El peor momento para liderar los socialistas
El relevo de Armengol abre una etapa incierta en el PSIB con Rosario Sánchez al frente de un partido todavía marcado por la derrota del 2023 y la falta de renovación interna
PalmaUn PSIB en llamas. Este es el partido que se prepara para las elecciones de 2027 con Rosario Sánchez como nueva candidata. El relevo electoral de Francina Armengol se puede leer en clave amable, de renovación y relevo generacional. El relato habitual cuando un partido intenta convertir un cambio obligado en una decisión estratégica.
Pero hay otra lectura menos cómoda. Sánchez asumirá el liderazgo de una organización que aún no ha digerido la derrota de 2023, que no ha hecho una catarsis interna y en un contexto estatal que pesa como una losa.
El efecto de arrastre del PSOE de Pedro Sánchez ya se ha dejado sentir en las elecciones de comunidades como Castilla y León y Andalucía. Y no hay muchos elementos que hagan pensar que Baleares será una excepción. Más aún con una Marga Prohens que ha consolidado su situación tras tres años de gobierno, a pesar de que los problemas estructurales de las Islas –la vivienda, la turistificación, la presión sobre todos los ámbitos de la vida cotidiana– continúan intactos.
Aquí aparece el dilema de fondo del PSIB. Los líderes se han de forjar en la victoria y en la derrota, pero no todas las derrotas son iguales, ni todas las etapas son igualmente fáciles de afrontar. La pregunta es si Rosario Sánchez ganará proyección tras asumir el liderazgo en las elecciones o si entra en escena demasiado pronto para culminar su recorrido político.
Ahora bien, la situación no es solo mérito de la secretaria de Estado de Turismo, sino también demérito de otros dirigentes del PSIB. Ninguno ha supuesto una alternativa clara a Armengol. La expresidenta del Govern es quien ha designado a su sucesora al frente de la lista autonómica, porque, como explica Anna Mascaró en la página anterior, Armengol continuará controlando el partido. Una posición discutible, porque no es lo mismo pilotar un partido desde las instituciones de Madrid que hacerlo en clave estrictamente balear, con todos los condicionantes.
Los socialistas han tenido que poner al frente a alguien que asuma la responsabilidad de una derrota antes de que se produzca y el liderazgo de Rosario Sánchez podría quemarse por anticipado. ¿Quién quedará entonces? Iago Negueruela ha pasado de promesa política a quedar relegado al Ayuntamiento de Palma y, además, con el descontento de parte del partido. Amanda Fernández será el relevo de Catalina Cladera en el Consell y figuras históricas, como Mercedes Garrido, Pilar Costa y Cosme Bonet, no son precisamente un paradigma de renovación política.
Los socialistas deberán ir alerta. Formar líderes cuesta mucho tiempo, pero es posible quemarlos en solo una campaña electoral. Y no se debe olvidar la costumbre de la izquierda de buscar caras nuevas cuando hay problemas, como si fuera una cuestión estética y no de fondo. Sin un proceso de reflexión profunda, da igual quién se presente al frente del PSIB, porque los problemas de credibilidad de los partidos no los arreglan las personas.
De hecho, el PP hace tiempo que debería haber dejado a Alberto Núñez Feijóo por el camino si siguiera esta lógica. La derecha también es conservadora para mantener a los líderes que no funcionan y que, si gobiernan, es porque los otros han perdido y no porque ellos hayan ganado.
Armengol ha dicho que da un paso al lado por responsabilidad. Pero esta afirmación se le puede volver en contra, porque ella también podría haber asumido el final de ciclo del PSIB por responsabilidad, por no lanzar a la hoguera a su compañera de partido. Habría podido tomar esta decisión antes por responsabilidad, para dar un margen de tiempo mucho más razonable a Rosario Sánchez. Normalmente, cuando los políticos hacen cosas por responsabilidad, en el fondo las hacen por pragmatismo político.