La Izquierda Republicana Balear que plantó cara al caciquismo
Nacida en 1934, ERB se convirtió en la voz hegemónica del republicanismo en las Islas que intentó hacer de contrapoder al bloque conservador ya caciques como Joan March. El partido fue duramente represaliado con la insurrección militar de julio de 1936. 240 de sus militantes fueron asesinados, entre ellos, nueve alcaldes
PalmaEn la lengua taíno de Santo Domingo (República Dominicana), cacique significa 'reyezuelo de indios'. En nuestra casa dio nombre a la manera de gobernar característica de la Restauración borbónica (1874-1931), que enterró a la efímera Primera República Española (1873-1874). Bajo el reinado primero de Alfonso XII y después de su hijo Alfonso XIII, el poder estuvo en manos de una oligarquía conservadora que manipulaba los resultados electorales a favor de sus intereses (incluso llegaron a hacer votar a los muertos).
En Baleares, en la mayoría de pueblos, los caciques de Madrid tenían sus propios delegados, que principalmente eran industriales y terratenientes. Éstos, con la mediación a menudo de la Iglesia, obligaban a los trabajadores a votar una candidatura concreta. Quienes se negaban corrían el riesgo de sufrir represalias importantes. Así lo constata la historiadora Isabel Peñarrubia, autora del libro Los partidos políticos ante el caciquismo y la cuestión nacional (1917-1923), publicado en 1991. Desde Mallorca, sin embargo, hubo una persona que se atrevió a romper la jerarquía caciquil impuesta desde la Península para crear una propia. Fue el banquero de Santa Margalida Joan March (1880-1962), en Verga. En 1918, para tener el apoyo de las clases populares, ordenó construir en Palma la Casa del Pueblo, que se inauguraría en 1924. También haría propietarios a los campesinos al venderlos a crédito fincas parceladas que había comprado a señores de posesiones.
En 1919 el magnate mallorquín ya pasó a controlar el Partido Liberal. La formación se convertiría en el ariete contra el conservadurismo del palmesano Antoni Maura, quien, entre 1903 y 1922, fue presidente del gobierno español cinco veces. Para tener aún más poder, en 1921 March puso en circulación el diario El Día. En las elecciones a Cortes en abril de 1923 ya consiguió un escaño. Sin embargo, al cabo de cuatro meses se produjo el golpe de estado del general Miguel Primo de Rivera, que impondría una dictadura de cerca de siete años.
En abril de 1931 el rey Alfonso XIII se vio obligado a partir al exilio para dar paso a la Segunda República. En las primeras elecciones generales de junio, Verga volvió a ser elegido diputado. Con Niceto Alcalá-Zamora al frente de la República, Manuel Azaña, de Acción Republicana, fue elegido presidente del gobierno. En los comicios de 1933 la izquierda vio reducida su representación a 91 diputados frente a los 105 de la CEDA, la coalición de derechas encabezada por Gil Robles. Sin embargo, Alcalá-Zamora entregó el gobierno a Alejandro Lerroux, líder del Partido Radical, que había conseguido 102 escaños. Con todo, un año después, ese ejecutivo incorporaría a tres ministros de la CEDA.
El 3 de abril de 1934, para unir fuerzas después de la derrota de 1933, Acció Republicana se fusionó con otras formaciones progresistas para transformarse en Esquerra Republicana (ER). Al cabo de cinco días, en las Islas nació Esquerra Republicana Balear (ERB), que sería un partido autónomo, vinculado a Azaña, y no tendría nada que ver con Esquerra Republicana de Catalunya. Se creó a partir de la suma de otras cuatro formaciones políticas: Acción Republicana de Mallorca, el Partido Republicano Radical Socialista Independiente, la Unión Republicana Federal de Inca y las Juventudes de Izquierda de Felanitx.
El alcalde republicano Emili DarderAB
Aunque sólo tendría dos años de vida, ERB sería una pieza clave para que el republicanismo arraigara entre las clases populares. Así lo mantiene el historiador Mateu Morro en la tesis doctoral recién defendida en la UIB con el título Esquerra Republicana Balear y el mallorquinismo popular durante la Segunda República. Para ello, ha tirado de archivos, bibliografía y testigos que pudo entrevistar en los años 80. La irrupción de la nueva formación no hizo ninguna gracia al cacique Joan March, que tenía bastantes problemas con la Segunda República. En 1932 había sido encarcelado a causa de sus negocios de contrabando de tabaco. Sin embargo, 17 meses después quedó en libertad habiendo sobornado al director del penal de Madrid.
ERB era un partido republicano y federal. "[Nuestro objetivo] –decían los estatutos– es la libertad de las Islas Baleares, organizadas políticamente en régimen autonómico, liberal, democrático, republicano y de justicia social". Sus principales dirigentes fueron personas cualificadas, a menudo con profesiones liberales, como los palmesanos Emili Darder y Francesc Sales Aguiló, el andritxol Bernat Jofre, el alcudiense Antoni Maria Ques, el inquero Antoni Mateu, los sollerics Josep Serra Pastor y Bernat Marquès, los felanitxers Pere Oliver y Pereus Reu. "Representaron –asegura Morro– un cambio cualitativo en la historia del mallorquinismo y del republicanismo, huyendo del elitismo que caracterizó a muchos de los herederos del proyecto renacentista como Joan Estelrich y Gabriel Alomar". El partido tuvo implantación en casi todas las islas, con cerca de 4.000 afiliados, principalmente obreros, menestrales, campesinos y maestros. Su órgano de expresión fue el semanario República.
La formación balear siempre se manifestó en defensa de la lengua y cultura catalanas. "Quiso darle la vuelta –apunta el historiador– la orientación provinciana y castellanizadora mayoritaria hasta entonces en la izquierda insular. En junio de 1936 algunos de sus dirigentes firmarían la Respuesta a los catalanes". En las elecciones a Cortes de febrero de 1936, ERB se integró en la candidatura del Frente Popular. "En las Islas, pese a intentarlo, no pudo vencer el sistema caciquil ni la fuerza electoral de las derechas, con la excepción de Formentera y Calvià. Sin embargo, en el conjunto del Estado, la coalición de izquierdas consiguió una clara victoria que le permitió recuperar el poder de nuevo con Manuel Azaña”.
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Grupo de republicanos porrerencos en 1935AB
Brutal represión
La alegría progresista sólo duraría cinco meses. En julio tuvo lugar la insurrección militar. Uno de sus financiadores fue el cacique Joan March, que no quería que la República le siguiera haciendo las cuentas. La alternativa sería una guerra civil de tres años y otros 36 de dictadura franquista. La represión contra los militantes de ERB fue brutal. Morro ha inventariado 240 asesinatos. "Las comisiones gestoras del Frente Popular que se formaron después de las elecciones del 36 –apunta– estaban presididas muchas veces por alcaldes o concejales de ERB, lo que dio una gran representación institucional al partido. Los rebeldes, por tanto, los tuvieron en el punto de mira".
Entre las víctimas de ERB hubo nueve alcaldes: Emili Darder Cànaves (Palma) –fusilado junto con sus colegas Antoni Maria Ques y Antoni Mateu–, Joan Mas Verd 'Collet' (Montuïri), Clemente Garau Juan (Porreres), Pere Llull (Pollença), Pau Crespí Villalonga (Mancor del Valle), Pedro Vallespir Amengual (Costitx), Joan Alemán Villalonga (Búger) y Joan Guasch Juan (Santa Eulalia del Río). Otros alcaldes de la formación tuvieron más suerte y tan sólo cumplieron penas de prisión. Fue el caso del de Sóller, Josep Serra Pastor, que fue indultado en 1943. Los hubo que fueron a tiempo de escapar de la isla. Habiéndose refugiado en Menorca, el de Capdepera, Miquel Julià, y el de Felanitx, Pere Oliver, partieron a Chile y Filipinas, respectivamente.
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Traición de clase
Según Morro, la represión contra los dirigentes de ERB respondía en algunos casos a una cuestión de traición de clase. "El franquismo no podía tolerar que personas acomodadas como Antoni Ques, Bernat Marquès y Pere Reus se hubieran puesto junto a las clases populares. No sólo fueron asesinados, sino que a menudo se les incautaron los bienes". Los militantes que acabaron condenados a prisión tendrían un futuro negro al quedar en libertad. El algaidín Pere Capellà pasó cuatro años encerrado en el penal de Alcalá de Henares de Madrid –fue el único intelectual isleño que luchó en el frente. Después ya no pudo ocupar su antigua plaza de maestro. Otros quedarían esparcidos en el exilio: Francisco de Sales Aguiló, en Colombia; Bernat Jofre, en Venezuela; Francesc Carreras, en México; y Maria Mayol, en Francia.
El franquismo se encargó de demonizar a cualquier militante de izquierdas. "Se les criminaliza de todas las maneras posibles. Así, poco a poco su memoria cayó en el olvido". A partir de la muerte de Franco en 1975, las biografías de estos republicanos empezaron a ser más conocidas gracias a los trabajos de investigadores como Josep Massot y Llorenç Capellà. En esta tarea se añade ahora la tesis doctoral de Mateu Morro. "Fueron personas –concluye– que, en pleno dominio del caciquismo, lucharan por un proyecto de justicia social, libertad y soberanía nacional. Su legado político tiene un gran valor y merece ser reivindicado".
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El cacique Joan Verger Tomàs
En la Mallorca de principios del siglo XX el cacique más conocido fue el margalidano Joan March, en Verga, que en 1926, a 46 años, abrió en Palma la primera oficina de la Banca March. Sin embargo, hubo otros que también se preocuparon de tener la población bajo control. Uno de ellos fue el santañero Joan Verger Tomàs, conocido como sa Geneta . Nacido en 1856, era 24 años mayor que su rival, que, para facilitar sus negocios de contrabando, adquiriría la finca Sa Vall, situada en ses Salines, en la orilla del mar –el municipio formó parte de Santanyí hasta 1925.
La figura de Verger se puede seguir en el libro del economista Cristòfol-Miquel Sbert Barceló titulado El caciquismo y su tiempo: Santanyí (1868-1936). El contrabando (Ediciones Documenta Balear, 2007). "A pesar de su escasa formación -afirma el autor-, consiguió convertirse en el dueño del pueblo. Fue uno de los caciques fuertes de Mallorca y se mantuvo en el poder ininterrumpidamente [unos 35 años] a pesar de los cambios de gobierno reglamentarios decididos desde Madrid". March, posicionado con el Partido Liberal, se enfrentó con sa Geneta, defensor del conservadurismo de Antoni Maura. Fue en 1923 para obtener el 60% de los votos liberales en Santanyí que le dieron el escaño en Les Corts. "Ya que no lo conseguía a las buenas, tuvo que servirse de la amenaza de no dejarle abrir la segunda central eléctrica en la que Verger había invertido un respetable capital".
Sa Geneta controló un pueblo muy pobre, donde imperaba el analfabetismo. Situado en el extremo sur de la isla, Santanyí no es una zona muy lluviosa ni tiene unas tierras buenas para la agricultura. Ante este panorama, el contrabando se convirtió en uno de los principales medios de subsistencia. Tuvo lugar en medio de enfrentamientos con los carabineros y guerras internas entre contrabandistas, que a menudo terminaban mal. Las represalias ( vendettas ) estaban aseguradas si alguien rompía la ley del silencio ( omertà ). En palabras de Sbert, "se prodigaban las peleas en los cafés, en las calles y en las procesiones, entre vecinos y familiares, con heridos y muertos por arma blanca y arma de fuego, por venganza, celos, discusiones o meramente mal carácter". Otra forma de escapar de la pobreza era emigrante. Por proximidad, el destino principal sería la Argelia francesa, a unos 300 kilómetros de distancia.
En los años treinta ya hubo contrabandistas que compraron solares en Cala d'Or, la famosa urbanización de Santanyí ideada por el ibicenco Josep Costa. Y a partir de los sesenta hubo que invirtieron su fortuna en el ' boom turístico'. Uno de ellos fue Jaume Moll Triay (1924-2017), que en 1980 fundó la cadena hotelera Royaltur. Verger no estuvo a tiempo de ver tanta prosperidad. Murió en 1935, a 79 años, un año antes de la insurrección militar que teñiría de sangre la isla.