Huelen a elecciones

En las Islas Baleares todavía no se ha convocado ninguna elección, pero en el ambiente ya se empieza a notar aquel olor tan característico de precampaña: más titulares, más encuestas, más visitas a mercados y ferias y más políticos prometiendo que, ahora sí, han entendido qué preocupa realmente a la gente…

Es en este contexto, que ya nos hacemos la gran pregunta: ¿qué puede pasar de aquí a un año en nuestra casa? Para intentar responderla, algunos hemos empezado a mirar lo que está sucediendo en otros territorios. No porque las Islas sean una simple prolongación de lo que pasa en el resto del Estado, sino porque las tendencias políticas a menudo se detectan elección tras elección y acaban dibujando patrones bastante reconocibles. Y lo que hemos visto recientemente en Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía es bastante claro: el PP gana, Vox crece, el PSOE se desgasta y el espacio situado a la izquierda de los socialistas solo resiste cuando es capaz de presentar una propuesta coherente y creíble. No es ninguna revelación divina, pero sí una pista útil para entender por dónde pueden ir los tiros también aquí el próximo mayo. Siempre teniendo en cuenta que faltan 12 meses para las elecciones y muchas cosas inesperadas podrían alterar de nuevo el tablero político.

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Pero bueno, vamos paso a paso, explicando cada uno de estos puntos.

En primer lugar, queda claro que el PP ha consolidado su hegemonía territorial. Ha ganado todas estas elecciones y se ha convertido en el partido dominante en buena parte del Estado. Feijóo puede sacar pecho, poner cara de presidente y repetir que representa la moderación. El problema es que, una vez contados los votos, continúa necesitando Vox… Así que el PP gana, pero no tanto como querría.

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La segunda idea es que Vox continúa al alza –¡pero alerta, quedan lejos del ‘sorpasso’ a los populares!– y se han consolidado como una pieza estructural del bloque conservador. Ya no son una excentricidad pasajera ni un enfado temporal. Es una fuerza con un electorado fiel, especialmente entre los más jóvenes, y con capacidad de condicionar gobiernos. Ahora bien, tengamos clara una cosa: el PP y Vox no se soportan mucho de cara a la galería. Unos se hacen los moderados y los otros los acusan de blandos. Pero, a la hora de la verdad, se entienden lo bastante bien para repartirse consejerías y aprobar presupuestos. Como aquellas parejas que discuten todo el día pero no se separan porque, al final, la hipoteca pesa mucho.

En tercer lugar, podemos decir que el bloque progresista está desmovilizado y que el PSOE continúa perdiendo fuelle. En Extremadura los socialistas sufrieron un auténtico batacazo, en Aragón y Andalucía perdieron 1 de cada 10 votos y solo en Castilla y León aguantaron con una cierta dignidad. El patrón es repetitivo: allí donde los socialistas habían sido hegemónicos, ahora cada vez les cuesta más convencer.

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Finalmente, las elecciones también dejan otra lección importante. El espacio a la izquierda del PSOE solo funciona cuando presenta proyectos claros y reconocibles. Adelante Andalucía creció con fuerza. La Chunta Aragonesista, también. El mensaje es evidente: cuando hay proyecto, arraigado al territorio y a los movimientos sociales, la gente responde. Cuando hay tres siglas, cuatro logos y seis ruedas de prensa explicando que esta vez la división es estratégica, el resultado acostumbra a ser un golpe considerable.

En definitiva, en estas cuatro elecciones autonómicas, el PP y Vox han sumado entre el 57% y el 62% de los votos. El resultado es que la derecha gana en todas partes: entre hombres y mujeres; entre trabajadores y parados; entre clases populares y clases medias… ¡Pero ojo! No nos equivoquemos, esto no significa que la sociedad española se haya vuelto súbitamente ultraconservadora. Igual que no éramos todos socialdemócratas escandinavos cuando el PSOE arrasaba, ahora tampoco somos todos ‘skinheads’ racistas. Lo que pasa es que mucha gente percibe que la derecha ofrece respuestas más claras –aunque sean simplistas– a problemas reales: vivienda, salarios bajos, inseguridad, inmigración y desconfianza hacia las instituciones. Y eso engancha.

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And in the Islands, what?

Si trasladamos estas tendencias a las Illes Balears, los patrones son identificables: El PP y Vox parten con ventaja, el PSOE muestra signos evidentes de desgaste y el espacio situado a la izquierda de los socialistas solo tendrá opciones reales si es capaz de construir una alternativa sólida, creíble y con vocación de mayoría. A partir de este marco, surgen otras incógnitas en clave local, como cuál será el futuro de Coalició per Mallorca y cuál será la capacidad de Podem, Sumar y EU para presentar una propuesta mínimamente ordenada. La fragmentación, como se ha visto en otros territorios, acostumbra a pagarse cara.

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Si hablamos de MÉS per Mallorca y Més per Menorca, podemos decir que parecen tener el viento a favor. El buen momento que viven otras izquierdas territoriales, demuestra que hay espacio para proyectos arraigados al territorio, con identidad propia y con un discurso claro sobre las cuestiones que más preocupan a la ciudadanía: la vivienda, el modelo de Estado, la protección del territorio y la calidad de vida, por ejemplo.

Así, el espacio ecosoberanista tiene muchos puntos para que las próximas elecciones le sean favorables. Ahora, tendremos que ver qué hace con todo este capital político. Y a mi parecer, podrá optar por dos vías: puede esperar que el desgaste del PSOE y las dificultades de la izquierda estatal le hagan ganar peso de manera gradual y por inercia. O bien puede dar un paso adelante y asumir con ambición el liderazgo del espacio progresista y soberanista balear. La ventana de oportunidad existe; ahora falta ver si nos atreveremos a aprovecharla.