorca. Carlos Garrido recoge cómo Son Bou y el jefe del puerto de Fornells datan de entre los siglos V y VI –coincidiendo con el período vándalo–, y las del Fornás de Torelló y Son Peretó, del V, con lo que también podrían corresponder a esta etapa.

¿Cómo es posible que, bajo un dominio 'herético' y hostil, los católicos pudieran erigir estos monumentos? Probablemente, por esa condición periférica que siempre nos ha caracterizado. África quedaba muy lejos. Por otra parte, como observa Josep Amengual, si bien en otros territorios los santuarios católicos fueron incautados y entregados a los arrianos, a los que debían aprovechar, en las Islas, si prácticamente, no había vándalos?

Algunas de estas construcciones han sufrido los estragos ya no de los bárbaros de la primera Edad Media, sino mucho más recientes. Éste es el caso de Cas Frares, donde su mosaico quedó al descubierto en 1833. Aquello despertó tanta curiosidad que su propietario, molesto por tantos visitantes, lo destruyó. Por suerte se había hecho un dibujo, gracias al cual al menos sabemos cómo era.

No es el único caso, por desgracia. La basílica de la Carroja fue destruida al desarrollar la urbanización de Portocristo. Sólo se ha conservado su pila bautismal, que puede contemplarse detrás de un cristal, en la avenida de Joan Amer. El yacimiento de Son Peretó estuvo en peligro de desaparecer cuando, en fecha tan cercana como en 1980, le pasó por encima un tractor.

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Información elaborada a partir de textos de José Amengual y Alcalde, Miguel Ángel Casasnovas, Pedro Xamena Fiol, Carlos Garrido, David Álvarez Jiménez y José Orlandis y el volumen colectivo Las Islas en las fuentes clásicas.