2000-2025: Cómo éramos, cómo somos

Formentera, laboratorio del siglo XXI

Los formenterenses experimentan con nuevos partidos e iniciativas medioambientales pioneras

Vicent Tur
03/01/2026

IbizaFormentera podría ser motivo de estudio en los manuales de Ciencia Política. La menor de las Pitiusas (la Pitiusa del sur, como muchos formenterenses prefieren que se diga) tiene un Consejo propio desde hace 18 años. El 10 de julio de 2007, con un sencillo truco de ingeniería política, el Ayuntamiento de Formentera se transformó por arte de magia en Consell de Formentera, con una capacidad política equivalente a la de los demás consejos baleares. Jaume Ferrer Ribas, candidato de la formación Gent per Formentera, fue su primer presidente; Ferrer gobernó durante tres legislaturas; Gente por Formentera lo hizo junto al PSOE aún una legislatura más, en lo que constituye una de las mayores demostraciones de hegemonía política de Baleares (2007-2023).

Desde que tienen Consell, los formenterenses han tenido una vida política intensa: se ha puesto en marcha el primer proyecto de regulación de entrada de vehículos de Baleares (Formentera.eco, copiado después en Ibiza); se ha hecho frente a uno de los mayores incrementos de precios de la vivienda de España y, en consecuencia, a una permanente falta de profesionales en muchos ámbitos; se ha ensayado cómo hacer compatible con mejor o peor fortuna el desarrollo turístico y la protección medioambiental; se han lanzado con éxito electoral experimentos políticos como Gent per Formentera o Compromís con Formentera, al margen de los grandes partidos tradicionales; se ha demostrado, a través del Consejo de Entidades de Formentera, que la participación real de los ciudadanos en la política era posible, y se ha hecho frente a la mayor crisis migratoria de Baleares sin prácticamente medios humanos ni materiales.

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Formentera es pequeña: 83,2 kilómetros cuadrados, 11.640 habitantes y, hasta hace poco, relativamente cohesionada desde el punto de vista social. Y éste es realmente el quid de la cuestión: el tamaño y una población implicada en su propio futuro, con un fuerte sentido identitario (al menos en parte), han sido la gasolina de la innovación política formenterera.

El oasis formenterero

Reconozcamos: muchos ibicencos hemos mirado a Formentera durante años con cierta envidia. Envidia sana, eh. En comparación con la caótica y ultraliberal Ibiza, fiebrosa de juventud y dinero, pareció que los formenterenses al menos lo intentaban. ¿Intentaban qué?: la cuadratura del círculo, la conversión del plomo en oro, la alquimia balear definitiva, la unión de Marc Ferrer y Adam Smith en un solo ser. Sin metáforas: hacer compatible la protección del medio (y de la propia identidad) con el monocultivo turístico; ser el paraíso y ser ricos al mismo tiempo, ser nosotros mismos y ganar dinero a un mismo tiempo. Marc Ferrer, impulsor de la forestación de Formentera a principios del siglo XVIII, se miraría a sus descendientes y diría: "¡Oh, sí, hijos míos! ¡Así es cómo debía hacerse!".

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El oasis formenterero se rompió del todo durante la cuarta y última legislatura progresista (2019-2023), en la que el PSOE y Gent per Formentera se repartieron el gobierno dos años cada uno; la presión de los precios de la vivienda –de tan caro que es, la población bajó a Formentera entre 2020 y 2024–, la regulación de los fondeos en el Estany del Peix y la discutida concesión de los quioscos de playa, entre otros, fueron sólo algunas de las cuestiones que llevarían a la izquierda a la oposición. Y es así que Sa Unió (coalición integrada por el PP y Compromís con Formentera, encabezada por el independiente Llorenç Córdoba) ganó las elecciones del 2023 y asumió el poder. Y nadie estaba preparado para lo que vino después.

El año que vivimos peligrosamente

Nadie estaba preparado para el 'efecto Córdoba'. El año que vivimos peligrosamente es una peli de 1982 protagonizada por Mel Gibson. En Formentera no fue un año, sino año y medio. Llorenç Córdoba Marí, veterinario de profesión, nacido en Ibiza en 1973, fue investido como presidente de Formentera el 17 de junio de 2023 y fue desalojado por sus antiguos socios el 27 de diciembre de 2024, con una misma moción de censura: siete votos a favor: siete votos a favor: Lorenzo Córdoba. Es difícil explicar qué ocurrió y seguramente nunca acabaremos de entenderlo. Una tormenta perfecta de intereses, narcisismo y deslealtad; el presidente aislado, monarca absoluto de una sola silla.

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El resultado: más de un año de parálisis política del Consell de Formentera; un espectáculo lamentable, doloroso de tan ridículo, que llegó a todos los medios estatales; los formenterenses más quemados que uno guiri sin sombrilla. En junio del 2024 el propio Llorenç Córdoba declaraba en Onda Cero: "En Formentera hemos sido pioneros en muchas cosas y también en el absurdo político sin razón objetiva". Un buen resumen. Los experimentos políticos, que hasta ahora habían ido bien (al menos, el invento no le había estallado a nadie en la cara), finalmente habían hecho descarrilar a una institución que gestiona un presupuesto de 43,5 millones de euros.

Aparentemente, los políticos de Formentera han recuperado la cordura. El sucesor de Córdoba, Óscar Portas Juan, miembro de Compromís per Formentera, antes profesor de francés del IES Marc Ferrer, representa un estilo moderado y alejado de los conflictos. Es la paz después de la tormenta. Pero los grandes problemas de Formentera, la improbable cuadratura del círculo, siguen ahí como un elefante en el comedor. Paraíso o pasta: esa es la cuestión.