A los "boomers" les interesa que la vivienda continúe como está y los jóvenes no tienen capacidad para cambiarlo
El experto en políticas de vivienda Javier Burón asegura que la crisis no es técnica, sino económica y generacional, y advierte que territorios como las Baleares no tienen un modelo alternativo al turismo
PalmaJavier Burón recurre a un símil para explicar el problema de la vivienda como gestor público de la materia, con 25 años de experiencia en diferentes gobiernos autonómicos. "Vemos cómo la lava avanza y estamos sentados en la terraza diciendo: 'Bueno, hay tiempo. Cuando tengamos la lava encima, ya veremos qué hacemos'". Autor deEl problema de la vivienda (Arpa Editors) y director gerente de la empresa pública de suelo industrial, vivienda y cohesión territorial del gobierno de Navarra, participa este jueves, 30 de abril, en Ca n'Oleo de Palma en una conferencia organizada por la UIB sobre qué se necesita para tener vivienda social y asequible.
"El diagnóstico está hecho. Nadie duda qué pasa. Sabemos que cada vez hay menos vivienda destinada a residencia permanente a precios ligados a los salarios y, más para estancias cortas. Esto, en sí mismo, no es malo. El turismo no es el enemigo. El problema llega cuando una economía depende exclusivamente de él", analiza Burón, con una descripción que encaja con las Baleares. Según argumenta, existen experiencias, herramientas y ejemplos en toda Europa "y también en España", el cambio es posible: "La pregunta es por qué no lo hacemos".
Mientras avanza la lava, dos razones explican la inacción. La primera es el modelo económico: "En territorios como las Baleares, el peso del turismo y la parte inmobiliaria es tan grande que no existe un plan B. Cambiar la estructura de una economía no es sencillo: lleva décadas y genera tensiones". La segunda es generacional: "La mayoría de los propietarios, multipropietarios y arrendadores son personas de más de 50 y 60 años, con una concepción de la vivienda como activo económico. En cambio, la mayoría de inquilinos son jóvenes que comparten piso y que no pueden acceder a una vivienda. Mientras a los boomers les beneficia que todo continúe como está, los millennials y los Z no tienen capacidad para cambiarlo. Por eso, el problema no es técnico, tiene que ver con el modelo económico, la estructura social y decisiones políticas".
Zonas tensionadas
Buruón defiende la declaración de zonas de mercado tensionado, que el PP se ha negado a aplicar en Baleares. “Es una herramienta que funciona. No sirve para bajar los precios, pero sí para evitar que continúen creciendo de manera descontrolada. No eliminan la oferta, sino que reducen la rotación y aumentan la estabilidad”, explica además de citar una diferencia de casi 20 puntos en el comportamiento de los precios del alquiler en Madrid, donde no hay regulación, y Barcelona, donde sí que existe. “No es una solución estructural, sino un torniquete para evitar que la herida continüe sangrando. Si se aplican medidas como esta sola y durante mucho tiempo, generan efectos secundarios. Por eso, hay que combinarlas con políticas públicas más profundas”, recomienda.
El punto clave para Burón es la creación de un parque público de vivienda, como el que él capitaneó en el País Vasco, donde desde 2003 los HPO no pueden pasar al mercado libre. “Sin inversión pública real, no hay política de vivienda. Ningún gobierno que se limite a utilizar fondos estatales y europeos, sin aportar recursos propios, está apostando por la vivienda. Hace falta un sector público fuerte, que tenga vivienda, la gestione y conozca el mercado. Y a partir de aquí, colaboración con el sector privado. Pero este orden es importante. Si no tienes capacidad pública, cuando negocias con privados estás en desventaja”, prosigue.
Vivienda protegida permanente
El contexto histórico es el de la España franquista, cuando se construyeron millones de viviendas protegidas, diseñadas para acabar en el mercado libre. “Era una política pensada para convertir a los trabajadores en propietarios. El problema es que la democracia no corrigió este modelo”, dice. Además, explica por qué el parque público actual es tan escaso. No obstante, en Euskadi “se tomaron decisiones distintas: vivienda protegida permanente, reservas fuertes de suelo y un papel activo del sector público”. “Esto no ha puesto fin al mercado, como algunos temían. Simplemente, ha introducido un equilibrio distinto”.
En Baleares el reto es complejo. “La dependencia del turismo es muy alta y existe una sensación social de que ya no hay vuelta atrás. Pero la transición es posible, aunque será lenta. Y mientras tanto, las políticas a corto plazo son fundamentales, porque para mucha gente este “mientras tanto” es toda su vida”, explica.
La clave reside en “generar un ecosistema” formado por empresas públicas fuertes, cooperativas y operadores privados dispuestos a trabajar con beneficios moderados y a largo plazo. “Y, sobre todo, hay que asegurar que la vivienda protegida lo sea de verdad y de manera permanente. En última instancia, esto no lo resolverá solo la técnica. Tiene que ver con decisiones colectivas. Con qué modelo económico queremos, con qué políticas votamos y hasta qué punto estamos dispuestos a actuar antes de que la lava nos queme”, concluye.