Posidonia

Dos algas invasoras ponen en riesgo el futuro de la posidonia en las Baleares

Un estudio del Imedea alerta que la presencia de 'Caulerpa cylindracea' y 'Lophocladia trichoclados' puede frenar la regeneración natural de las praderas de posidonia en el Mediterráneo

ARA Balears
18/08/2026 - 13:45 h.

PalmaDos especies de algas invasoras presentes en el Mediterráneo pueden dificultar la regeneración natural de las praderas de posidonia. Un estudio del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (Imedea) ha constatado que la presencia de Caulerpa cylindracea y Lophocladia trichoclados reduce entre un 40% y un 50% la biomasa de las hojas y los rizomas de las nuevas plantas de posidonia, además de afectar a sus reservas energéticas y a las comunidades de microorganismos asociadas a las raíces.

La investigación ha analizado durante más de cinco meses las primeras fases de desarrollo de la posidonia en un escenario sometido a dos de los principales cambios que afectan a los ecosistemas marinos: el aumento de la concentración de CO₂, asociado a la acidificación del mar, y la expansión de las macroalgas invasoras.

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Los resultados muestran una diferencia clara entre los dos factores. Mientras que el incremento de CO₂ no provocó mejoras significativas en el crecimiento ni en la fotosíntesis de las nuevas plantas, la exposición a las algas invasoras sí tuvo efectos importantes sobre el desarrollo. Las plántulas que crecieron en contacto con estas especies desarrollaron menos hojas y una superficie foliar más reducida, mientras que la cantidad de biomasa acumulada en las hojas y los rizomas disminuyó entre el 40% y el 50%. También redujeron de manera significativa las reservas de azúcares y almidón, esenciales para que las plantas jóvenes puedan disponer de energía durante las primeras etapas del desarrollo.

El CO₂ no compensa los efectos de las invasoras

Una de las cuestiones que los investigadores querían determinar era si una mayor disponibilidad de CO₂ podría beneficiar a las nuevas plantas de posidonia y compensar, al menos parcialmente, los efectos de las algas invasoras.

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El experimento, sin embargo, no detectó ninguna mejora significativa ni en la actividad fotosintética ni en el crecimiento o la producción de biomasa. Solo se observó una ligera tendencia a aumentar las reservas de almidón de los rizomas y algunos cambios en los microorganismos asociados a las raíces. Por lo tanto, el aumento de CO₂ no parece ofrecer a las plántulas suficiente ventaja para contrarrestar la competencia de las especies invasoras.

También alteran los microorganismos de las raíces

Los efectos de las algas no se limitan al crecimiento visible de las plantas. El estudio también ha detectado cambios en el microbioma de las raíces de la posidonia.

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Las macroalgas invasoras reducen la diversidad bacteriana asociada a las raíces y alteran su composición. Estas comunidades de microorganismos tienen un papel importante en procesos como la adquisición de nutrientes y la respuesta de la planta ante situaciones de estrés.

Esto es especialmente relevante en las primeras etapas de desarrollo de la posidonia, cuando las nuevas plantas todavía son especialmente vulnerables y necesitan acumular reservas para poder crecer y consolidarse.

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"En Baleares, donde la conservación de la posidonia es una prioridad ambiental, controlar la expansión de las algas invasoras puede ser una de las actuaciones más eficaces para favorecer la regeneración natural de las praderas", señala la investigadora del Imedea Iris Hendriks. La conclusión del estudio pone el foco así en la necesidad de controlar la expansión de estas especies invasoras como una de las vías para favorecer la recuperación natural de las praderas de posidonia.

Las praderas de Posidonia oceanica desempeñan, además, una función esencial en los ecosistemas litorales de Baleares. Son refugio y hábitat de una gran diversidad de especies, contribuyen a proteger las playas de la erosión, ayudan a mantener la calidad del agua y tienen una gran capacidad para capturar y almacenar carbono. La investigación evidencia que la presión sobre estas praderas no proviene únicamente del calentamiento y la acidificación del mar: la proliferación de especies invasoras puede añadir una nueva dificultad precisamente en el momento en que las nuevas plantas intentan regenerar las praderas existentes.