'Malle'

Malle’ es Mallorca. Así, con esta palabra, ‘Malle’, alude a la isla el eslogan de un enorme cartel publicitario que podéis ver en la fachada del aparcamiento del aeropuerto de Son Sant Joan, y que ha causado disgusto por la idea que transmite sobre Mallorca, como lugar de turismo descontrolado donde todo vale y no hay que reparar en gastos. Podéis leer en ARA Balears la crónica de Aina Vidal sobre el cartel y la polémica que ha generado.El eslogan en cuestión está escrito únicamente en alemán: “Was auf Malle passiert, wird auf Malle beglichen”, es decir, “Lo que pasa en Mallorca se liquida en Mallorca”. La referencia a la “liquidación” se entiende porque la empresa anunciadora es Wero, un servicio de pago digital —como PayPal y Bizum— pensado para operar dentro de Europa. No se les puede discutir el ingenio a los publicistas. Lo que vienen a decir a los turistas alemanes (que es a quien va dirigido el anuncio) es: “paga con Wero tus fiestas en Mallorca”. Perdón: no “en Mallorca”, sino “en Malle”. ¿Qué tiene que ver con Mallorca eso de Malle”? Tiene que ver que es un diminutivo, una especie de apodo que quiere ser afectuoso y a la vez canalla, de lugar de mala fama. Juega con el referente de Las Vegas (la famosa frase ‘lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas’) y simplemente parte de la idea de que Mallorca es un destino de turismo de playa, sexo y borrachera. No es el equivalente de Mallorquetita o de sa Roqueta, denominaciones bobas y bienpensantes, que todavía usan los mallorquines más conformistas para reducirse ellos mismos a un lugar común (que no es lo mismo que un retrete). Malle tiene una resonancia más de fiesta, más nocturna, más bandarra. Es el diminutivo que los viciosos pero no muy viciosos, los que se permiten de vez en cuando un exceso porque se lo pueden pagar, dan al lugar donde acuden para hacer el canalla sin tener que dar explicaciones. Esto es Malle: una isla donde tanto es cinco como cincuenta, donde no tienes que preocuparte que nadie se pueda ofender por tu comportamiento, porque lo que quieren es que vayas a perder el mundo de vista. Lo único que necesitas son pelas en la cuenta corriente y una plataforma digital de pequeños pagos para poder cubrir el coste de tu vicio. El resto es secundario, empezando por la población autóctona de Malle, una gente completamente irrelevante y despreciable, empezando por su idioma. Es posible que te encuentres alguno, de estos indígenas, pero no hace falta dedicarle la más mínima atención.Todo esto lo dice también el cartel de Wero en la fachada del aparcamiento de Son Sant Joan: no en el texto pero sí en el subtexto y en el contexto, que son igualmente importantes. Anunciarse así (sin respetar ni siquiera que la rotulación, por ley, debe estar como mínimo en catalán, y también en castellano) es un acto de prepotencia y de menosprecio del cual es responsable también Aena, que permite a sus anunciantes hacer publicidad de esta manera (la misma Aena que también quiere multiplicar por dos la capacidad del aeropuerto de Ibiza, porque es la primera competidora en la carrera por acabar de exprimir las Baleares y las Pitiusas hasta la última gota de jugo que puedan dar). Los responsables principales, sin embargo, somos los mismos mallorquines, que durante décadas hemos persistido a presentarnos como una isla de avariciosos fascinados por el dinero fácil, hasta el punto de permitir que al primero que le apetezca se anuncie en el aeropuerto —la puerta de entrada a la isla, la primera cosa con que se encuentra quien llega— diciendo que esto de aquí es ca na Brutes y que no importa pasar pena de nada, lo único que hay que hacer es pagar y nadie dirá ni pío. Lo más triste es que tienen razón. Bienvenidos a Malle, mallorquines.