Tribuna abierta

¿Qué San Sebastián queremos? Palma reclama una fiesta más popular y participativa

Xupinasso este año de las cofradías en la calle Oms por San Sebastia.
Lluís Mas i Jaume Vich
27/01/2026
4 min

La festa de San Sebastián en Palma convive, desde hace años, con dos realidades claramente diferenciadas: la institucional y la popular. No es ninguna novedad, pero la evolución de los últimos años obliga a abrir una reflexión serena -y urgente- sobre la deriva que ha tomado la celebración y, sobre todo, cómo se gestionan las necesidades que demandan cada una de las propuestas que convergen en torno a las fiestas patronales.

La respuesta de una parte de los ciudadanos, que salen a celebrar las fiestas de manera lúdica, entregada, sentida; que crean unos rituales sencillos, pero muy efectivos y arraigados, y que van llenando las calles de actos que recuerdan a fiesta mayor es una realidad que, en Ciutat, nos era desconocida. Salir de forma abnegada, sin importar las condiciones meteorológicas u otras adversidades denota una fortaleza admirable y una pulsión que hasta el momento teníamos que ir a buscarla a otros pueblos o ciudades de Mallorca. Esta persistencia no es casual, es el resultado de un sentimiento de pertenencia y de una forma de entender la fiesta como un espacio de participación colectiva, no como un producto de espectáculo.

La capacidad de convocatoria popular, fuera de los programas oficiales, pero con la necesaria colaboración del Ayuntamiento, demuestra una efectividad y un crecimiento cada vez más notable. Asimismo, reclama una revisión de las condiciones y exigencias municipal dictadas a los colectivos y asociaciones que, de forma altruista y amateur, preparan propuestas que desde hace unos años llenan las plazas y calles de fieles, en ocasiones, ajenos a las dificultades y complicaciones que se derivan del trato con las instituciones para la organización de actos y eventos. Los trámites municipales deberían adaptarse para facilitar la participación. La normativa y la ordenanza municipal también deberían prever la realidad festiva y los recursos humanos o materiales; los presupuestos deben tener en cuenta que se incrementarán los requisitos de las celebraciones y que serán cada vez más numerosas las peticiones de organizar actos populares en la calle.

Oferta completa y transversal

La fiesta popular no es, ni debe ser, rival de la parte institucional y apelar a esta disputa tan sólo puede entenderse como reclamo para vender titulares. El nuevo modelo deseable debería apostar por una oferta completa y transversal y reconocer como iguales las propuestas populares. La semana de fiestas es el espacio ideal para acoger propuestas culturales de calidad (es un buen momento para apostar también por los artistas locales) y programar eventos que ayuden a transmitir y reforzar la tradición de nuestra ciudad. En Palma hay gente como nosotros, que defendemos, como parte de nuestra identidad, las tradiciones y hemos llegado a aceptar y esperar a los conciertos que, desde hace más de 30 años, se organizan, también, el día de la verbena. Somos conscientes de que una parte de la ciudadanía espera salir a tostar y, más tarde, disfrutar de una propuesta musical de forma pasiva. Totalmente respetable, esto es ya una de las tradiciones de nuestra ciudad. Pero este modelo, por coherencia con la realidad de los últimos años, debería modularse por no ser como un modelo que consume y centraliza todos los recursos (técnicos y administrativos). También los cuidados de las concejalías implicadas que, como es comprensible, después no pueden responder ni acompañar pasacalles, revueltas, procesiones, pregones, conciertos a raíz de plaza, pinchazos, encuentros, fiestas y más actividades que el 19 de enero completan la oferta festiva.

El éxito de participación no debería depender de si las actuaciones programadas son de un grupo o artista de renombre o si la climatología respeta la verbena. La pregunta que puede ayudar a trazar el camino es clara: ¿Qué tipo de fiesta queremos? ¿Queremos una que dependa únicamente del espectáculo y del consumo puntual o una que refuerce los vínculos populares y la participación popular? Tal vez no haya ninguna respuesta tan clara y es necesario equilibrar ambos aspectos de la cuestión.

Cofradías

La reciente irrupción de las cofradías, Orgull Llonguet, Obreria y otras asociaciones implicadas ha mostrado la predisposición de la gente a participar de forma directa en la organización de toda casta de eventos. Ha dejado al descubierto que una parte de la población de Palma reclama un tiempo y un espacio que, entre todos, debemos facilitar para ofrecer una suerte de lienzo en blanco donde se pueda pintar el presente y el futuro del modelo de fiesta en Palma. Una de las propuestas que podrían parecer más sostenibles, por la relación entre entrega y gasto, sería el modelo de las mil fiestas, que apuesta por formar y reforzar iniciativas que puedan rehuir de un modelo centralista, ubicado normalmente en el núcleo de la ciudad, y donde se puedan planificar actos en zonas o barrios de Palma a los que se sientan vinculados. Este modelo podría ser viable facilitando las colaboraciones entre locales, bares, restaurantes y las propias juntas directivas o equipos organizadores de cada una de las mil fiestas que Palma podría acoger. Sería también una buena forma de diversificar el enfoque elegido en cada zona para enriquecer el programa festivo.

La sensación que a uno le queda, estos días de despedida de las fiestas de San Sebastián, es una mezcolanza entre todo lo vivido de manera sentida y la certeza de que ahora, más que nunca, estamos junto a un esperanzador movimiento para afianzar las fiestas patronales. Es el momento de entender que el empuje con el que salen las propuestas son un reflejo de las personas que las generan. La fiesta hace comunidad y la comunidad implementa mayor actividad festiva. Celebrar en la calle crea vínculos, genera recuerdos de los rincones vividos y construye una memoria colectiva. Debemos tomar partido desde nuestros espacios, protagonizar en libertad y recordar que sólo ama lo que se vive.

Viva Palma y viva San Sebastián.

stats