Por qué no voto
¡Alerta! ¡Alarma! Vade retro, ¡Satanás! ¡Una abstencionista! Peor aún, una abstencionista satisfecha, porque las pocas veces que he votado, en un marco temporal de inocencia juvenil, después me he arrepentido y avergonzado durante años. Es así, haber tenido un ápice de esperanza me da vergüenza. Como quiero ser una cínica consecuente, las jornadas electorales me encierro en casa, segura de mi decisión, pero también con la voluntad de no contemplar a los demás con condescendencia, porque nadie se merece que una señora amargada como yo lo haga.
¿Hay alguien en la sala que piense que entonces no me puedo quejar? Siento decirle que sí que puedo. Hace décadas que no voto y siempre me quejo, y no han venido a detenerme todavía. De todas formas, en este punto me gustaría hacer un par de recordatorios. En primer lugar, el voto es un derecho, no una obligación, en el estado español. Un derecho implica que podemos decidir no ejercerlo. Hay otros derechos que no he ejercido ni ejerceré, sin que nadie se lleve las manos a la cabeza escandalizado.
Así las cosas, mi carta de ciudadanía no depende del voto. Pago impuestos, por ejemplo. ¿Que quizás es más digna que yo una persona que vota cada cuatro años y que se dedica a la evasión fiscal? ¿Esa sí que se puede quejar?
Si votara, sería tan hipócrita que no sé si al día siguiente me podría contemplar en el espejo. Conozco a demasiados políticos de cerca y muchas veces me cuesta mantener cierto respeto intelectual por ellos. No es que me crea más que esas personas, es que esperaba más de ellas. Un elevado porcentaje de los políticos son decepcionantes. ¿Es triste? Es triste.
También podemos hablar del sistema, si os apetece. Nos podemos hacer una pregunta: ¿votamos a quien manda o a quien obedece? El mundo es tan complicado, hay tantas superestructuras que influyen en la más pequeña decisión de un ayuntamiento que es legítimo plantearse cuál es el rol de los gobernantes a estas alturas. También hay elementos terriblemente desdemocratizadores. Cuando un gobierno incrementa su gasto militar porque así se lo ha exigido la OTAN, por ejemplo, lo hace obedeciendo a los dirigentes de una entidad a la que no ha votado absolutamente nadie.
No negaré que las urnas son útiles cada cuatro años para una cosa: para meter miedo a los partidos, para que se preocupen, para que sufran. La fiesta de la democracia para ellos es un drama. Para mí, es un reducto del pasado, de cuando el mundo era más sencillo.