11/02/2026
2 min

La idea de que el acceso a las redes sociales debe restringirse a los mayores de dieciséis años, como se está hablando en nuestro país, o como ya se legisla en otros países del entorno, pone sobre la mesa todo un conjunto de cuestiones sobre por qué estos instrumentos han llegado a considerarse tan nocivos, o si lo que tocaría no sería regular sus contenidos y no sus usuarios.

Los jóvenes que ahora mismo no tienen acceso a estas redes –por prohibiciones familiares– encuentran todo tipo de formas de comunicarse entre ellos a través de otras plataformas o de cualquier otro formato que, probablemente, se inventará cuando se vea que hay mercado vacante. Pero el problema no es la comunicación o que los jóvenes pierdan mucho tiempo chateando unos con otros, cosa en sí inocua, o no más peligrosa que hablar en la calle. Las redes sociales crean una dependencia querida por sus creadores a base de estudiar la manera en que el usuario consume los contenidos, y dándole más de lo que le interesa, además de fomentar la dependencia de las reacciones (gratificadas con likes) a todo lo que el propio usuario vierte.

Sobre todo crean adicción a uno mismo, fomentando la profundización en las propias ideas, que suelen ser las peores del mercado intelectual, ahora mismo. Desde el progresismo se quiere vetar todo esto porque resulta que los más colgados de las redes no se hacen precisamente de izquierdas, o si se hacen caen en esa izquierda radical e identitaria que acaba siendo más inoperante que el fascismo. Si las redes nos hicieran a todos progresistas ilustrados, entonces serían los conservadores quienes quisieran prohibirlas. Pero el conservadurismo no se pone, con ello, tal vez porque ve que son negocios privados, o que es la libre decisión de las personas las que acaba llevando a la dependencia.

La idea de realizar una red social pública europea, promovida desde la UE para oponerse a Musk, no deja de ser pueril y equivocada desde su base: es como querer luchar contra la cocaína regalando libros o fruta de temporada. Una red social regulada y pública no es una red social: es un tablón de anuncios. Será sano y edificante, pero por eso mismo será aburrido y un fracaso, echar dinero público. Además, tenemos una edad: si se prohíbe este tipo de alcohol o droga surgirá otra. La ley seca lleva al contrabando.

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