Migración

La historia de un joven que viajó en patera, estuvo en coma y ahora está atrapado en un limbo administrativo

Barp, un joven guineano que llegó a Ibiza después de pasar 15 días a la deriva, estuvo casi dos meses en coma y ahora intenta que la Administración reconozca que es menor de edad

ARA Balears
04/10/2026 - 17:42 h.

PalmaCuando llegó a Ibiza, Barp –un nombre ficticio para proteger su identidad– prácticamente no podía hablar. Tampoco era capaz de mirar a los ojos a las personas que tenía delante. Había sobrevivido a una travesía marítima de 15 días en una patera, en la que, según su relato, se quedaron sin gasolina, agua ni comida. Cuando el 4 de mayo de 2025 fueron rescatados, él ya estaba inconsciente.

El joven pasó casi dos meses en el Hospital Universitario Son Espases, la mayor parte del tiempo en coma, tras sufrir una hipernatremia grave, un fallo renal y una encefalopatía multifactorial. Posteriormente estuvo dos meses más en Sant Joan de Déu recuperándose de las secuelas del daño cerebral.

Ahora, más de un año después de aquella llegada, intenta reconstruir una memoria gravemente afectada por la travesía y por las consecuencias médicas que de ella derivaron. Y, al mismo tiempo, lucha por demostrar que es menor de edad y salir de lo que las profesionales que le acompañan definen como un “limbo total”.

Según su partida de nacimiento, Barp tiene 16 años. La Administración, sin embargo, le declaró mayor de edad en septiembre de 2025, después de que pasara solo unos días en un centro de menores bajo la tutela del Consell de Eivissa. Ahora CEAR (Comisión Española de Ayuda al Refugiado) intenta que esta decisión sea revisada.

Desde hace aproximadamente medio año, el joven trabaja con médicos, psicólogos y trabajadoras sociales de la CEAR para recuperar la memoria y reconstruir su historia. Actualmente está en un centro de atención humanitaria especializado en personas adultas vulnerables en Sevilla, donde fue derivado después de que se le considerase mayor de edad.

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“Llegó en una situación muy compleja física, psicológica y cognitivamente. Nunca habíamos visto un caso tan vulnerable”, explica la técnica de integración social Violeta Parladé, que le acompaña junto con la técnica de acogida Reyes Méndez.

De Guinea a Ibiza, después de tres años de viaje

Barp nació en Souguéta, una localidad del oeste de Guinea-Conakry, cerca de la frontera con Sierra Leona. Tenía 12 años cuando murió uno de los familiares con quien se había criado. Un hermano que vivía en Argelia le propuso que partiese con él. Sin avisar a su madre y sin tener muy claro qué encontraría, emprendió el viaje.

Llegar hasta Argelia fue una travesía en sí misma. Según explica, pasó por Guinea, Mali y otros territorios en un trayecto en el que se tuvo que enfrentar al control policial, a las mafias y a largas caminatas por el desierto. “Fue un sufrimiento llegar a Argelia, tardamos mucho. La policía controla la carretera y te pide dinero. Cuando llegamos a Mali, una mafia nos ayudó a pasar. Íbamos cambiando de coche, pero a veces teníamos que caminar por el desierto”, relata.

En Argelia trabajó para conseguir dinero y, finalmente, se embarcó hacia las Baleares. Recuerda que en la patera había mucha gente y que se asustó. Después se quedaron sin gasolina, agua ni comida. También recuerda personas que bebían agua del mar y “dos muertos”. El resto de la travesía es mucho más difusa en su memoria.

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El 4 de mayo de 2025, tras 15 días a la deriva, la embarcación fue rescatada. Barp ya estaba inconsciente y fue trasladado directamente al hospital. Aquel año llegaron a las Baleares 7.321 personas migrantes. Cuando se despertó en Son Espases, una de las primeras cosas que recuerda es haber visto a una mujer cerca de él. “Cuando me desperté, vi a una mujer que estaba cerca de mí. Pensaba que estaba solo, pero estaba aquella mujer”, explica.

La mujer, según pudieron reconstruir las trabajadoras de CEAR, estaba cuidando a su marido, que también estaba ingresado en el hospital. Durante aquellos días, otras personas intentaron averiguar quién era aquel joven. Una de ellas consiguió localizar a su hermano a través de una página de Facebook en la que se había difundido que había muerto. Finalmente, pudo hablar con él y con su madre.

Unos días en un centro de menores

Cuando recibió el alta hospitalaria, Barp fue trasladado a un centro de menores bajo la tutela del Consell de Ibiza. Los médicos que le habían atendido habían estimado que tenía 14 años. Como no disponía de documentación, se le practicó una radiografía de la muñeca para intentar determinar su edad.

Su estancia en el centro, sin embargo, duró solo unos días. El 23 de septiembre de 2025, la Fiscalía decretó que era mayor de edad. Según explica CEAR, en la resolución no se especificaba una edad concreta, sino simplemente que era mayor. Barp no había explicado hasta entonces que era menor. Las trabajadoras que le acompañaban aseguran que en aquel momento prácticamente no hablaba y que, aun sabiendo que era menor, no estaba en condiciones de poder acreditarlo.

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Su situación se produjo, además, en medio del debate sobre los mecanismos utilizados para determinar la edad de los jóvenes migrantes que llegan sin documentación. Entre diciembre de 2024 y octubre de 2025 se hicieron 209 ortopantomografías en Baleares: 87 determinaron que las personas examinadas eran menores y 122, que eran mayores. Según la documentación recopilada por CEAR, a Barp no se le practicó esta prueba en Baleares.

Su estado de salud hizo que, a pesar de la declaración de mayoría de edad, fuera derivado a un centro de acogida humanitaria especializado en perfiles especialmente vulnerables, pero destinado a adultos. Cuando le subieron al avión, pensaba que le devolvían a su país. Ahora, en cambio, asegura que se siente “como en casa” en Sevilla.

“Quiero estudiar para hablar bien castellano, respetar las normas, trabajar y quedarme en Sevilla. Aquí me han tratado muy bien”, explica. Las trabajadoras que le acompañan aseguran que es un alumno aplicado y que “dos clases a la semana le parecen pocas”. Su evolución ha sido tan positiva que ahora incluso se plantea participar en una actividad teatral.

Reconstruir la memoria para reconstruir la vida

La recuperación ha sido posible después de meses de trabajo personal y de acompañamiento psicosocial. Uno de los primeros objetivos fue conseguir que se sintiera seguro después de una experiencia que las profesionales consideran especialmente traumática.

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“Había visto cosas que un niño no debería ver”, explican las técnicas, y esto había hecho que desarrollara una profunda desconfianza hacia su entorno. “Ha tenido una reacción y una evolución increíble. Ha sido absolutamente inesperado”, destaca Parladé. Méndez explica que esperaron meses antes de abordar con profundidad su historia.

“Llegó en octubre y no empezamos a hablar de su historia hasta marzo porque no estaba preparado. Ya hemos podido profundizar en cuestiones más dolorosas”, señala. Este trabajo psicológico y social ha ido en paralelo con el trabajo del equipo jurídico de CEAR, que intenta demostrar que la declaración de mayoría de edad no se ajusta a la documentación que posteriormente han podido conseguir.

Con la ayuda de su familia, obtuvieron dos partidas de nacimiento que sitúan la edad de Barp en 16 años. También consiguieron que el Consulado de Guinea le expidiera un pasaporte. A estos documentos se añaden los resultados de la prueba dental que le han practicado recientemente en Sevilla. CEAR espera que todo este material permita revisar el decreto de mayoría de edad.

Un ‘limbo’ administrativo

La declaración de mayoría de edad también ha tenido consecuencias sobre su situación administrativa. Según CEAR, Barp no pudo acogerse al proceso extraordinario de regularización porque se encontraba en una situación contradictoria: el Estado lo consideraba mayor de edad, pero la documentación guineana acreditaba que era menor.

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Las profesionales que le acompañan describen esta situación como un “limbo total” y denuncian lo que consideran una “absurdidad” administrativa que le impidió presentar los documentos durante aquel proceso.

Ahora esperan que la revisión del decreto pueda permitir regularizar su situación. Mientras tanto, también continúa pendiente su solicitud de protección internacional. En CEAR han decidido prepararse para todos los escenarios. El más desfavorable sería que la Administración rechazara la revisión de la mayoría de edad. En este caso, todavía quedaría pendiente de resolver la petición de asilo.

Pero Barp ya mira más allá del procedimiento administrativo. Quiere estudiar, aprender castellano, trabajar y quedarse en Sevilla. Y, después de haber pasado casi dos meses en coma y de haber tenido que reconstruir una memoria que había quedado gravemente afectada, ahora empieza a imaginar también un futuro. “Peor de lo que ya ha vivido no hay ningún escenario. Intentaremos que, cuando salga del centro, pueda tener una vida digna e independiente”, resume Méndez. Su última visita al neurólogo, esta misma semana, ha sido positiva.