Morir de tristeza

Palma“Ha muerto de tristeza, poco más de un año después de la muerte de Mattias Ripa, su hombre y el amor de su vida”. Esta ha sido la única explicación que la familia de la dibujante y cineasta francoiraní Marjane Satrapi ha dado sobre su defunción. Es una explicación tan profunda en su sencillez que, cuando leí la noticia, me quedé impactada, sin palabras.

Después tuve acceso al obituario que hizo el escritor italiano Roberto Saviano, una despedida que se puede resumir en una palabra: ‘bonita’. “Cuando el dolor toma todo el espacio disponible, cuando no deja ni tan solo una grieta a través de la cual pase un poco de luz, entonces pasa algo que no es la muerte por enfermedad ni una elección consciente: es simplemente el fin de la tensión que lo mantenía todo unido”. Qué es de difícil explicar una muerte como esta tan bien como lo hace Saviano.

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Decir que alguien ha muerto de tristeza es casi un acto revolucionario, porque las sociedades occidentales y el capitalismo quieren que gastemos mucho dinero en la búsqueda de la felicidad. No podemos estar tristes, tenemos que eliminar este sentimiento negativo de nuestros cuerpos y cerebros. Tenemos que buscar nuestro bienestar con las herramientas que hagan falta: un coach, una infusión, unas clases de yoga o una tarde de compras, que ya se sabe que la ropa nueva anima muchísimo. Y no nos paramos demasiado a pensar cómo nos encontramos de verdad, porque no vale la pena y perdemos unos minutos preciosos de nuestra búsqueda de la felicidad. Sonríe hasta que te duelan las mejillas, muestra esos dientes que tanto te ha costado blanquear y, si te salen arrugas, solo tienes que inyectarte un poco de bótox de vez en cuando y todo arreglado.

Que Satrapi haya muerto de tristeza me pone triste. Es el único homenaje que puedo hacer a las personas como ella: exhibicionismo del dolor. Ella eligió no olvidar, ni su país ni su marido. Y, como Saviano remarca, también eligió no ser una víctima, y así lo demuestran obras como Persépolis.

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Morir de tristeza es dar un sentido a la muerte, aunque sea una idea horrible de pensar. Lo sé. Hay mucha gente con depresión que podría morir de tristeza y no lo hace, porque recibe ayuda o simplemente porque tiene fuerzas para sobreponerse. Pero aquí entramos en un terreno extremadamente personal que no es lícito juzgar.

Me quedo con las últimas palabras de Saviano: “Queda tu luz, queda tu vacío. Adiós, mujer valiente”.