La temporada ya no empieza

El primer día de mayo significaba un tiempo el inicio de la temporada turística, que acababa el 1 de noviembre. Era un cambio radical, los hoteles abrían y los taxis comenzaban a hacer viajes de manera compulsiva. Hoy, gracias a la desestacionalización que tanto anhelamos, la cosa ya es más difusa. No solo porque hay turistas todo el año, sino en términos de ocupación de espacio. Como bien radiografió el catedrático Nofre Rullan, en unas décadas hemos pasado de tener turistas concentrados en una docena de lugares baleares durante seis meses, a tenerlos esparcidos por todas partes, todo el año.

Entre muchos otros factores, es el resultado de una intensa campaña de años de repetir el mensaje. Se han gastado millones y millones de euros en decir a los europeos que better in winter, y que vengan cuando quieran que hay mucho por hacer. El argumento era que habría más ocupación de calidad (trabajo todo el año), y que se repartiría un poco la presión veraniega.

Cargando
No hay anuncios

La realidad, obviamente, es muy diferente. El dinero público invertido ha servido para desbocar el turismo, promover la ocupación de espacios públicos como terrazas donde ahora no se puede pasar y mercados tradicionales que ahora son un belén absurdo y artificial. Pero, sobre todo, esta obsesión por llenar y llenar la temporada baja nos ha robado el descanso, a los residentes y a la tierra, la recuperación y la paz.

Es curioso que los políticos fueran del color que fueran durante años repitieran este discurso de la desestacionalización, sin que nadie en ningún momento se planteara si realmente era mejor. Hoy, que muchos trabajadores no pueden ni pagar el alquiler precisamente por haber turistizado los pisos, ya hemos aprendido que esparcir la temporada no era tan buena idea.