Poemas en Heráclito
Una de las críticas que Heráclito dirige contra Homer es que tomarse en serio su poesía es de ignorantes, porque engaña
PalmaHeráclito está presente en el ámbito literario catalán a través de Joan Brossa y especialmente de Josep Palau i Fabre, admirador del filósofo efesio y su doctrina del fuego y la llama eternamente encendida. Su interés da como fruto el libro La claridad de Heráclito (Accent, 2007), una interpretación muy personal, especulativa y extraacadémica de los fragmentos conservados, que persigue dar un sentido unitario y evita la estricta verosimilitud histórica. El Heráclito de Palau i Fabre es solitario, desconfiado de sus contemporáneos, religioso, aristocrático y soberbio, confiado de sus logos, convencido de la superioridad de la muerte y la destrucción sobre la vida, y de la acción constante de la violencia como ley del universo.
El poema de Brossa En Heráclito dice así: "Me hago fuerte en el suelo y no conozco límites / del pensar. No sé quiénes son las rocas. / Silbato las flores al otro lado de los límites / y cuelgo mi farol harto de rocas. / Mueve el movimiento ciertos límites; / pone cristal el anochecer en unas rocas. / El horizonte se refugia en cuatro límites. Adelanto y me desnudo de las llamas / del fuego que ahora chilla sobre el agua. / Un roble corpulento levanta la Tierra.
Visión ontológica
En el poema, Brossa juega con elementos que se corresponden con la visión ontológica de Heráclito de la realidad como lucha de contrarios. Así, las rocas representan lo inamovible, mientras que el agua es un símbolo del cambio. Aire y fuego mezclados. Desde el yo poético, puede interpretarse como un intento de explorar los límites del pensar, entendidos como barreras abiertas; y en un sentido más general, representa la tensión entre la necesidad de dar significado e imponer orden en la naturaleza y la incertidumbre y provisionalidad del conocimiento humano que desaparece tan pronto como se expresa por escrito borrado por la acción del agua.
Dentro del ámbito literario catalán, destaca el ensayo titulado La claridad de Heráclito (Accent, 2007), del poeta Josep Palau i Fabre. Se trata de una incursión en el ámbito de la filosofía antigua que consiste en un ejercicio muy singular de sustituir el lenguaje oscuro del filósofo por la claridad del poeta a través de la formulación de preguntas que se imagina que preceden a cada uno de los fragmentos conservados del filósofo presocrático, ya las que le parece que dan respuesta. Además, el poeta ofrece su propia interpretación de los fragmentos en forma de breves comentarios. Así, la estructura del ensayo invita al lector a realizar una lectura a tres niveles, a ir de las cuestiones a las respuestas (los fragmentos) ya los comentarios.
El interés de Palau i Fabre por los presocráticos y Heráclito, en particular, proviene de las clases del profesor Zubiri en la Universidad de Barcelona. El poeta nos presenta un Heráclito escéptico hacia la religión oficial de los efesios, que renuncia a formar parte de la casta sacerdotal que dirige el culto y las ceremonias de Eleusis en honor a Démeter, que le corresponde por nacimiento, y la elección a venerar a otros dioses vinculados al oráculo de Delfos. Este transfuguismo le permite especular con la posibilidad de que tenga que ver con el desprecio que siente por sus conciudadanos efesis debido a su ignorancia y vulgaridad.
El Heráclito de Palau i Fabre ejerce activamente de oráculo, se siente intermediario de los dioses, asume con entusiasmo este papel y da respuestas enigmáticas a las preguntas de aquellos que se le dirigen, porque como él mismo dice en uno de los fragmentos: "El dios que tiene la no; Según esta interpretación, los fragmentos de Heráclito pasan a ser considerados respuestas oraculares, y las preguntas formuladas por Palau i Fabre son coherentes con este espíritu y abarcan cuestiones sobre la naturaleza, los cultos y la religión, la cosmología, el conocimiento humano, la ética de la felicidad, la justicia y la política. También valora la sabiduría, la filosofía, y la poesía,
De entre todos los fragmentos heraclitianos comentados por Palau i Fabre he seleccionado sólo aquellos en los que habla de la poesía y de los poetas Hesíodo, Homero y Arquíloco, que son los fragmentos 25, 45, 7 y 5 Kranz.
Palau i Fabre toma el fragmento 25 de Heráclito que dice: "Cuanto mayores son los muertos, mayores los destinos que obtienen", como la respuesta a una pregunta sobre el destino de los guerreros muertos en combate. En su comentario, no puede evitar pensar en la Ilíada y los héroes homéricos, y presentarlos como unos guerreros que buscan tener una muerte gloriosa que les permita pervivir en la memoria de su pueblo, aspirando a hacer crecer su grandeza más allá de la fama en vida. La interpretación de Palau i Fabre podría completarse añadiendo que la conducta de los guerreros homéricos representa un modelo ético a seguir.
En el fragmento 40, Heráclito dice que "el hecho de aprender mucho no instruye la inteligencia. Si no, habría instruido tanto a Hesíodo como a Pitágoras; tanto a Xenófanas como a Hecateo". A partir de esta sentencia, Palau i Fabre se pregunta si el estudio está vinculado con la sabiduría. Según el poeta catalán, Heráclito está distinguiendo entre los eruditos o sesudos, que son aquellos que han acumulado un gran haz de conocimientos, y los sabios que han sido capaces de desarrollar la inteligencia. Parece como si quisiera enmendar la clasificación de Heráclito y establecer una frontera entre los cuatro, y readmitir desde una visión moderna a Pitágoras y Xenófanas, entre los sabios.
Repugnancia por los poetas
Si alguien duda del desprecio que Heráclito siente por la poesía y los poetas, debe leer la propuesta de marginar y maltratar físicamente a Homero y Arquíloc en sus palabras: "Homer merecería ser expulsado de los juegos y apaleado; y Arquíloc, también" (fragmento 42). Para Palau i Fabre se trata de la respuesta a la pregunta "¿no debemos considerar y venerar al gran Homero como uno de nuestros sabios?". No hace falta leer el comentario para concluir la repugnancia que le provocan los poetas, y la desconsideración por ser la antítesis de los sabios.
Precisamente, una de las principales críticas que Heráclito dirige contra Homero (fragmento 56) es que tomarse en serio su poesía es de ignorantes, porque engaña como los sentidos, ya que incluso unos niños pollosos le habrían engañado. Con esta visión contradice la veneración de los griegos por Homero, al que consideraban un sabio. En el siguiente fragmento, el 57, hace extensiva la misma acusación a Hesíodo, "un hombre que no sabía distinguir el día de la noche".
Vale la pena reflexionar sobre el hecho de que las opiniones que Heráclito derrama sobre la poesía se oponen frontalmente a las lecturas contemporáneas que hacen pasar a Heráclito por ser un filósofo que se expresa poéticamente, debido a su estilo y manera de decir las cosas, y tendríamos que el Palacio por el filósofo Heráclito, un renegado de la poesía.
En último término, la interpretación personalísima de Palau i Fabre, derivada de un método de reconstrucción inversa, choca frontalmente con la tesis del filósofo español Agustín García Calvo, según la cual los fragmentos textuales de Heráclito formaban parte de un libro perdido, que según el testigo partes: la primera era un tratado sobre las cosas; la segunda versaba de política; y la tercera se ocupaba de cuestiones religiosas. El contrapunto de García Calvo no quita ningún mérito ni resta interés a la aproximación intuitiva de Palau i Fabre, ya que debe entenderse como un experimento literario y hermenéutico.