Masificación turística

Los residentes conquistan el Born de Palma a golpe de trempó y pan con aceite

El encuentro ha sido precedido por la polémica decisión de la Policía Nacional de ordenar a los restaurantes del Born que retiraran las terrazas durante el acto

Personas en el Born, disfrutando de una cena al fresco.
26/08/2026 - 21:45 h.
5 min

PalmaEl Born ha sido esta noche de los vecinos. Cientos de residentes de Palma han conquistado el paseo con fiambreras, trempó, pan con aceite y ganas de compartir mesa en el último Miércoles a la Llesca del verano, un encuentro vecinal impulsado por Brunzzit que ha convertido durante unas horas uno de los espacios más emblemáticos y turistificados de Ciutat en una gran cena al fresco. El encuentro ha sido precedido por la polémica decisión de la Policía Nacional de ordenar a los restaurantes del Born que retiraran sus terrazas durante el acto, ante el temor de que la concentración pudiera derivar en actos de "sabotaje" o "confrontación directa" con los establecimientos, según la información trasladada a los restauradores. Horas después, sin embargo, lo que ha llenado el paseo han sido familias, jóvenes, niños y ancianos comiendo juntos y reivindicando el uso vecinal del espacio público.

Lo primero que sorprende al llegar al Born es que hoy no parece el Born de cualquier otra tarde de agosto. Las mesas de las terrazas han desaparecido y el espacio que habitualmente ocupan los clientes de los restaurantes ha quedado libre. En su lugar hay grupos sentados en el suelo, encima de los bancos o alrededor de mesas improvisadas. Una fiambrera abierta aquí, una barra de pan allá, un plato de trempó que pasa de una mano a otra. Hay quien ha traído la cena de casa y quien simplemente ha venido con ganas de compartir un rato con los demás.

Alrededor, sin embargo, el Born habitual sigue ahí. Los escaparates de las tiendas de lujo estaban encendidos, las grandes marcas internacionales iluminan el paseo y las calles de los alrededores continúan llenas de visitantes. En medio de este escenario, sin embargo, la fotografía es otra: niños jugando, familias cenando y vecinos charlando. El contraste entre el Born comercial y el Born vecinal no podría ser más evidente.

Incluso el suelo tiene hoy otra función. Hay juegos pintados en el pavimento, como la rayuela, y los adultos saltan entre cucharada y cucharada. Niños que corren, abuelos sentados en los bancos, jóvenes que llegan con amigos, parejas, familias con criaturas y personas que han venido solas y que acaban encontrando un lugar entre los demás. Todas las edades caben en el mismo paseo. "Hace años que vengo por el Born y no lo había visto así. Ahora parece que es de la gente, de los mallorquines, no de las terrazas. Es muy agradable poder sentarse aquí y ver a los niños jugar sin tener que consumir nada. Es un espacio público recuperado", explica Catalina Romaguera, de 74 años, que ha venido con sus hijas y sus nietos.

Otro cartel.
Gente sentada en medio del paseo del Born.

Un poco más allá, Marga Ensenyat, de 33 años, ha traído comida de casa y la sirve mientras sus hijos juegan a su lado. "Es esto lo que deberíamos poder hacer siempre. El Born es nuestro también. No puede ser que para disfrutar de un espacio público parezca que tengas que entrar en un restaurante y pagar", defiende. La reivindicación de esta noche, sin embargo, no tiene la forma de una gran manifestación. Es mucho más cotidiana. Se trata, simplemente, de ocupar el espacio y demostrar que un lugar público debe servir para sentarse, jugar, cenar y hablar sin necesidad de tener que consumir a precios desorbitados.

Un Born en catalán

Es aquí donde aparece uno de los elementos más simbólicos de la noche: la lengua. Durante unas horas, el Born ha cambiado de banda sonora. El paseo, acostumbrado a recibir cada día una multitud de visitantes extranjeros y a oír conversaciones en inglés, alemán, italiano o francés, esta noche ha sonado sobre todo en catalán. No es que los turistas hayan desaparecido de Ciutat. Es que los residentes han ocupado el centro de la escena. Entre las tiendas de lujo, los escaparates de las grandes marcas y las terrazas desmontadas a un lateral del paseo, las conversaciones en catalán han vuelto a oírse con fuerza. "Es una pasada ver el Born así. No queremos que deje de venir gente de fuera, pero los que vivimos aquí también tenemos que tener espacios. Muchas veces nos da alegría encontrar gente cataloparlante, como si hacerlo fuera una rareza, y esto es lo que tenemos que revertir, porque es triste. Tenemos que recuperar espacios. Un Born público no puede ser un Born privatizado por las terrazas y el turismo", asegura Carles Manzano, de 23 años.

La imagen tiene aún más fuerza después de lo que ha pasado durante la mañana. La Policía Nacional había comunicado a los restauradores que debían retirar las terrazas por la celebración del Dimecres a la Llesca, una decisión que los agentes justificaron por el riesgo de que la convocatoria pudiera derivar en acciones de sabotaje o confrontaciones con los establecimientos. La medida ha generado malestar entre los restauradores y también ha sido cuestionada por los organizadores del encuentro. Pero la noche ofrece una fotografía muy diferente de la que hacían prever las advertencias policiales. "No somos delincuentes. La Policía nos ha tratado como si viniéramos a provocar incidentes y al final mirad qué estamos haciendo: cenar, jugar y estar juntos. Es muy triste que por querer recuperar un espacio público nos traten como si fuéramos un problema", lamenta Tonia Massana, de 45 años.

Algunos de los participantes han aprovechado para jugar a juegos de calle tradicionales.
Escena general de la cena al fresco.

La Policía Nacional había vinculado los temores de incidentes con la convocatoria de Brunzit y, especialmente, con los hechos ocurridos el 26 de julio después de la manifestación contra la masificación turística, que reunió a 70.000 personas. La Brigada de Información también había considerado un factor de riesgo el lema "Liberación del espacio público", al entender que podía implicar acciones contra las terrazas y otros elementos instalados en la calle. Brunzit, en cambio, defiende que los Miércoles a la Llesca son encuentros ciudadanas sin antecedentes de incidentes y que el objetivo es recuperar espacios de Palma para el uso vecinal. Y esta noche, en el Born, el mensaje se ha expresado de una manera tan sencilla como difícil de confundir: cenando.

El pan con aceite, el trempó, las tortillas y las empanadas han ido ocupando los espacios que unas horas antes estaban reservados a las terrazas. No ha habido cartas, precios ni reservas. Tampoco camareros. Solo gente que ha traído la comida de casa y ha buscado un lugar donde sentarse. Por una noche, el Born ha dejado de ser solo un escaparate comercial o un lugar de paso. Ha sido un lugar donde quedar. Donde llevar a los niños. Donde encontrar a los amigos. Donde charlar. Donde cenar.

Banderas reivindicativas.
El Born, este miércoles durante la cena al fresco.

Y el contraste con el Born habitual ha sido casi escenográfico. A un lado, los escaparates de las marcas de lujo continuaban iluminados y los restaurantes solo atendían clientes en el interior. Al otro, un grupo de adultos jugaba a la rayuela. Una abuela compartía pan con aceite con sus nietos. Un grupo de jóvenes acababa un plato de trempó. Y, alrededor, las conversaciones de los residentes llenaban el paseo.

El Dimecres a la Llesca llega así al final del verano: con una reivindicación hecha más de tuppers que de pancartas, más de conversaciones que de discursos y más de vecindad que de confrontación. Los organizadores querían recuperar el Born como espacio de encuentro ciudadano. Y esta noche lo han ocupado. No para dejar fuera a nadie, sino para recordar que ellos también están ahí. Que el Born también es suyo. Y durante unas horas, así ha sido.

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