Este fin de semana, mientras esta columna sea publicada y leída, se desarrollará la segunda germinación de Revoltas de la Terra. El año pasado, la primera, fue en Mont-roig del Camp (Tarragona) contra un proyecto que ejemplifica la trampa que nos propone el capitalismo verde para reinventar las maneras como somete y condiciona los territorios. Siempre bajo el chantaje de los puestos de trabajo y la dinamización económica del territorio, los acaba colonizando y convirtiendo en zonas de sacrificio a merced de la generación de beneficios de los grandes capitales financieros internacionales. En el caso de Mont-roig era Lotte, una empresa coreana que tiene previsto implementar una industria para la fabricación de un componente de las baterías de litio que alimentan la malentendida transición energética del norte global.Este año es en el Bages, donde la empresa Israel Chemical Limited (ICL) explota desde hace años unas minas de sal que contaminan aguas y tierras con los escombrales salinos y, al mismo tiempo, patrocina el genocidio en Palestina. Una empresa en cuya actividad el ecocidio y el genocidio van de la mano.Tanto la una como la otra, acompañadas en el desarrollo por las instituciones competentes de turno y, en el segundo caso, con la complicidad e indulgencia de las instituciones ante el incumplimiento de sentencias en las cuales la empresa ya ha sido condenada por daños ambientales.Desde Mallorca nos hemos acercado desde el comienzo a los movimientos de Revueltas de la Tierra. Primero, en unos encuentros que periódicamente y desde hace tres años se hacen sobre luchas en defensa del territorio de todas las regiones de habla catalana. Estos encuentros han sido el germen de la construcción colectiva de una propuesta que no se define como una coordinadora de colectivos, ni tampoco como una plataforma, sino como una nueva dinámica de lucha. Una dinámica que pretende extenderse como un micelio bajo tierra, para nutrirla de un sentido y un sentir común, y emerger en cualquier punto donde haya un territorio que se quiera defender contra proyectos que atentan contra la vida (humana y no humana). Es en estos puntos que se materializarán las germinaciones, donde una confluencia masiva de organizaciones, colectivos y personas se convoquen para confrontar el desastre, afilaren los retos y organizar de nuevo la vida. Todo, bajo otras lógicas para habitar la tierra sin comprometer la sostenibilidad de la vida y que esto, precisamente, sea el horizonte político de la transformación deseable de la manera como se organiza la vida y las sociedades en los territorios que la sostienen.Es por eso que aprendemos juntas, nos movilizamos juntas, nos organizamos juntas, para inventar y reinventar, sin perder nunca la esperanza, con otras formas de relación, otras formas de resistencia, otras formas de construcción colectiva y otras formas de habitar juntas el presente y el futuro. Formas que beben y reconocen los aprendizajes y recorridos que nos han precedido, con una mirada crítica que permita trascenderlas más que fosilizarlas, y que, al mismo tiempo, quieren devenir posibilidad y disputar los imaginarios de lo que está por hacer, rompiendo los marcos mentales, de acción y de interacción reconocidos hasta ahora. Formas que reconocen las luchas grandes y pequeñas en defensa del territorio, las luchas ecologistas, las conservacionistas, las obreras, las de la organización popular y comunalista, las de las comunidades e infraestructuras de base, las antirracistas y descoloniales, las feministas, las de otros territorios que nos resultan inspiradoras. Las últimas van desde las de organizaciones del sur global contra el extractivismo global a las luchas que vienen de Francia o Alemania, que tratan la ocupación de los territorios, la reapropiación y la resignificación de lo que significa habitar tierra, cuerpos y territorios, y que se caracterizan por las acciones directas masivas que permiten confluencias muy amplias de gente organizada para reivindicar y defender la vida, la de todas, en un tiempo de muerte.Será un fin de semana intenso para encontrarnos, reconocernos, organizarnos, habitarnos y habitar el territorio que nos acoge y que, en su acogida, nos reconoce como parte y con el cual deviene un todo. Un territorio defendiéndose. Antes fue Mont-roig, hoy es el Bages, mañana quizás –y bien seguro, diría– será Mallorca.Por eso, este año, volvemos y, a la siguiente, os lo contamos.