Fiestas patronales

El honor de convertirse en Joan Mas i Dragut

Daniel Pérez y Rafel Morro explican cómo han vivido la elección como Joan Mas y Dragut y qué significa asumir dos de los papeles más emblemáticos del Simulacro de Moros y Cristianos de Pollença

31/07/2026 - 23:33 h.

PollençaCada verano, antes de que comience la Patrona, Pollença vive otra cita marcada en el calendario: la elección de los cargos del Simulacro de Moros y Cristianos. Más de 4.300 personas han participado este año en una votación que decide quién dará vida a los personajes más emblemáticos de la fiesta y que, con los años, se ha convertido en mucho más que un simple recuento de papeletas. Es el momento en que el pueblo elige quién asumirá la responsabilidad de representar una de sus tradiciones más queridas.

De hecho, los jardines Joan March se llenaron de candidatos, familiares y vecinos pendientes de una pantalla que actualizaba el recuento en directo. La espera se hizo larga, entre nervios, abrazos y también alguna broma para rebajar la tensión. Miquel Alfonsín –finalmente el abanderado–, todavía recuerda cómo intentaba arrancar una sonrisa a los otros candidatos: “Al menos espero que la familia nos haya votado”.

Daniel Pérez seguía el recuento con prudencia. El año pasado había quedado a solo seis votos de convertirse en Joan Mas y sabía que cualquier diferencia podía darse la vuelta hasta el final. “Mis amigos me decían que ya estaba hecho, pero yo no me lo acababa de creer”, recuerda. No empezó a asumir que sería él hasta que el resultado ya era prácticamente irreversible.

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A pocos metros, Rafel Morro vivía una realidad muy diferente. Durante buena parte de la noche se veía lejos de la primera posición. “Ya lo dábamos por imposible”, admite. Pero las últimas papeletas aún tenían que decidirlo todo. “Fue cuestión de cinco o diez segundos. De golpe pasas de pensar que no ha podido ser a ver tu nombre en lo más alto”.

Cuando el recuento se cerró, Daniel Pérez era el nuevo Joan Mas y Rafel Morro, el nuevo Dragut. Dos nombres que, a partir de ese momento, quedarían unidos a la Patrona de este año.

La segunda oportunidad

Para Daniel Pérez, la elección tenía un significado especial. La derrota del año pasado le dejó un regusto agridulce. Quedar a solo seis votos del cargo era lo suficientemente cerca como para imaginarlo y lo suficientemente lejos como para tener que esperar otra oportunidad. Pero no renunció a su objetivo. Al contrario. Decidió acabar de confeccionar el traje de Joan Mas aunque no hubiera sido elegido. “Pensé que, si algún año salía, al menos ya lo tendría preparado”.

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Este año el resultado ha sido muy diferente. Con más de 1.300 votos, ha recibido un apoyo muy superior al del año pasado, aunque asegura que todavía hoy le cuesta entender qué ha cambiado en solo doce meses. Lo que sí tiene claro es que estos días ha descubierto hasta qué punto su trayectoria personal también ha pesado en la decisión de mucha gente. Trabaja en una escuelita y, cuando volvió después de las elecciones, los niños le habían preparado una sorpresa. También ha habido antiguos padres que le han parado por la calle para decirle que habían ido a votar porque había sido monitor de sus hijos. “Son cosas que no esperas. Te hacen mucha ilusión”, dice.

Rafel Morro también reconoce que todavía está asimilando lo que significa ser Dragut. Explica que el momento en que realmente entendió la dimensión del cargo no fue durante el recuento, sino los días posteriores: “La gente mayor te para por la calle solo para felicitarte. Es cuando te das cuenta de la responsabilidad que tienes”.

Una campaña que dura toda la vida

La campaña, en realidad, comienza mucho antes de que se abran las urnas. En Pollença, la campaña dura toda la vida. Los candidatos no solo se presentan con un nombre y una fotografía. Se presentan con una trayectoria. Con los años compartidos con los vecinos, el trabajo, entidades, amistades o las generaciones de niños que han visto crecer. “La gente te conoce de toda la vida”, resume Morro.

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Pérez coincide. Explica que muchas de las muestras de apoyo recibidas no tienen tanto que ver con una campaña electoral como con las relaciones construidas a lo largo de los años. Cuando alguien le dice que le ha votado porque había sido monitor de sus hijos o porque lo conoce desde siempre, entiende que estas elecciones van mucho más allá de una candidatura. Quizás es esta la singularidad de unos cargos que difícilmente se entenderían fuera de Pollença. Nadie se presenta para ser más protagonista que nadie. Se presenta porque ama una fiesta que ha vivido desde pequeño y porque aspira a representarla de la manera más fiel posible.

“En Pollença no se disfrazan, se visten” es una frase que se repite a menudo entre los pollencinos y que resume una manera de entender la fiesta. El traje no es un disfraz. Es una pieza que forma parte de la tradición y que muchos confeccionan durante meses. Morro ha trabajado hasta el último momento en los últimos detalles del suyo, mientras que Pérez lo tenía prácticamente acabado desde el año pasado.

Daniel Pérez también deshace una idea que mucha gente de fuera tiene sobre el personaje de Joan Mas. Explica que su traje es exactamente el mismo que el de cualquier cristiano que participa en el Simulacro. “La única diferencia es que Joan Mas lleva la espada y el escudo”, señala. El protagonismo no lo da un traje diferente, sino el papel que representa durante la batalla.

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Este año, además, el Simulacro incorpora una réplica del escudo de Joan Mas y un nuevo juego de espadas, elaborados con el objetivo de preservar las piezas originales sin renunciar al rigor histórico. Son pequeños detalles que explican hasta qué punto Pollença cuida una representación que considera parte de su patrimonio.

Junto con Daniel Pérez y Rafel Morro, también representan la fiesta Marc Llompart como lugarteniente, Miquel Alfonsín como abanderado y Toni Cànaves Llobeta, Biel Bauzà Manresa, Martí Cladera Cifre y Tolo Villareal Polar como Ayuntamiento Viejo. Con el Simulacro acabado, todos prevén volver a la rutina. Pero los cargos quedarán para siempre ligados a aquella edición de la Patrona. Con el paso de los años, los pollensinos no solo recuerdan la fiesta. También recuerdan quién fue el Joan Mas, quién fue el Dragut y las personas que, durante unas horas, asumieron la responsabilidad de representar a todo un pueblo.