Chicos, las vacaciones se han acabado: ocho meses para llegar vivos a las urnas

Con las elecciones autonómicas en el horizonte, el Partido Popular vuelve al punto de partida de esta legislatura: la saturación turística

30/08/2026 - 15:28 h.

Las Baleares se acercan al final de unos meses estivales que, gracias al cambio climático, son más una penitencia térmica que un período de placer ocioso. Curiosamente, el último verano de la legislatura ha servido para que el PP cierre el círculo: Marga Prohens comenzó el mandato con protestas multitudinarias contra la saturación, y lo acaba de la misma manera. Ahora bien, hay una diferencia, porque en el verano de 2023 la policía no agredió a los manifestantes. La sociedad isleña continúa a la espera del informe que encargó el delegado del gobierno español, Alfonso Rodríguez, quien aseguró que había dado instrucciones de mantener la calma. Mejor no pensar qué habría pasado si no las hubiera dado.

Por suerte, hemos disfrutado de momentos icónicos, como el que nos regaló la alcaldesa de Campos, Francisca Porquer, cuando intentó entorpecer la manifestación en defensa de El Trenc en bikini, porque, según dijo, estaba en un acto por la esclerosis múltiple. ¿Por qué no enlazar un evento solidario con una exhibición de comportamiento de regusto antidemocrático? No se deben desaprovechar oportunidades como esta.

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No podemos olvidar al consejero de Agricultura, Pesca y Medio Natural, Joan Simonet. Él es como aquella definición que Mariano Rajoy hizo de los catalanes: hace cosas. Le hemos visto recogiendo algarrobas y contento con el hecho de que el precio haya subido un poco, pocos días después de que una inmobiliaria haya comprado Carob, una empresa especializada en este cultivo. Se puso el polo amarillo del Ibanat para gestionar mejor el asunto el día del eclipse –la consejera de Presidencia, Antònia Maria Estarellas, lució el chaleco azul de Emergencias. Cogió sin miedo una serpiente invasora para hablar de la lagartija. Y, por supuesto, también metió los pies en el agua en El Trenc. Todo para demostrar que el Govern ha cambiado la normativa solo por el placer de cambiarla, porque este lugar de Mallorca continuará igual de protegido.

Una recta final desigual

Hay que mentalizarse para lo que viene, porque el tramo final de cualquier legislatura es una cuestión de resistencia. Habrá una lluvia constante de anuncios, promesas, fiestas y sonrisas. También de acusaciones, críticas furibundas y sobreactuaciones. Ya se sabe: los malos estudiantes intentan salvar el curso cuando queda poco para que acabe.

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A la derecha, el PP intenta convencer al auditorio de que todo aquello relacionado con la masificación es culpa de las dos legislaturas de Francina Armengol y que el Govern de Prohens ha aplicado medidas de contención. El problema no es si las ha aplicado o no. La cuestión es cuáles ha aplicado, qué efectividad han tenido y si los ciudadanos de las Baleares vivimos un poco, aunque sea un poco microscópico, mejor.

En este punto, el de vivir mejor, el conseller de Vivienda, Territorio y Movilidad, José Luis Mateo, no tendrá mucho que decir, después de torturar a los usuarios del transporte público de Mallorca durante todo agosto y no haber iniciado prácticamente ninguna promoción de vivienda pública en las Baleares.

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Los hay que continúan en busca del Pacto por la sostenibilidad que el Govern anunció a la manera de Armengol: con una foto espectacular y después con un PowerPoint por obra y gracia del director de la Fundació Impulsa, Antoni Riera. La leyenda dice que llegaron 540 propuestas a una plataforma en línea, pero se desconoce exactamente el contenido.

Por su parte, la izquierda todavía busca algún tipo de liderazgo, por poco que sea. El PSIB ha apostado por Rosario Sánchez. Es decir, los socialistas consideran que la secretaría de Estado de Turismo es la alternativa a Prohens en pleno festival de protestas contra la saturación turística y con buena parte de la sociedad de las Islas maldiciendo a Aena por hacernos comer las ampliaciones de los aeropuertos de Palma y Eivissa.

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No es un cargo cualquiera, la Secretaría de Estado de Turismo. La pregunta es: si Sánchez quiere apostar de verdad por unas Baleares exhaustas a causa de la masificación, ¿no debería haber dimitido ya? Porque la contradicción es demasiado grande para que sea sostenible en las urnas en mayo de 2027.

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Por su parte, MÉS per Mallorca hace lo que mejor sabe hacer la izquierda: tirarse los reproches al cuello. Las reflexiones del diputado Ferran Rosa en un pódcast de política y sus críticas a la gestión del Pacto han mostrado las heridas de los ecosoberanistas y han puesto sobre la mesa lo complicado que es ser parte del sistema y estar en contra del sistema a la vez. Porque en este punto hay que darle la razón al PP. La saturación no viene de ahora y todos, del color político que sea, hemos participado en esta fiesta que ahora nos ha provocado una resaca descomunal. ¿Es que nadie recuerda que hasta Juan Carlos I dijo “Me he equivocado” después de cargarse un elefante? ¿Tan complicado es?

Habrá que estar atentos a los aspavientos que Vox puede llegar a hacer estos meses, tan importantes para marcar perfil. La extrema derecha ve cómo el PP la fagocita y tiene que ser cada vez más extrema si quiere conservar los votos de los más exaltados. Ahora bien, será complicado que se mueva de su entorno, que se basa en atacar al catalán, a los migrantes, al feminismo y al colectivo LGTBI. No se puede pedir sofisticación a un partido de pilares básicos.

Y en el aire queda qué papel será capaz de hacer Coalición por Mallorca. ¿Optará por ser la Alianza Catalana de las Baleares? ¿Se deshará de la mochila de El Pi y de los residuos de UM? ¿Será capaz de aglutinar los restos de un mallorquinismo que parece formar más parte del pasado que del futuro de la isla?