Vertical

3 min
04/10/2026 - 09:01 h
Profesora de Filosofía

Ni siquiera se preguntarán por quién doblan las campanas, porque hace rato que no doblan a muerto, en este pueblo. El calor se nos pega por debajo de la ropa negra. El sol se eleva indiferente. Las gafas se me empañan de sudor y de lágrimas. No sé cómo decirle adiós esta mañana. Hay gente que no solo muere una vez. Mi padre tiene la cara tapada de una pena áspera, que no le rebosa de los ojos. No quiero entrar en la habitación del ataúd. No sé mirar de tan cerca la muerte. Mi tía llora todos estos años pesados, llora la infancia, llora, llora, el llanto profundo que dice adiós a una madre.

El agujero de tierra es cuadrado y oscuro, el ataúd tiene que entrar verticalmente. Me cuesta imaginarme que su cuerpo está ahí dentro, tan lejos de esta mañana. Me gustaría ser platónica, como mis alumnos cada mes de septiembre. Las cuerdas rodean la parte superior del baúl, y la de abajo. Los brazos de esta gente del cementerio bajan la caja con calma, mientras la madera roza y golpea las paredes. Quiero que la pongan horizontal, quiero que me la devuelvan, que nos den uno o dos días generosos, de aquellos en los que le podía decir madrina sin ser una desconocida.

Deberían prohibir las flores en los cementerios. Las flores son para la vida, para el amor, pero no para la muerte. Han dejado rosas blancas y una corona de crisantemos, justo a la derecha del agujero, para poner sobre la losa. En el patio de casa, ella tenía un rosal, en medio de las bocas de dragón moradas y amarillas. Y un olivo viejo, del cual colgaba el columpio que nos había hecho el peso a todos.

En el canto de la losa, una abeja lucha ferozmente para deshacerse de la telaraña. La muerte es la última clausura, pero, infinitas veces dejamos morir los caminos que podríamos haber elegido. Las posibilidades del mundo de los vivos se bifurcan, nos fuerzan a la elección. La abeja no ha elegido, esta vez, porque existen la libertad y las arañas. ¿Cuánto tiempo puede vivir una abeja obrera en verano? ¿Adónde debía ir esta? No debería haber flores en los cementerios.

Tal vez la araña es seductora, quizás le ha prometido la rosa blanca y el amor tierno. Es suave al primer tacto, la telaraña. No hay fuerza bruta, solo se aferra, como si fuera una segunda piel. La abeja comienza a moverse, incómoda, hasta que se vuelve salvaje, arriesgada; persigue el impulso que todavía podría liberarla. La araña, dulce, teje la doma, mientras la abeja intenta batir las alas, feroz. La telaraña es un ataúd vertical.

Colocan la losa y sigue siendo sábado. Busco en las notas del teléfono unos versos de Lorca. La fotografía de un ticket de la compra, la receta de la coca de trempó, la lista de las canciones que sonaron en el concierto de Nacho Vegas; pero los versos no están. En nuestros amores debemos ser como la abeja y la orquídea, un consejo de Deleuze, pero los versos de Lorca no.

La muerte y el amor a veces se parecen, son un punto de fuga que busca incansable la horizontalidad.

(Francisca Rosselló, Paquita Salera, Tita, in memoriam. A ti, que siempre te gustaron más los cuentos que las campanas)

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