Conciliación

Septiembre pone contra las cuerdas la conciliación de las familias: "¿Y yo qué hago con los niños?"

Escuelas de verano cierran mientras muchas familias todavía trabajan, una situación que deja al descubierto un vacío que a menudo acaban cubriendo los abuelos

25/08/2026 - 21:35 h.

PalmaEn Baleares, el verano es la temporada de más trabajo para muchas familias y, a la vez, el período de vacaciones más largo para los niños. Es una contradicción que cada año obliga a miles de padres y madres a hacer malabares para poder ir a trabajar mientras sus hijos aún no han vuelto a las aulas. El problema se hace especialmente evidente en septiembre, cuando las escuelas de verano empiezan a cerrar, pero la escuela ordinaria aún no ha comenzado. Durante estos días, las familias deben recurrir a familiares, actividades privadas y soluciones improvisadas para cubrir un vacío que, según la Federación de Familias de Mallorca (FAPA), continúa sin una respuesta estable.

“Las necesidades y las condiciones laborales de Baleares son diversas”, explica Miquel Àngel Guerrero, director de la Oficina Técnica de FAPA. “Tenemos muchas familias que trabajan durante el verano y esta gente no tiene vacaciones hasta finales de octubre”. La realidad laboral de las Islas hace que muchas familias no puedan hacer coincidir sus vacaciones con las de los hijos. “En septiembre, la gente que ha podido tener vacaciones en agosto es el porcentaje mayoritario. Pero hay un gran volumen de familias que trabajan durante agosto y septiembre”, señala.

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Las voces del problema

Natalia es una de esas madres que durante el verano tiene que ir encajando los horarios laborales con los de sus hijos. Cuando puede, recurre a actividades y escuelas de verano; cuando no, a la familia. “El problema es que yo no puedo irme de vacaciones tres meses. Mis hijos sí que las tienen, pero yo tengo que seguir trabajando. Cada semana tengo que mirar quién los puede tener, qué días hay escuela de verano y qué puedo pagar”, explica. Para ella, el peor momento llega ahora, en septiembre. “En agosto todavía tienes más opciones, pero llega un momento en que la escuela de verano se acaba y el colegio aún no ha empezado. ¿Y yo qué hago con los niños? No puedo dejar de trabajar”, lamenta.

La situación obliga a muchas personas a recurrir a la red familiar. “Acabas pidiendo favores. A la madre, a los padrinos, a quien sea. Y lo haces porque no tienes otra alternativa. Pero no puedes estar cada año pidiendo a otra persona que se quede con tus hijos porque tú tienes que ir a trabajar”, relata Natalia. Su caso ejemplifica, según FAPA, una situación que no se puede resolver únicamente con medidas puntuales. “Hasta ahora, se habla mucho de conciliación, pero todavía no hemos encontrado un plan real por parte de la Administración”, critica Guerrero.

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Las escuelas de verano son una de las principales alternativas durante las vacaciones, pero no cubren siempre todo el periodo. “Las escuelas de verano, cuando las hay, abren hasta antes de empezar las clases, pero nos encontramos con muchas otras escuelas que solo abren hasta finales de agosto”, explica Guerrero. El problema es que, cuando estas actividades acaban, todavía quedan días de vacaciones escolares. “No hay ninguna otra alternativa gratuita para tener a los niños atendidos durante este periodo”, alerta.

La falta de alternativas hace que los abuelos acaben convirtiéndose en una pieza fundamental de la conciliación. María Luisa es abuela y este verano ha tenido que asumir el cuidado de los nietos de 7 y 4 años para que los padres pudieran trabajar. "Lo hago porque son mis nietos y porque, si no les puedo ayudar yo, no sé qué harían. Pero también tengo mi vida. No es que esté de vacaciones y no tenga nada más que hacer", explica. Durante estas semanas, ha tenido que establecer los horarios en torno a los nietos. "Hay días que me tengo que organizar porque los tengo que tener toda la mañana, ir a buscarlos, darles de comer y estar con ellos hasta que llegan sus padres. Y lo hago encantada, pero llega un momento que también cansa".

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María Luisa entiende que sus hijos necesiten ayuda, pero considera que los abuelos no pueden convertirse en el principal mecanismo de conciliación. “Los hijos cuentan con los abuelos porque saben que estaremos. Pero nosotros también nos hacemos mayores. Y no siempre podemos estar disponibles”. Guerrero coincide con esta idea. “La solución ideal es que los niños puedan estar con los padres o con la familia. Si puede haber abuelos, de acuerdo, pero no puede ser la solución”. Y añade: “No podemos contar con esto, porque los abuelos cada vez están más explotados”.

Además, la red familiar no es igual para todos. Hay familias que tienen los abuelos cerca y disponibles y otras que no tienen ningún familiar que pueda asumir los cuidados. “Las unidades familiares son muy diversas y hay abuelos mayores, y otros que trabajan”, recuerda Guerrero. “La red social y familiar cubre necesidades, pero, por desgracia, en muchas ciudades no existe y los niños quedan con atención deficitaria”.

Sin red

Esta desigualdad también tiene una dimensión económica. Cuando una familia no dispone de abuelos u otros familiares, las alternativas pasan a menudo por pagar una escuela de verano, un casal, actividades o una persona que cuide de los niños. La conciliación acaba dependiendo, por tanto, no solo del horario laboral, sino también de la capacidad económica de cada hogar.

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Guerrero critica que buena parte de las soluciones actuales dependen de ayudas y de la oferta privada. “Las administraciones no han puesto mecanismos ni espacios, sino que sacan subvenciones puntuales para que se hagan escuelas de verano. Según explica, cuando la gestión queda en manos de empresas y entidades sin una coordinación municipal, la oferta puede desaparecer precisamente cuando todavía es necesaria. “Si el planteamiento delega en empresas privadas o ONG, hacen una función muy local. Si, por ejemplo, en un municipio hay cuatro escuelas de verano y a mediados de septiembre solo quedan dos, será rentable, pero si cada escuela de verano va a la suya sin gestión municipal que coordine... claro que no les sale a cuenta”.

Una de las alternativas que FAPA considera que se podrían aprovechar son las infraestructuras educativas, infrautilizadas fuera del horario lectivo. “Los Patios Abiertos son una opción para las tardes, pero tenemos las mañanas en blanco y las escuelas infrautilizadas”, señala. Esta situación se hace especialmente evidente en septiembre, cuando los docentes ya se han reincorporado a los centros pero los alumnos aún no han comenzado el curso. “Hay escuelas que ponen pegas y son reticentes a que haya escuelas de verano trabajando en el mismo espacio que los docentes”, asegura Guerrero.

Revuelo familiar

El resultado es un modelo de conciliación que a menudo se construye a partir de soluciones individuales: padres que se reparten los turnos, vacaciones que se adelantan o se retrasan, abuelos que asumen a los nietos, familias que pagan servicios privados e infantes que van pasando de un recurso a otro hasta que llega el primer día de clase. La solución, sin embargo, no es adelantar el inicio del curso escolar. Natalia lo resume desde la perspectiva de una madre que cada verano tiene que volver a empezar de cero: “Solo pido que haya una opción. Que no tenga que empezar cada septiembre pensando a quién puedo pedir un favor o cuánto me costará tener a mis hijos atendidos”, dice. María Luisa lo ve desde el otro lado de la cadena de cuidados: “Ayudaré a mis hijos siempre que pueda, pero los abuelos no podemos ser la solución a un problema que es de todas las familias y de la sociedad en general, con unos horarios laborales que hacen que muchos padres ni siquiera puedan ver a sus hijos despiertos”, lamenta.

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La cuestión, para FAPA, es que la conciliación no puede depender de si una familia tiene abuelos disponibles, puede pagar una escuela de verano o vive en un municipio que ha conseguido mantener una oferta de servicios hasta la vuelta a las aulas. “Hasta ahora, se habla mucho de conciliación, pero todavía no hemos encontrado un plan real y el Gobierno lo confía todo a dar subvenciones para montar escuelas de verano”, insiste Guerrero. Septiembre volverá a demostrarlo: mientras muchos adultos trabajan, los infantes todavía están de vacaciones. Las vacaciones escolares acaban, sí, pero la necesidad de cuidar a los menores no se detiene.