Lloret, casa por casa: identidad y memoria de cien años de pueblo

Con motivo del centenario de la independencia municipal de Lloret (1925-2025), ha visto la luz el libro 'Llorito, casa por casa. Memoria de un siglo. De Llorito a Lloret', una obra que reivindica el pueblo desde su espacio más cotidiano: las calles, las casas y la gente que los ha habitado

Joan Socies
01/02/2026

LloretLejos de ser una historia institucional o una cronología clásica, el libro propone una mirada diferente: contar cien años de vida a partir del lugar. El núcleo urbano, su evolución, los cambios demográficos, la microtoponimia casa por casa y la memoria asociada a cada lugar se convierten en el hilo conductor de una obra que quiere dejar constancia de cómo ha cambiado —y cómo se ha mantenido— el pueblo a lo largo de un siglo.

Según explican los dos principales autores, el proyecto empezó con la idea de hacer un libro conmemorativo del centenario, pero en breve la cantidad de material recogido —entrevistas, grabaciones orales, fotografías históricas y documentación diversa— hizo evidente que una sola publicación quedaría corta. Por eso, "desde el primer momento, se planteó como una obra en dos volúmenes, el primero de los cuales se centra sobre todo en el espacio urbano y su transformación".

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Uno de los ejes principales del libro es el análisis demográfico. Lloret ha pasado de 1.172 habitantes en 1924 a 1.619 habitantes en 2024, pero este crecimiento no ha sido lineal. El siglo XX vivió un fuerte bajón de población, seguida de un aumento notable en el último cuarto del siglo y un crecimiento acelerado durante el siglo XXI. Estos datos ayudan a entender los cambios en la estructura del pueblo y la apertura de nuevas calles.

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El libro también documenta la evolución del casco urbano a partir de planos, gráficos y fotografías, desde los primeros testimonios documentados hasta la actualidad. Un momento clave es el año 1933, con la apertura del Eixample, algo que marca el inicio de una nueva etapa de crecimiento urbanístico.

Una de las aportaciones más singulares de la obra es la microtoponimia urbana: la identificación de las casas, calle por calle, con los nombres populares, usos y actividades que han tenido lugar a lo largo del siglo XX. Peluquerías, bodegas, tiendas, cafés, hornos, estancos, posadas y asociaciones forman parte de esta cartografía de la vida cotidiana, que quedará ampliada en el segundo volumen.

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A este trabajo se suma la colección de 78 dibujos de fachadas de Biel Bonnín, realizados en 1989 y 2014, que permiten comparar visualmente los cambios en la arquitectura del pueblo, además de una extensa recopilación fotográfica. En total, "se han digitalizado cerca de 700 fotografías procedentes de 29 colecciones particulares, gracias a la colaboración de muchas familias y personas del pueblo", explican Bibiloni y Ramis.

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El libro incorpora también imágenes actuales del 2025, realizadas por Xisca Bonet y Biel Modino, que dialogan con las fotografías históricas y muestran continuidades y transformaciones. En muchos casos, estas imágenes permiten identificar a personas, usos y momentos concretos, un trabajo minucioso que los autores destacan como uno de los más complejos del proyecto.

Más allá de los datos y las imágenes,Llorito, casa por casaes una reivindicación del sitio como elemento de identidad, de espacio de relación y de memoria. Las calles no son sólo escenarios, sino espacios vividos en los que, durante cien años, se ha hecho vida social, económica y asociativa. Tal y como remarcan los autores, el libro quiere ser una respuesta al concepto de "no-sitio" y hacer valer los lugares que nos definen como comunidad.

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El proyecto es el resultado de un trabajo colectivo que, además de Pau Bibiloni y Andreu Ramis Puig-gros, ha contado con la participación de Antoni Ginard, Joan Vanrell, Biel Bonnín, Maria Joana Mateu —responsable de la digitalización del material— y otras muchas personas que han aportado documentos. Estas voces, recogidas en más de sesenta entrevistas, estarán especialmente presentes en el segundo volumen, centrado en las actividades, oficios y vida social del pueblo.

Con este primer libro, Lloret deja constancia escrita y visual de un siglo de transformaciones, pero sobre todo fija una memoria compartida que conecta generaciones, una obra que no sólo mira el pasado, sino que ayuda a entender el presente ya pensar el futuro del pueblo.