Honderos en Teherán

La guerra en Oriente Medio, reestrenada con la agresión satánica de los Estados Unidos e Israel a Irán teocrático, a primera vista, tiene trazos de disputa tecnológica sin precedentes: inteligencia artificial, sistemas de intercepción automatizados y una economía de guerra digitalizada. Sin embargo, bajo esta capa de modernidad aflora un clásico del arte de la guerra, reaparece la tensión entre la sofisticación material del poder y la eficacia funcional de la simplicidad, no exenta de inteligencia y conocimiento científico y técnico. Una tirantez que se ha ido amasando en un cúmulo de desavenencias postcolonialistas.Los drones de bajo coste iraníes se han convertido en un símbolo de la dialéctica de la simplicidad. El éxito táctico frente a sistemas armamentísticos multimillonarios apunta a la idea de que la eficacia no es directamente proporcional a la inversión, sino a la inteligencia estratégica y la capacidad de adaptación. No me extraña, pues, que cuando se descubrió que estos artefactos podían convertirse en la estrella del conflicto me viniera a la cabeza la comparación con los honderos baleares de la Mediterránea antigua que, con un armamento mínimo y una técnica depurada, se convirtieron en pieza clave de los ejércitos cartagineses y romanos de la época.La conexión no es meramente anecdótica, en la comparación de los dos sistemas –los honderos y los drones– se pone de manifiesto la potencia de la periferia frente a la monumentalidad del poder, cuando consigue articular eficiencia, ingenio y conocimiento del entorno. Los honderos en ello fueron un ejemplo: un ejército exitoso, con un equipamiento de bajo coste, aunque globalmente podía resultar no tan barato. Más que por el coste, era apreciado por su movilidad, ligereza y eficiencia, resultado de un comportamiento altamente profesional y disciplinado. Los integrantes de esta tropa se habían formado y entrenado desde la infancia: la leyenda dice que no comían hasta que no habían acertado un blanco.Julio César los utilizó durante la guerra de las Galias como infantería ligera en la vanguardia, que entraba en acción justo antes del choque principal de la batalla, asociándose a menudo con arqueros cretenses. El mismo César, en sus Comentarios sobre la guerra de las Galias, destaca el papel decisivo. Concretamente, al hablar de la defensa del asentamiento fortificado romano de Bibrax, dice: “A raíz de su llegada, los remos vieron garantizada su protección y aumentado su ardor defensivo, y los enemigos, por esta misma razón, perdieron las esperanzas de apoderarse de la plaza”. En las guerras púnicas, fue Amílcar Barca quien los reclutó para formar parte de su ejército, especialmente en las campañas en Sicilia, contra los griegos, y en la conquista de Hispania, proeza nunca repetida por los isleños.En el actual conflicto de Oriente Medio se puede vislumbrar una lógica similar a la que dio fama internacional a los honderos. Podríamos considerarlo irónico, pero la acumulación tecnológica de las grandes potencias no garantiza superioridad estratégica; la inteligencia artificial no equivale a inteligencia política. Lo único cierto es que las grandes corporaciones tecnológicas, con contratos con el Pentágono y los ejércitos de los Estados Unidos y de Israel, resultan muy caras a los contribuyentes de estos países. Son las mismas empresas que dan apoyo a Trump y a la ultraderecha europea, en contra de la UE, que pretende regular su actividad. Google, Microsoft, Oracle, Palantir y SpaceX, entre otras, tienen en la guerra un nicho de negocio importante: son las guerras del capital.En este contexto, los drones iraníes de bajo coste operan como símbolo de una racionalidad táctica, económica y de adaptabilidad diferente a la de las grandes potencias. Su eficacia no radica en la acumulación de poder, sino en la gestión inteligente de la escasez. Es esta dinámica la que nos remite a una genealogía histórica más profunda en el tiempo, en la que actores marginales consiguen incidir en sistemas de dominación global. Y, efectivamente, los honderos baleares encarnaron una relación singular entre técnica, territorio y estrategia. Dotados de una pericia excepcional y un equipamiento mínimo, devinieron ganadores.La asimetría de poder y capacidad entre los contrincantes que caracteriza el conflicto en Oriente Medio se explica por diversos motivos. A los países agresores (EE. UU. e Israel) influyen poderosamente dos circunstancias, a menudo contradictorias: (1) la intención colonial y (2) la existencia de opiniones públicas democráticas. Ni Estados Unidos ni Israel podrían soportar el número de víctimas de Irán. Una sociedad formalmente democrática, con derechos que preservar, está obligada a tener un avanzado y caro sistema de protección e intercepción. Además de una sofisticada y compleja maquinaria de destrucción a la altura de su interés colonial.El hecho de que Irán sea un régimen teocrático, sin derechos ciudadanos que proteger, hace que el condicionamiento de la opinión pública se resuelva policialmente, lo que le permite centrar la estrategia militar, simplemente, en infligir daño al enemigo, interno y externo. No hay sistemas de defensa imprescindibles, sino de ataque, únicamente. No hay mejor defensa que un buen ataque. En conjunto, la actual guerra digital evidencia una simbiosis creciente entre poder político, economía de datos y militarización tecnológica. Siguiendo el razonamiento dromológico de Paul Virilio, en que la velocidad es la base de la sociedad tecnológica moderna, podría decirse que la velocidad instrumental ha sustituido la extensión territorial como matriz del poder. Aun así, la aceleración extrema no garantiza dominio. Un antiguo proverbio persa dice que “la paciencia es un árbol de raíces amargas y frutos dulces”.