El drama de las maestras 0-3: "Sobrevivimos de lo que nos dan las familias"
Clara y Marga, maestras de 0-3 de la escuela Ciudad Antigua de Palma, explican cómo la precariedad laboral y la falta de recursos condicionan su vida dentro y fuera del aula
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PalmaClara Ruiz comienza su día cuando todavía está oscuro. Se levanta a las 6 h, se arregla, sale de casa y camina durante media hora hasta la Ciutat Antiga, una guardería infantil municipal externalizada de Palma, donde trabaja como maestra de 0-3 años. A las 7.30 h comienza el servicio de madrugadores: organiza la jornada, controla la entrada de los niños y atiende a las familias si hay algún problema que requiera ayuda.
La jornada transcurre entre niños, reuniones, tareas de oficina, coordinación con las compañeras y problemas que se deben resolver sobre la marcha. Por encima de todo esto sobrevuelan las promesas incumplidas de la Administración. La sensación es que "cada día cuesta un poco más llegar a todo", dice.
En enero de este año se anunció a bombo y platillo el nuevo contrato de las guarderías externalizadas de Palma, que incluía una subida de sueldo –actualmente cobran unos 1.200 euros– y un aumento presupuestario de dos millones de euros. Nueve meses más tarde, las mejoras que, de hecho, se habían acordado en 2025, después de una huelga de varias semanas, continúan sin producirse. "Son muchos meses en los que se promete una cosa y siempre surgen nuevos problemas", explica Clara, que lamenta cómo "el paso del tiempo pasa factura a la energía, el esfuerzo y la positividad".
Marga Isern, compañera de Clara, tiene una hija pequeña. Empezaron sus reivindicaciones cuando todavía estaba embarazada. Ahora la niña tiene 16 meses. Uno de los momentos que recuerda con más impotencia llegó justo antes del inicio de curso, hace unas semanas. Durante todo el verano, tal como se había pactado, habían preparado la entrada de la pareja educativa –una profesora extra para dar clase de manera simultánea.
"Los equipos ya estaban organizados y algunas compañeras habían dejado otros trabajos porque esperaban incorporarse a las guarderías", detalla. Pero el 3 de septiembre, justo un día antes de empezar el curso, hacia las tres de la tarde, llegó el mensaje. "Llegué a casa y me despedí de mis compañeras: 'Qué bien, mañana empieza todo, que nos encontramos todas'. Y pum: resulta que no", recuerda Clara. En aquel momento, Marga estaba en casa esperando a su marido con su hija. "Estaba muy ilusionada y me quedé congelada", explica.
La incertidumbre también llegó a las familias. Cuando se comunicó que las incorporaciones no se producirían, todavía no había niños dentro de las aulas y las maestras asumieron el contenido del mensaje con las madres y los padres. "Las familias flipaban", explica Marga. "¿No teníais que ser dos dentro del aula?" era la pregunta más repetida.
Para Clara y Marga, el conflicto laboral tiene una consecuencia directa sobre aquello que más les preocupa: la atención a los niños. "Los políticos podrían venir un día a ver la situación. Comprobarían cuál es la precariedad de las escuelas de Palma. No se hacen a la idea", dice Marga.
¿Cómo juegas con 18 niños con una cocinita?
El material es uno de los ejemplos que mejor explican esta situación. Marga recuerda que la última dotación importante que recibieron en el centro fue hace aproximadamente cinco años. Entre el material había ocho muñecas, dos juegos de animales, dos juegos de construcción y una cocinita. "¿Cómo juegas con 18 niños y una cocinita?", se pregunta. Clara añade: "Ocho muñecas para diez aulas de 18 niños... No salen los números".
Por eso, las profesoras intentan completar las aulas con material que compran ellas mismas o con donaciones de las familias. En el caso de la Ciutat Antiga, explican, muchas familias también se encuentran en una situación de vulnerabilidad. "Muchas veces compramos material que nos gusta a nosotras mismas para llenar nuestra aula", dice Clara. "Sobrevivimos de lo que nos dan las familias o de lo que compramos de nuestro bolsillo", reitera Marga.
Marga también explica que esta situación ha hecho que algunas trabajadoras decidan cambiar de sector. "Por mucha vocación que tengas, si la balanza no compensa, eliges poder pagar las facturas", dice. Pone el ejemplo de una compañera que ha acabado trabajando de taxista. Clara explica que otra ha optado por Trabajo Social con usuarios con necesidades especiales, con otro convenio y un sueldo mejor.
En el caso de Clara, la situación económica también la ha obligado a tomar decisiones personales. Cuando se casó, explica, había imaginado una boda con todas sus amistades. Finalmente optó por una celebración "superíntima, familiar, casera".
Clara explica que también hay trabajadoras a media jornada que han intentado pedir una hipoteca y se la han denegado. "Son sueldos de 600 euros a media jornada", añade Marga.
6.000 firmas en la Consejería
Recientemente, la Red 0-3 de las Islas Baleares, junto con la representación sindical del sector –CCOO, UGT y STEI–, entregó 6.000 firmas a la Consejería de Educación para pedir soluciones. El colectivo considera la gestión de la Administración un "despropósito absoluto" e insiste en que la creación de una Mesa 0-3 específica es una necesidad urgente para poner sobre la mesa la realidad de las más de 900 trabajadoras de las escuelas infantiles municipales externalizadas.
Además, sus dos reivindicaciones principales son el inicio de la negociación de un Convenio Colectivo Autonómico de la Educación Infantil 0-3 y la revisión y aplicación realista de un nuevo Decreto de Mínimos. El colectivo ya ha reactivado las concentraciones en todas las Islas, entre otras, en los plenos de Cort y del Parlamento balear, donde han denunciado los retrasos en la licitación del nuevo contrato y el impacto que tienen sobre sus salarios y las condiciones de atención a los niños.