Como era Joan Aguiló, según su pareja: “Entre el pelo largo y que estaba delgado, parecía Jesucristo”
Catalina Inès Florit, pareja del artista visual nos explica los secretos mejor guardados de su infancia
PalmaUna infección bacteriana complicó su llegada al mundo en noviembre de 1983, una enfermedad que le dejó bien desperdiciado durante la infancia. Nada impidió, sin embargo, que aquel niño de Palma que pasaba los veranos enteros y fines de semana en Can Picafort corriera alegre sobre las rocas ariscas de al lado de la costa y ser un culo inquieto que cruzaba arriba y abajo con los primos, un buen grupo "de traviesas": "Se han criado en comunidad, sobre todo de comunidad, sobre todo de comunidad, sobre todo de gente. remojo saliendo de golpe de debajo el agua". Uno de los primos traviesos es el artista visual Joan Aguiló, y nos habla de él la actriz Catalina Inès Florit, su pareja, con la que se conocieron entre los colores azul y arena de los veranos.
Joan le toma cuatro años a Catalina, pero se conocen de toda la vida porque sus padrinos eran vecinos de terraza en Can Picafort –en este pueblo, las terrazas dan a la calle, una característica que hace que haya mucha relación con los vecinos. "Nos hemos criado juntos, junto a sus primos. Su madrina paterna, para mí, era la tía Ángela", dice Catalina, que cuando era pequeña veía a Joan como "el primo grande simpático". Con los años, Joan empezó a hacerles gracia, a ella ya sus amigas: "Nosotros éramos adolescentes y él estudiaba Bellas Artes en Barcelona. Llevaba el pelo largo y tenía un aire bohemio", cuenta, y recuerda que, "entre el pelo largo y que estaba muy delgado, mi hermano le decía Jesucristo".
Catalina explica que la relación de Juan con la expresión visual viene porque su madre era profesora de Plástica y, desde muy pequeño, hacían muchas manualidades juntos. "Los sábados por la mañana ella quería dormir y él iba a despertarla para hacer manualidades. La madre tiene muchísima paciencia y dedicación". La actriz, además, destaca el carácter "determinado" de Joan, y lo hace con una anécdota: "De pequeño estaba apuntado al club de natación de La Salle. Él y su hermano eran muy buenos nadadores, pero le salió una alergia a las manos y no estaba muy satisfecho con eso de nadar y le dijo que nadie le dijo que nadie le dijo que nadie le dijo que nadie le dijo que nadie le dijo que nadie le dijo que nadie le dijo que nadie le dijo que nadie le dijo que nadie le dijo que nadie le dijo que nadie le dijo que nadie le dijo que nadie le dijo que nadie le dijo que nadie le dijo que nadie le dijo que nadie le dijo que nadie le dijo que nadie le dice que Juan le dijo que nadie le pidió que nadie le diera que ella le diera que le dice que le dice. la tarjeta de la profesora. Cuando la tuvo, la llevó a su madre y le dijo: 'No quiero hacer natación, quiero ir a pintura'".
"Y todavía es así", dice Catalina: discreto a la hora de resolver conflictos, tranquilo, calmado. Según la pareja, todo el mundo que conoce a Joan coincide: "Está más en paz consigo mismo que nadie. Con los amigos le decimos, medio en broma, que es un maestro zen, y que vive su última vida. Ha construido mucho la persona que quiere ser. Es la persona más sabia que conozco", reflexiona la actriz.
Volvemos a la infancia y juventud en Can Picafort, una experiencia que, sin lugar a dudas, ha marcado la obra de Aguiló: "Creo que todo su imaginario viene de los veranos. Es donde él estaba completamente feliz: primos, padrinos, el mar, macarrones… Tiene muy idealizada esta imagen. Tiene muy idealizada esta imagen. para nosotros era idílica cuando éramos pequeños". De fondo, la música y letras de Extremoduro, grupo que le enseñó su hermano mayor.
Durante una época, Aguiló y Florit vivieron en Berlín. Un día hicieron una tour de arte urbano. Juan de repente tuvo la idea de llevar hasta Mallorca aquella propuesta, y al llegar a la isla se puso a hacer plantillas ya colocarlas por la calle, sin ninguna expectativa de nada. Catalina le acompañaba muchas vísperas y recuerda una conversación entre ella, Joan y otro amigo: "Era de madrugada en la plaza dels Patins. Hablábamos de si debía firmar con seudónimo o con su nombre. Como era arte urbano… el amigo y yo dijimos que mejor seudónimo. Quería que estaba claro: quería poner. firmarlo". Y tanta suerte que lo tuvo claro.